martes, noviembre 10, 2009

Aníbal Ford. Memorias de un navegante



Esta entrevista acaba de ser publicada en caras y caretas.
Sólo quiero decir que el mundo se ha vuelto más frágil con la muerte de Aníbal...

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Aníbal Ford mira con serenidad el grabador que propone la charla. Es un día de invierno y, quizá por la lluvia, la entrevista se presenta como una forma de pasar el rato. Nora, su compañera, acerca los pocillos de café. Y entonces sí, reconfortados del frío, la conversación arranca, desafiante. Una conversación que navega por la memoria de uno de los más grandes teóricos latinoamericanos de la comunicación, pero también en la memoria del autor de Sumbosa, ese relato reivindicado por Rodolfo Walsh como una obra maestra de la narrativa argentina del futuro.

–Sus clases de literatura en la década del 70 en la Universidad de Buenos Aires fueron un momento fundacional, tanto para las ciencias sociales como para la literatura. Había que ingresar nueva bibliografía.

–Eso ya estaba aunque no en la facultad. Las discusiones entre marxismo y estructuralismo eran muy fuertes afuera. Cuando trabajaba con Juan Gelman en La Opinión, en el suplemento se planteó el tema de la universidad. Juan y Paco Urondo me pidieron que me hiciera cargo de la cátedra Introducción a la Literatura. Tuvieron que presionarme, porque a mí, que venía de hacer periodismo, la idea de hacer academia me asustaba. Pero igual me metí y tuve que laburar muchísimo; esa cátedra llevó mucho trabajo y fue la síntesis de lo que veníamos trabajando con (Jorge) Rivera y (Eduardo) Romano antes de la cátedra propiamente dicha y de las clases. Conocí a Romano en las clases de extensión universitaria que yo dictaba. Era un interés político y cultural que no tenía nada que ver con la búsqueda de currículum.

–De aquellas clases de literatura quedó un libro que editó la Universidad de La Plata.

–Yo diría que lo que quedó es Medios de comunicación y cultura popular, que se publicó no bien cayó el Proceso y que fue muy utilizado por todos los comienzos de las carreras de Comunicación. De ahí al Resto del mundo hay un largo camino. El libro editado por la Universidad de La Plata da testimonio de lo que se hizo y cómo se fue avanzando en ciertos temas durante los 70, las clases en Filosofía y Letras o los progresos en la investigación de culturas que yo no diría populares pero más o menos, junto con otras cosas que venían preocupándome hace tiempo: los llamados global problems (problemáticas del Club de Roma, discusiones en la Universidad de San Francisco), lo que se considera las nuevas tendencias: las transformaciones, los cambios fuertes en la cultura que en ese momento se vislumbraban y que hoy son evidentes y constituyen la parte central de mis libros a partir de Navegaciones.

–Romano, Rivera y usted conocieron al escritor Jaime Rest. ¿Les resultó un maestro en ese punto?

–Mi conocimiento de Rest es muy fuerte y me apoya en el interés por distintas relaciones que después aparecerían en Birmingham. Yo era muy amigo de Rest, incluso venía a casa con Virginia Erhart. Una relación que partió de lo académico, pero que estaba muy apoyada también en el hecho de que Rest era adjunto de Borges, con quien yo había estudiado Literatura Inglesa en la facultad, y daba un curso suplementario sobre The Waste Land de Eliot, formidable. La relación empezó en el curso de Borges con Rest como adjunto y la relación particular con Rest a partir de Eliot, pero también debido a esas miradas a las culturas que vamos a llamar masivas. Después continuó en muchas cosas.

–Y anticiparon a la lectura de la Escuela de Birmingham (el enfoque sociocultural de la comunicación), por lo menos, una década antes.

–No sé si nos anticipamos, pero me acuerdo que Rest me aconsejó, y también en la facultad cuando era profesor, el libro La clase obrera y la cultura de masas de (Richard) Hoggart en el momento en que salía en Inglaterra. También ese libro discutido sobre comunicación, Mass Culture in America de Rosenberg y White, se discute acá y es una base muy fuerte de trabajos concretos sobre culturas masivas. Muy olvidado, pero muy formador en ese momento. Siempre había un ir y venir de discusiones muy movido. Para dar un dato ubicador: cuando en la revista Problemas del Tercer Mundo –que publicaban Rivera, (Ricardo) Piglia, (Carlos) Altamirano y otros– presentamos un artículo escrito con Rivera sobre comunicación y cultura popular, a los editores les llama la atención que se razone sobre los medios de comunicación y la cultura de masas. Con todo, ese número no salió. Curiosamente salió una versión en alemán y recientemente se publicó en castellano en la edición que de 30 años después publicó la editorial de la Universidad de La Plata, justamente treinta años después. Los lectores de esa revista no habían creído que se pudiera pensar los medios así; esto marca un estado cultural, porque no había nada, excepto un sociólogo de derecha, Miguens, que era una reproducción de lo norteamericano.

