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lunes, octubre 22, 2007

BERNARDO CANAL FEIJÓO Y SU "PENÚLTIMO POEMA DEL FÚTBOL"


Encuentros
Durante mucho tiempo asocié el nombre de Bernardo Canal Feijóo (Santiago del Estero, 1897-1982) a ensayos solemnes, de una inteligencia desafiante (tan desafiante como para polemizar con Martínez Estrada) pero un tanto aburridos para un buscador de placeres literarios que escarbaba en los escaparates de las librerías de la calle Corrientes. Frente a títulos tan sesudos como “Constitución y Revolución. Juan Bautista Alberdi” (1955) o “La frustración constitucional” (1958) mis ojos se hacían los distraídos para arribar, finalmente, a algún poemario de Girondo, a quien acababa de descubrir, recién llegado de Salta, como una novedad poética más acorde a mis búsquedas expresivas (recuerdo que incluso llegué a imaginar el título “El hondo giro del Norte” para un grupo de textos a los que rápidamente descarté junto con la titulación).
Mi segundo encuentro con Canal Feijóo fue más amable. Por una de esas casualidades del destino llegó a mis manos un ejemplar de “Literatura de la pelota” (1971), el memorable trabajo de recopilación llevado adelante por el poeta Roberto Santoro. Y ahí me sorprendió descubrir a Feijóo hablando en poesía, una poesía aún más sorprendente que la de Girondo (menos emotiva también) que se ponía a contar el lanzamiento de un córner en un partido de fútbol. Al pie del texto seleccionado figuraba la fecha original de la publicación: 1924, cuarenta años antes de que la tematizacón del fútbol en la poesía argentina fuera inaugurada, según la opinión más extendida, por la llamada generación poética del 60: Santoro mismo, pero también Salas, Vázquez, Szpunberg y Silber, entre otros. El poema de Canal, incluido por Santoro en su antología, y titulado “Córner”, pertenecía, según aclaraba, al poemario “Penúltimo poema del fútbol”. Pero lo que llamaba la atención, al leer la referencia bibliográfica, era, además de la fecha, el lugar de la edición: la provincia de Santiago del Estero.

El fútbol de Feijóo
Mucho tiempo después, impulsado por una curiosidad que había logrado transformarse en una necesidad imperiosa, inicié una investigación alrededor de este texto, poemario inhallable (ni siquiera quedan ejemplares en la Biblioteca Nacional) al que por fin tuve acceso gracias a la generosidad de Adriana Canal Feijóo, la hija del poeta. Pero al hojear el libro las sorpresas aumentaron: ahí estaban una serie de ilustraciones con aire de historieta (algunas de ellas acompañan esta nota), hechas por el propio Feijóo, para ilustrar sus versos. Después, investigando, descubriría que el dibujo era otra de las pasiones de este hombre multifacético, quien en la década del 20 colaboraba con el diario santiagueño El Liberal también como dibujante de viñetas humorísticas.

En esa época, Bernardo, el único nombre con el que firmaba sus libros, era un joven vanguardista irreverente, capaz de hacer de la libertad un dogma creativo que dejaba afuera cualquier pretensión de solemnidad (pero sólo de solemnidad: la vocación ensayística ya estaba presente). Vanguardista y moderno, cosmopolita, sensible al viento de su época y sin embargo empeñado en componer poesía con la cotidianidad santiagueña. Y este intelectual eligió iniciar su carrera literaria con Penúltimo poema del fútbol.

Pero descubrir que Penúltimo poema del fútbol fue el primer poemario vanguardista del Noroeste Argentino y, al mismo tiempo, el primer texto poético de la literatura nacional que se preocupó por unir dos series culturales tan disímiles entre sí, la poesía y el fútbol, me obligó a formular preguntas, lo que significó aumentar la incertidumbre que yo creía que iba a desaparecer con la lectura de los poemas. En efecto, ¿por qué apareció, en la poesía del NOA y durante la década del 20, un libro vanguardista preocupado por el fútbol? ¿Pertenecía el fútbol a esa realidad cultural o era una temática ajena? ¿Por qué no volvió a repetirse, en la literatura regional, otro hecho estético parecido?