–¿Cómo se llevaban ustedes con los antropólogos? Es de suponer que la antropología habrá sido una disciplina celosa de que gente de letras quisiera también ocuparse de temas culturales…

–Al contrario, nosotros leíamos los libros de los antropólogos, como Villeros y villas miseria y El cabecita negra de Hugo E. Ratier; eran libros de divulgación, pero eran buenos libros importantes por su sesgo político. No había una antropología tan atada a la vida cotidiana y a lo urbano. Si bien los estudios de (Erving) Goffman ya habían llegado a la Argentina –la fecha de edición en Amorrortu es muy temprana– es otra estructura: antropología más cerca de antropología tradicional, y letras incorporando la cultura de otras zonas sociales, pero no el choque. Mientras tanto surgen algunas cosas en antropología que ya se acercan al paquete que estamos analizando: comunicación y cultura.

–¿Desecha el concepto de cultura popular o todavía le encuentra alguna validez?

–Era útil; hoy no lo utilizaría.

–¿Qué le parece más pertinente para pensar en esa otredad cultural que se simplificaba antes con la idea de cultura popular?

–No creo que sea una otredad cultural, es una mezcolanza de cosas…

–...que incluye a los sectores populares, folklóricos, a las clases medias, siempre con intercambios, préstamos, apropiaciones e interpenetraciones entre los distintos estratos culturales. ¿Cómo lo ve?

–Todo se fue reestructurando. Entró en nuevas pautas de clasificación, organización y conocimiento. Cuando te digo que a treinta millones de años luz de la Tierra hay dos globos igualitos a este planeta, o cuando ves los avances en nanotecnología y notás que somos como gusanitos, se advierte que cambió el conocimiento del hombre. Estamos viviendo transformaciones socioculturales y técnicas que dan vuelta a muchas concepciones de cultura.

–¿Por dónde navegaba la literatura en medio de todos esos cruces?

–En 1961 empecé a trabajar en Eudeba. No había un director de colección, y yo entré para la búsqueda de libros recomendados por profesores universitarios: ellos me sugerían a mí, y yo le recomendaba a Eudeba. Mientras laburaba ahí, en el 67, publiqué con mucho éxito Sumbosa, que Walsh reseñó en Primera Plana. Pero después me desvié hacia la política. Tengo una relación problemática con la literatura, cosa de la cual me arrepiento, porque escribí seis, siete libros de cuentos. Pero los conflictos entre literatura y política son típicos de ese momento, un ejemplo: Rodolfo Walsh.

–¿En qué agrupación empezó a militar en esa época?

–Soy un tiro al aire; cuando caí en cana había ingresado en una agrupación que recién se iniciaba: Movimiento de Acción Revolucionaria.

–Para una época de experimentación en narrativa, Sumbosa era novedosa y frescamente experimental. Aunque el cuento no tiene que ver con el agua, la palabra “sumbosa” suena a agua, elemento por el cual hay cierta fascinación en su obra. ¿Cómo surge este vínculo con el agua y con lo más expresivo que tiene, los ríos, y su inquietud por su navegabilidad?