Es importante señalar que en 1928 la Liga Cultural, representativa del fútbol de Santiago del Estero, se consagró campeón del torneo nacional al ganarle a la etrerriana liga paranaense en cancha de River. Y digo que es importante porque Bernardo Canal Feijóo fue un testigo privilegiado del proceso que desembocó en esa victoria. Y no sólo testigo. También fue protagonista y cronista (desde la poesía, el periodismo y el dibujo) de aquel momento especial del fútbol argentino. Sin ir más lejos, en el anuario 1923 del diario santiagueño El Liberal su nombre aparece destacado en la sección deportiva: por entonces este martinfierrrista marginal era el presidente del Club Atlético Santiago.

Modernidad.
Teniendo en cuenta este contexto histórico (momento político signado por el momento más intenso del yrigoyenismo) volví a leer el libro: "Penúltimo poema del fútbol" se me presentó, entonces, como una forma original de abordar la modernidad desde una práctica deportiva, y en los versos pude percibir claramente la tensión entre la libertad individual y la presión de la muchedumbre. Una modernidad deportiva, entendida como universal, que en este planteo se construía desde una base territorial concreta, Santiago del Estero, espacio que, por efecto reflectante, devolvía la imagen cosmopolita de las sociedades modernas tamizada por la idea de nación expresada, por ejemplo, en esta frase: “La tarde engalanada, se había prendido el sol en el pecho, como la escarapela de la patriotería deportiva”.
Entendiendo el contexto histórico el libro funcionaba: era un gran dispositivo fotográfico, construido sobre prosa poética y versos libres. Como dice uno de los poemas: “el breve guiño de la instantánea, que sobrecoge en un infraganti muscular (...) para el enfoco ansioso y comprometido de este espectáculo”.

Pero la pregunta sobre lo que motivó el olvido de este trabajo pionero sigue presente. Respuestas tentativas no faltan: la desaparición de los campeonatos interprovinciales de la década del 20, reemplazados durante los años 30 por el fútbol profesionalizado que se mantiene hasta hoy; la creencia extendida de que fueron los poetas de los 60 los primeros en tematizar el fútbol; los cíclicos momentos de censura que vivió (y vive) la cultura argentina, incluyendo las defenestraciones reaccionarias de ciertos intelectuales que acusaban (y acusan) de populismo –con su correspondiente estigmatización- a cualquier manifestación artística que trabaja con zonas o saberes cercanos a las prácticas cotidianas de los sectores populares.

De la vanguardia a la academia
Lamentablemente, todo parece conspirar para levantar un manto de sospecha sobre el propio Canal, ya no el vanguardista sino el académico, para aclarar el misterio del olvido. La producción posterior de Feijóo nos habla de una búsqueda estética más conservadora: una obra ensayística sólida y obras teatrales espléndidas, sin duda. Pero en todo momento una negación del espíritu martinfierrista que alentó su temprana producción (en la lista de esa producción debemos incluir, además de "Penúltimo poema del fútbol", los poemarios "Dibujos en el suelo" -1927-, "La rueda de la siesta" – 1930- y "Sol alto" -1932). No le costó demasiado a don Bernardo Canal Feijóo ignorarse como el autor del texto fundacional de la poesía del fútbol en la Argentina. Otros indicios permiten sospechar que en la negación se escondía el temor a ser estigmatizado como “populista”, palabra que, obvia e inevitablemente, en Argentina nos manda derechito a la palabra “peronista”, mote mucho más oprobioso para aquellos intelectuales que sólo advertían los aspectos autoritarios del peronismo. Pero nunca lo sabremos con certeza. Don Bernardo Canal Feijóo murió en 1982, y por ese entonces era presidente de la Academia Argentina de Letras.

Su legado.
Quiero subrayar, sin embargo, que si alguna lección ha perdurado del gesto estético del joven vanguardista de 1924 es la lección de la libertad. Y esa lección, desestimada por el Feijóo de la madurez, debe entenderse como una apuesta a la democratización de nuestra cultura, democratización necesaria frente a las censuras (inconscientes o no, insisto) de un campo literario conservador que todavía cree, por ejemplo, en la pureza de los géneros, o que mantiene el vicio romántico de entender a la poesía como un ente sublime que elige a sus adeptos con una varita mágica.