–¡Pavada de pregunta psicoanalítica! En Sumbosa no estaba tan presente, sí va a estarlo en todo lo que escriba; incluso en lo que estoy escribiendo hoy, que es sobre el Tigre, que por ahí queda inconcluso, porque estoy al borde, ¿sabés? Mi relación con el agua tiene muchas puntas. Familiares, por ejemplo: mi abuelo, John David Ford, participó de los comienzos de la marina argentina y posiblemente haya firmado la creación del faro; eso por lo menos lo vi cuando estuve en la Isla de los Estados; la navegación en el Chadileuvú, que es un dato fundamental, viene de por sí, como viene de por sí la navegación del río Santa Cruz, hace seis años. Cuando navegué el Chadileuvú por primera vez era jefe de redacción de Crisis. Entonces vino el profesor Walter Cazenave, un pampeano: tenían un problema de sequía y necesitaba que lo testimoniara. Y entonces hice la primera navegación. Anónima, porque no podía publicar, a pesar de que estaba en Crisis, salió una nota en Clarín. Fui a testimoniar el problema, porque había un juicio nacional de la provincia de La Pampa a la provincia de Mendoza. Después sobrevolé todo el río Curacó en un pequeño avión, saqué sesenta fotos en vuelo bastante riesgoso. Al río Chadileuvú lo sobrevolé y navegué (de alguna manera repitiendo el itinerario de Estanislao Zeballos), lo recorrí en pick up bordeándolo y, hace poco, la navegación del río Santa Cruz cuatros días remando. Quería seguir el registro de Darwin y de Fitz Roy, dentro de lo que siempre puntualicé como cultura de construcción del territorio, la exploración de cómo se había construido el país y cómo pesa esa construcción, con sus desiertos, en la política del país.

–¿Pensó alguna vez la navegación fluvial de la Argentina?

–Hubo un proyecto de navegación fluvial del país; es complejo esto, porque aparece en la cultura argentina lo que fueron los proyectos de ríos, de canales, de navegación, las peleas de los ríos con el ferrocarril. Por qué a Luis Huergo lo mandan a hacer el puerto y lo sacan de la construcción de un canal, de Córdoba a Buenos Aires; hay peleas duras que explican la Argentina, la Argentina que uno quiere conocer.

–¿Registró en algún libro estas experiencias de navegación?

–La problemática sobre La Pampa está contenida en un libro llamado Desde la orilla de la ciencia. Contiene todos los artículos sobre La Pampa, incluso títulos más políticos. Pero también estos temas se desarrollan a nivel de ficción, por ejemplo en la novela Ramos generales, que dramatiza el viaje por el río Chadileuvú.

–¿En qué se refugió para sobrevivir a los años de la dictadura?

–Me borré de todo, y unos amigos de la infancia me dieron laburo en una fábrica de productos químicos; ingresé a trabajar ahí y terminé siendo gerente general. Durante diez años fui director de investigación y desarrollo de la empresa. Estuve casi catorce años; en el 80 empecé a publicar despacio y aquí estoy.

–¿Cómo volvió a la universidad?

–Me volvieron los alumnos. Ayer estuvo Romano; decía que le habían preguntado qué relación tenía con el nacimiento de Comunicación, tal vez mejor dicho con el estudio de la literatura de ese momento. Hay que tener en cuenta también que en esa etapa encaran los estudios de este campo (Heriberto) Muraro y (Héctor) Schmucler, al margen de lo que venía aportando el grupo de semiólogos (Eliseo) Verón, (Oscar) Steimberg, etc. Sí participé en el plan de estudio de la Dirección de la Maestría en Comunicación y Cultura, manteniendo siempre el conjunto comunicación, información y cultura como centro epistemológico de nuestra disciplina.

–Para mucha gente, Navegaciones (1994) fue un libro bisagra a nivel latinoamericano en las indagaciones sobre comunicación y cultura, porque plantea la cuestión de la transdisciplinariedad de un modo que hasta ese momento no era muy común. ¿Qué significó para usted ese libro?

–Lo percibí como un libro exploratorio de todos eso que había vivido en la facultad, en Eudeba, en Crisis, en diferentes experiencias con la cultura, porque también fui fletero de Paidós...

Carlos J. Aldazábal, 2009

domingo, octubre 18, 2009

El aire estaba quieto


El libro, Primer Premio de Ensayo del Fondo Nacional de las Artes 2009, se presentará el martes 17 de noviembre a las 19 hs en la sala Osvaldo Pugliese (PB) del Centro Cultural de la Cooperación (Corrientes 1543, Ciudad de Buenos Aires).
Participarán el escritor Juan Sasturain y el editor Jorge Testero (ediciones del CCC).

"Excelente defensa del dúo salteño y de su producción en el folclore argentino y latinoamericano" (Aníbal Ford, de la contratapa)

domingo, octubre 04, 2009

Chau Negra

¿Quién te acunará, zambita, en este desvelo?
Cielo azul y un pañuelito blanco para la despedida.
Despedida o hasta luego, cantora que tanto bien me hiciste.
Hechicera de las siestas, cuando las chicharras al sol fosilizaban el espanto.
¿Y tu magia?, otros pañuelos blancos agitándose fuerte y el anhelo de tu voz en mi poema.
Pero también el Cuchi, amaneciendo en coplas, y tu luz incendiaria en los versos de Hamlet.
Y había un corazón agradecido, el mismo que ahora duele en el regreso.
Porque no te nos vas, sólo es regreso, siempre estamos volviendo al hueco de la tierra, al útero materno que dejamos atrás cuando nacimos.
Siempre es llegar para seguir volviendo.
Siempre es volver para nueva partida.
Lo único permanente era tu voz, inmume a todo cambio en su belleza.
Pero ahora hay silencio, y mientras te volvés para tus pagos hay una zamba huérfana.
No se puede dormir. Mejor dicho, no quiere.
Aquí se quedará, en su cuna de sueños, aguardando el momento en que tu voz la nombre.

(editorial del programa de radio Molienda Urbana del 03 de octubre de 2009 www.moliendaurbana.blogspot.com)

miércoles, junio 10, 2009

Se vienen más libritos del suri


Parece que van a haber presentadores de lujo, además de música y vino.
Abundante poesía, como siempre... Y de la mejor...

jueves, mayo 07, 2009

Por qué queremos ser Quevedo


Ya pasaron diez años desde que se publicó.
En estos diez años, no sólo le cambiaron el título en forma repetida ("Todos quieren ser Quevedo", "Todos quieren a Quevedo", y alteraciones por el estilo), sino que a mí también me cambiaron el nombre varias veces ("Juan Carlos Aldazábal", "Carlos Pérez Aldazábal", y otros errores gráficos similares).
Pero fue un libro que, más allá de las dificultades de la memoria para recordar su título y su autor, tuvo la suerte de contar con lectores de lujo. Por ejemplo Nicolás Rosa, quien además escribió una generosísima contratapa para aquella edición de bajo la luna nueva.

Este poema fue el que le dio título. Surgió de una charla entre poetas, donde nos preguntábamos para qué escribíamos, y si eso que estábamos escribiendo tendría la fortuna de traspasar los límites de la inmortalidad, como los sonetos de Quevedo que leíamos, y a los que cada tanto vuelvo para sentirme reconfortado con lo mejor de la "poesía actual"...

"Por qué queremos ser Quevedo"

Es un instante,

un momento cualquiera de la infancia

en el que decidimos

desafiar el reinado de la muerte.


Varios velorios,

abuelos fallecidos

y la alusión constante

de Lázaro en la misa

nos llevan a pensar

que ya no basta

escribir iniciales en el cemento fresco,

en pupitres lustrosos o en la plaza.


Urdida la estrategia

delineamos un modo de ataque,

planeamos un futuro de eternidad

y ejercitamos el arte de la guerra;

intuimos inventos,

redondeamos canciones

y luego nos miramos la risa en el espejo

con ojos complacidos

por versos bien rimados.


Creídos de triunfo

juntamos los papeles

y esperamos serenos

que empiece el contraataque

con cierta garantía

de habernos prevenido.


Entonces nos sorprende.


Del frente nos llega la noticia

de que nuestros poemas pertenecen a Horacio,

los inventos a Edison

y las canciones a juglares medievales.


Así, medio cohibidos,

nos enfrentamos con la derrota,

envidiamos los logros de los otros

y rogamos que alcance

con fechas e iniciales

escritas en pupitres

en tanto practicamos la esperanza

--------de volvernos Quevedo

antes de que la muerte

---------------nos anule del todo.


lunes, mayo 04, 2009

Lectura en el CC Pachamama

viernes, abril 24, 2009

DOÑA UBENZA


Doña Ubenza es el título de un kaluyo de Chacho Echenique grabado en 1984 por el Dúo Salteño. Este texto es un ejercicio de lectura de ese clásico del folclore argentino.