Abordar la democratización de la cultura. Esa es la esperanza que parece alentar la temprana producción de Feijóo. Esperanza que fue desvaneciéndose a medida que el olvido fue logrando imponerse. Hoy, una reedición de "Penúltimo poema del fútbol" parece imprescindible. Pero no hay indicios de que vaya a ocurrir. La lucha dentro del campo literario por la imposición de los cánones. Los gustos establecidos. Todos estos escollos siguen alentando la persistencia de los elementos más conservadores de la cultura, cultura impermeable a las rupturas en serio, a las fisuras que permiten adivinar el país que no fuimos, el país utópico que, como el sueño libertario de los vanguardistas, sólo será posible mientras no confundamos la madurez con la resignación.


DOS POEMAS INÉDITOS DE BCF

“Fragmentos Mediterráneos” y “El inconjurable poema de la barba” son textos inéditos en libro que datan de 1924, año de publicación de "Penúltimo poema del fútbol".



Fragmentos mediterráneos.

Lástima
no poder
hacer
todo el poema de la retreta provinciana.
Resultaría muy largo y nadie lo leería.
(Juzgo por lo que a mí me pasa).
Además, tengo contados los minutos
para lanzarme en el otro poema.
Debo, pues, sacrificar lo más sugestivo
y contentarme con trazar tres o cuatro franjas.
Yo mismo no sé cómo levantaré mi canto
si soy el náufrago de la retreta.
Tal vez por eso mismo.
Porque su marejada me arrastra,
y en el fondo de su piélago cenagoso, mi única preocupación
es esquivar la carga de catamaranes de zapatos
que se arrojan contra los míos como peces famélicos.
Flota una alegría clandestina y banderolera;
es que cada uno encuentra la dirección
que los otros pierden
y la consecuencia consiste en volver sobre sí
-falaz consecuencia!
Así, nunca podrá haber entrechoques.
Los focos que flanquean la acera
miran con caras de imbéciles de frac.
Los más espirituales se inclinan al paso de las muchachas
y les soplan en los ojos humo blanco de sus cigarrillos,
y les enjugan –no sé cómo, lo declaro-
la dulce sangría de la boca.
Ellas resurgen de la andanada
con una sonrisa que muerde un azahar
como morderán las Venecias de sus sábanas en sus sueños de amor.
(Para fijar la idea de movimiento que embarga el cuadro,
yo haría brotar con una fuerte mirada en las nalgas de ellas
un ojo muerto que guiñase automáticamente
con el balanceo. No se vería la congruencia. Pero he ahí justamente).
Las fulguraciones de sus ojos han conseguido
la desviación pasional de los reojos
y lanzan sus miradas transversas contra nuestra desprevención
como si no supiéramos que están abiertas por delante.
La fatiga va depositando las resacas crasas
en los bancos que bordean el paseo,
donde sedimenta la maledicencia envenenada
de todas las toxinas de la fatiga
con todo el peso irreflexivo de los traseros,
y amarra sus rabos demoníacos
a las patas de los bancos.
Y mientas yo percibo en mi turbación
que la ópera italiana se refugia en los kioscos musicales
de provincia,
las núbiles parejas adelantan sus dúos almibarados
hacia los bancos.
Él, echa su aliento de más calor visceral
sobre las mantecas amorosas de ella.
Ella, cruza las piernas,
y, por abajo,
deja correr los óleos del amor liquefacto…

Tesis:
el provinciano es un animal sin psicología.

4-X-24



El inconjurable poema de la barba.