¿En qué situación estará hoy Doña Ubenza? ¿Seguirá viva? ¿Se seguirá persignando por si acaso, seguirá cantando con su caja, llorando para adentro? Cada vez que escucho la versión del Dúo Salteño de esta canción las preguntas vuelven a insinuarse, pero lo hacen en plural, agregando a los interrogantes por el personaje concreto, la Doña Ubenza que conoció Chacho Echenique en su infancia y a la que le dedicó su composición, la angustia por las culturas indígenas eliminadas por las imposiciones de la cultura occidental.
Mucho se ha hablado de la “globalización”, pero la palabreja no es más que una metáfora para explicar una visión unipolar del mundo, versión que en su forma más cruenta vuelve a reeditarse en nuestro tiempo con la cruzada petrolera de Bush hijo. Lo cierto es que no hay nada más opuesto a la diversidad cultural que la globalización, proceso que desde nuestra periferia no puede más que padecerse como la imposición de un”deber ser” simplificador, “deber ser” que niega la pluralidad que nos hace humanos en nombre de abstracciones tan absurdas como “progreso” o “evolución”.
Y frente a esos mandatos Doña Ubenza con su caja, desafiando un poder incomprensible que le exigía amoldarse o perecer. Cantando para ahuyentar la muerte, la muerte que para muchos indígenas tenía y sigue teniendo la cara de un empresario (antes latifundista y ahora gerente de una multinacional) empeñado en llevar un “progreso” que terminaba significando, lisa y llanamente, la explotación del cuerpo indígena a favor del modernizador de turno. También, es importante decirlo, la desaparición de las religiones indígenas, apuntalada por el cristianismo (católico o protestante), fue (y es) parte de ese proceso, aunque los rituales de las religiones reprimidas hayan sobrevivido disfrazados; aunque la Pachamama haya seguido dándoles maíz a sus hijos, cuidando sus animales, para que ellos, los de la raza sin tiempo, pudieran sobrevivir junto a sus dioses.
A veces pienso que la diversidad cultural es un sueño perdido. El turismo parece haber transformado la ritualidad de las culturas en pantomima. El marketing ha logrado imponer una fórmula de “éxito” que garantiza a faranduleros y políticos sus diez minutos de fama. Las academias se proponen como una garantía de “calidad” frente al bastardeo de los medios, pero finalmente terminan admitiendo su función de guardianes de una cultura exquisita a la que sólo pueden acceder, en el medio de la desigualdad más absoluta, los que tienen solucionados sus problemas económicos. Entonces vuelve a sonar la voz de Doña Ubenza, utilizando las gargantas de Echenique y Jiménez, y la esperanza de que todavía sea posible resistir vuelve a encenderse.

CJA

ANTOLOGIA PERSONAL















Algunos poemas que escribí y que se pueden leer en "Heredarás la tierra" y "El caserío", (el suri porfiado, 2007)


Antología recitada


El frasco


Tengo un frasco de tinta
que escribe esmerado sobre el tiempo.
Es un frasco celeste
como esperanza arruinada por los buitres,
es un frasco de adobe
que repite al hornero enaltecido
por el martirio constante del asfalto.
Tengo un frasco de tinta.

A veces me descuido
y un río de palabras ahoga mi alfabeto,
desborda los contornos
de este estuario,
y el frasco se me agota.

A veces me equivoco
y en vez de poner tinta
descargo el contenido de mi pulso
y el frasco se ennegrece
como el corazón de dos amantes muertos
a la hora de amar.

Tengo un frasco de tinta.
Me da pánico que el miedo se lo robe.

(de La soberbia del monje, 1996)



Profesión de fe

En Salta creemos
que no hay nada mejor
que
escribir un poema,
destapar un buen vino
o fornicar con morenas
de esas que te muerden
cuando se suelta el orgasmo.
Creemos que en la tierra
se esconde un terremoto
y que la esterilidad es un problema ajeno,
propio de los peces.
Creemos en el sol,
en el folklore,
en la virginidad porfiada de las niñas del centro,
de las que van a misa.

Hay algo, sin embargo,
en lo que no creemos.

Sabemos que la angustia es un suspiro
de los gorriones que se sientan a contemplar los muros
encima de la cruz del San Bernardo.

(de La soberbia del monje, 1996)


A modo de conclusión

Es un rostro asombrado el que me espía
por el cristal que cuelga del fracaso.
Es el rostro de un muerto.

Ayer han enterrado al que soñaba
con milagros marinos, con pesadillas
tales
como el rostro de un dios en el espejo,
como su rostro odioso sobre el mío,
como mi rostro espiándome la tierra,
mordiéndome en el sueño del cansancio.

Siempre es lo mismo.

Hoy no han traído flores a este sitio
y la tristeza es tanta
que uno se pone a escribir
y así se pasa el día.

(de La soberbia del monje, 1996)


Las mascotas

La blanca tenía la lengua triste,
con esa tristeza de perro chico
que se siente impotente
para engullir las manos de los asesinos.

La negra era un dragón
con pinchos en la espalda
que solía mirar por el vidrio
con la ternura de un Cristo,
de un Gandhi eterno,
portador de una melancolía nueva,
inadmisible.

(Cruzando la frontera vivía un oso,
sobreviviente estéril de una raza mágica
encargada de custodiar al que dormía
en cuna de mimbre trenzada por el tiempo.)

La negra cultivaba el respeto
por su madre
y la blanca enseñaba los tesoros ratones
a su hijastra
y en las noches de ánimas errantes
se juntaban en un dúo de lamentos
antes de la danza
en torno de la piedra.

(Cuentan que el oso cayó prisionero
de un cazador de animales ordinarios
y terminó en cobertor
de cuna de mimbre trenzada por el tiempo.)

Yo escarbé en la ausencia
cuando en diciembre vino la emboscada
y una guadaña roja se clavó en la frente
de la negra
y una guadaña ciega cercenó la tristeza
de la blanca
y la parca reía
y todo el mundo hablando sobre el alma
que es cosa de los hombres
y yo sin comprenderlos
y encima este recuerdo que me escarba las sienes
y todavía nada.

(de Por qué queremos ser Quevedo, 1999)


La higuera

Cuando el argumento lo exigía
yo era el que despertaba a los fantasmas
y llamaba a los ovnis
para viajar en el torrente sanguíneo
de lo absurdo.

Las runas se trazaban
sobre las axilas,
las esquinas de los barrios
que escondían duendes ostrogodos,
y así la invocación surtía efecto.

La higuera era el buque pirata
que conducía a la selva del fondo,
la máquina del tiempo que me acercaba
al dinosaurio perro
que me mordió una tarde
y terminó ahorcado por el vecino,
el malo de la jungla
al que yo bombardeaba
con piedras de Hiroshima
para reírme de la radioactividad
que se elevaba
sobre el tejado de sus cejas.

Cierto día el buque se hundió:
mamá decidió parquizar el fondo
y eliminar las malezas
que afeaban las fuentes de las ninfas,
seres de yeso
que se comieron la tierra de las parras
y confabularon con el vecino
para terminar con mi reinado
sobre la higuera.

(de Por qué queremos ser Quevedo, 1999)


En el cementerio de la Misión

Robertito Gómez
descansa en Río Grande.
Una pequeña placa
encima de la tierra
nos habla de un dolor muy remoto,
algún padre que esquilaba la oveja.

Quizás en las retinas de este muerto
descansen las imágenes
de los muertos de al lado,
esas tumbas anónimas,
testimonio de historia repetida.

¿Tuberculosis? ¿Tifus?
¿La gripe? ¿El viento oeste?
Muchas fueron las causas
para cubrir de huesos
el pasto de la estepa,
para que el fósil diga:
"Aquí vivió algún indio,
civilizado o bruto,
aquí quiso salvarlo
el cirio de la iglesia,
pero la luz fue tenue
y no ahuyentó a la noche".

Una flauta de brisa
contamina el silencio
y en este sitio lejos
sólo el mar es testigo
de un carancho chillando.

Son chillidos profundos,
son los roncos fusiles de la historia,
yacimientos del odio
que crecen en el tiempo
para que a los museos
no les falten los cráneos.

(de Nadie enduela su voz como plegaria, 2003)


Los árboles

(Bosque fueguino de lengas)

Nadie eleva plegarias por los árboles
cuando secos se enleñan hasta el polvo
y ya polvo se embarran con la lluvia
y ya barro se adentran en la tierra
y consuelan los pastos.

Y aunque nadie les reza
ellos cantan en viento la desdicha
de otro barro que en carne visitaba su sombra
y oficiaba de amante de la verde madera.

Esa carne rezaba,
y era dulce el murmullo
que al oído del árbol,
moribundo y leñoso,
prometía que luego
nacería otro tallo
que en la sangre del muerto
crecería.

Pero ya nadie reza.

Nadie eleva plegarias por los árboles,
nadie enduela su voz como plegaria,
nadie rasga su pecho de corteza
en señal de congoja.

En el canto del viento la arboleda
que ha querido ser arco y hoy es polvo,
consolando a los pastos por el frío,
consolando a la carne que en la tierra
se ha dormido de plomo silenciada,
mientras cae la lluvia sobre tejas inglesas
y carteles que hablan
de la suerte del mundo.