Agente natural de la civilización,
el peluquero está instituido para combatir
las ingencias salvajes de la cabeza humana.
La humanidad en masa
debiera detenerse un segundo, de pronto,
como si se hubiera trabado la película de la vida,
en su homenaje,
y volver el rostro,
y decir a coro:
“Gracias!”.
(Sé que esto no es posible, porque
más fuerte que los impulsos de la gratitud
son los horarios, por ejemplo,
pero sería justo).
Yo también –pero siempre
menos que otros-,
estoy condenado al banquillo del peluquero.
Lo confieso con la emoción necesaria
que me impone el tener que enfrentar mi hiperestesia
en el espejo,
como en un caso de conciencia,
mientras noto que bajo mis asentaderas el banquillo
se descadera en voluptuosidades criminales.
No! y no!
Yo me siento incómodo en el ortopédico banquillo
porque siento
que la imagen del espejo
me quiere ejemplarizar con un ejemplo de niño de babero,
y yo no quiero ejemplos
sino raptos.
Sólo el peluquero sabe desmelenar ahora.
Eso es reparable, ahora
que la humanidad ha conquistado la gomina
y la sífilis.
Y sólo el peluquero
apoya la mano sobre la cabeza de los calvos
con algo así como una idea de noble empresa ascensional,
escaleras arriba,
hacia el cielo
que es el sentido de la alopecia…
El pulverizador tuerce y endurece el cuello
como si le atragantara un súbito canto de gallo.
Yo pienso:
con estos elementos, nada más,
qué gran artista sería el peluquero
si no le venciera el don de la palabra;
si su visión
no se anegara tanto en el color exánime de sus lociones;
si su olfato
no predispusiera tanto a una atmósfera emulsionada de alcoba;
si al asentar su navaja
no volviese los ojos torcidamente
hacia uno;
si al rasarle a uno el bigote
tomándole por la nariz
no le dejase el labio leporino,
y pusiese en su boca un fruncimiento de beso pudibundo!
Poseedor
del pulso exacto de los perfectos desbrozamientos,
así sabe darse el escultórico placer
de arrancarse los rostros en la última limpidez
de los perfiles fisonómicos,
desde el fondo negro y blanco
de sus regresivos erizamientos
y de las espumas,
con que , sólo, se les sofoca.
Llegaría a consumarse
EL ARTISTA
si se decidiese, y
-en un cercén heroico, él, que tiene la navaja-
independizase de una vez
la cabeza,
del resto irreductible del cuerpo.
El pulverizador estallaría
con todas las salivas de su continencia.
Flotaría un olor de crimen ridículo, un instante,
pero el Arte se habría impuesto
al fin.

13-IX-24


(la nota se publicó originalmente en www.revistateina.com)

1 comentario:

Gonzalo Ramos Aranda dijo...

Les comparto mi poema, . . .

EL FUTBOL: JUEGO CELESTIAL DEL HOMBRE

Domingo la cita,
lugar un estadio,
fila de taquilla
pesado calvario.

Estando en la grada
no te importa nada,
que suenen cornetas,
matracas, trompetas.

Disfrutamos juntos
¡el juego del hombre!,
lucen los conjuntos
vistoso uniforme.

Once contra once,
el fut es romance,
la de gajos rueda
en cancha de seda.

El sudor la riega
en sana refriega,
al balón botines,
puntapiés afines.

La defensa luce,
la media se crece,
un buen delantero
encara al portero.

¡La malla se mece!,
¡la gente enloquece!,
¡la magia del fútbol!,
¡se ha metido un goool!

Anotarlo es clave,
bendita esa llave,
el tanto es pedido
en cada partido.

No basta jugarlo
pues hay que ganarlo,
triunfar con honor,
no hay nada mejor.

Dura es la batalla,
la pasión estalla,
mas hay un principio:
¡que se juegue limpio!

El árbitro pita . . .
principio, el final,
marcará cerquita
imparcial penal.

Las porras se cimbran
a cada momento,
aplauden, corean,
acción y talento.

¡Un gran cabezazo!,
¡un tiro al larguero!,
¡bonito chanflazo!,
¡lance del arquero!

¡Deporte el más bello!,
¡que ganas, que entrega!,
el fútbol se juega . . .
también en el cielo.

Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda
México, Distrito Federal, a 15 de marzo del 2006.
Si Dios quiere, este bello poema rodará, rodará y rodará
por el mundo, . . . como si fuera un balón de fútbol.
Dedicado a Don Angel Fernández Rugama (QEPD)
Reg. Indautor No. 03-2006-050413132300-01