(de Nadie enduela su voz como plegaria, 2003)


Tumbas en Río Grande

Esta ciudad fue fundada por la poesía:
primero sustantivos, después verbos
y finalmente la gracia de lo anónimo.
Antes de la ciudad: tumulto de guanacos,
buscadores de oro, mercaderes.
¿Y mucho antes?: los selk'nam.

Como en todas las ciudades
existe otra ciudad detrás de sus muros:
"la casa de los muertos", podríamos llamarla,
ya que la poesía, en Río Grande,
permite esas licencias.

Aquí se juntan a charlar amenamente
personas que en la vida tuvieron sus disputas,
sus préstamos, sus deudas,
su cuota de poder y de desdicha.

¿Y doña Ángela Loij?

Dialoga con Lola y con Segundo.
Con los antepasados y los hijos.
Conmigo, que busco entre las lápidas su nombre,
porque su nombre me habla del destino,
la futura parcela dispuesta a mi descanso.

"Pobre, Loij, pobre. Fuego en la casa.
Pobre, Loij, pobre. Tierra en las patas,
toda la posesión de la sin tierra.
Pobre, Loij, pobre", me cuenta la señora.

Yo también digo "pobre"
cuando cansado de buscar
entre las lápidas
me siento en una tumba
y soplo entre mis manos.

(de Nadie enduela su voz como plegaria, 2003)

Réquiem

Como esos ejes:
así daba vueltas el trompo de la infancia,
así se divertía el trompo bailador
mareándome el sentido de las cosas.

Una rueda se adentra en el camino
seguida por la otra
que le pisa la huella distraída
y se enrolla en sí misma
como un perro brillante.

Así mi bicicleta va rodando,
así me lleva
ahora que el rumbo no ha querido seguirme.

Pasamos por un bosque.

La bicicleta llora con su aceite oxidado
(que me extraña me dice)
y yo acompaño con el pie su lamento.

Así vamos llegando.

Los dos por las cornisas
del viejo purgatorio,
tramo final donde la piedra
presagia la caída.


Orquesta del destino.


Hacen un dúo la sangre y el aceite.

(de El caserío, 2007)


Libro

Este autor prefiere las corolas
y escribe poemas sin espinas.

Yo no digo corolas.
No hay semillas
que broten desde el mármol
ni girasoles decorando las lápidas.
Pasto seco, nomás, pasto y más pasto,
caminatas y lluvias para no entristecerme
por la corola insulsa.

Ayer me enamoré de una estudiante
vendedora de libros.
Leímos unos versos de Lihn sobre la muerte
y ella los comprendió,
a pesar del bolsillo sin monedas.

Después se apareció el odio bravo,
el odio corralón, el que junta las culpas,
las vende, las reparte,
el que no cuenta por qué llega de pronto:
el odio reservado.

Y al frente yo, con la estudiante
leyéndome poemas de su autor favorito.

Entonces recordé que en la camisa
me quedaba un billete
y dije “envuélvalo”, y tuve un libro,
y ese libro hablaba de corolas.

(de El caserío, 2007)

CJA

viernes, abril 17, 2009

Canciones no urgentes (y otros archivos sonoros)

Estos son los archivos sonoros. Para leer las letras clikear aquí

miércoles, abril 15, 2009

AVESTRUZ




Esta canción, con música de Laura Estivill y letra mía, fue grabada en el primer disco de Rayadura de Limón (2006). Si hacen click abajo van a poder escucharla.





Avestruz

Nieve cae sobre el mar,
boca dispuesta a besar
en el huracán
de tu lengua viva,
cristal y humedad
vibran en esta ansiedad,
manos para acariciar
rosado clavel,
dormido fulgor
que se pone a arder.

Pobre este corazón
cuando vuelva a estar
solo, sin luz.
Puesto a rezar
su pena lerda
avestruz cansado
no puede correr.

Vientre, terciopelo y miel,
dulce que empieza a rodar
hasta tu talón,
hasta la verdad
que me hace crecer
flores en mi tobogán,
dientes para masticar
tu suave color,
precioso jarrón
dispuesto a caer.

¡Ay!, este corazón.
Cómo va a cantar
si no te ve.
Vuelve a trotar
sobre su cuerda,
avestruz herido
no intenta querer.

C.J.A.





martes, abril 14, 2009

Quien fuera


Pavor a la cursilería. Las palabras "amor", "corazón", y demás arsenal melodramático siempre me han producido eso.
Pero resulta que viene el señor Silvio Rodríguez con su guitarrita redundante y el pavor se desvanece, y me pongo a pensar en alguien que no viene al caso, aunque el efecto de eternidad de los acordes logra alejarla un ratito de mi cerebro, ese pobre órgano que a veces funciona como un corazón, lleno de dudas, herido de dudas. Dubitativo cerebro haciendo malabarismos con las palabras para no caer en la cursilería de la que siempre ha renegado.

viernes, abril 10, 2009

Tomás Watkins inédito


Algunos poemas inéditos del ilustre neuquino Tomás Watkins. El autor de 26 (el suri porfiado 2007) empieza a bosquejar su próximo libro...

Vendedor de libros

No tenés papel donde caerte muerto,

los pájaros cantan en las ramas

del cementerio tu risa y tu anatema,

no hay papel posible mientras algo

–la sombra– se te muestra,

el espejo busca dos, una migaja

sobre cara y contracara del poema,

sin el diario, solo, no tenés papel

para gritar tus goles, hay corbatas

que embisten y te dan la despedida,

pintura vieja, colchón tajeado,

en fin, para que ahorres

apenas

una hojita


La palabra sanadora

Un buen día te das cuenta de que algo salió mal,

todo gira y se te mezclan los recuerdos,

borrascas invisibles como espuma en boca de monstruos

laceran lo que ves,

látigos gigantes como una cordillera, como una ética,

la afrenta de sonidos callados en una conciencia normal:

la demencia,

frondosa angustia que juega a prostituir sombras,

canalla de los días idos sin libido,

de la inmolación del amor, de perdonar y exigir

la tormenta

juventud divino temblor agendado para siempre,

transportado en peso álmico como ofrenda del dolor, como pieza del dolor

más ropa fina y perfume importado. Todo nos vence

y en los dientes

queda polvo;

lo vital

haciéndose palpable

y la tensión de saber y perderse,

de templar la cuerda con el cuello, agua,

agua vieja ya muerta o bebida en batea por vacunos infelices,

discúlpenme pero lo mío es más cierto,

déjenme discrepar con elegancia,

ya no más dieciséis años en campiñas provenzales

con Bataille gritando la soledad a su manera,

el color de los libros no es más el amarillo

desde que pasó la moda allá, cruzando el charco,

ahí, entre la hierba

entonces la palabra sanadora en la punta de los dedos,

inyección de vida a pesar del artificio, de la protección en mecanismos,

de lo dado y lo hecho y guardado en figuras,

en vejez al salto, en redención,

palabra parida bajo hielos nocturnos/ palabra guacha mendigando su forma/

divina palabra hecha de semen y madre

y ruinas

el premio: el peso en manos rotas sin piano,

sin guantes ni sábado en el Madison,

sin la torta con velas y un circuito de motos, siete, ocho años,

velas por vuelta de globo, por pecado,

a cómo está el kilo hoy, basta,

no hay espalda que aguante

nadie acude al estreno de tu risa,

hay ruido de llaves

que cierran o abren alguna razón;

no es horror

vacui de lo que vuelve para clavarnos puñales en el aire,

además por qué llueve cada vez que esto pasa:

silencio de caja de madera

del tamaño

de un hombre

incitado a nombrar la música,

hay cuerpos que danzan

y suben y bajan por hilos de luz;

la traición

una vez más

de lo que vimos. pero la vaca no, mi amigo,

ni del color necesario para existir,

retórica del escapismo y dispositivos para la locura al lado del vaso con agua,

la hermana no, que haga su vida,

basta de daño,

basta

¡a ver cuántos, cuántos…!

con esta vara medimos,

con esta vara delgada y exquisita

que se nos ríe como si tuviéramos el significado vencido,

hagan fila, pasen por favor,

welcome al non plus ultra,

chicos y grandes, confíen,

anímense y suban,

suban conmigo

y esperen

“no pienso más en el dueño del vaso

no pienso más en el dueño del vaso”,

te cansaste de los corchos pero el ácido te llama desde cerca,

te preguntás por qué el fuego es efímero

por qué el fuego atrae alas,

vida y muerte y nuevamente vida, la ausencia de sol,

perplejidad a gritos apagados con agonía de silencio, con el deseo cadáver,

un que es nunca y no pensar, no pensar,

no pensar…

¡ésta es la verdad! el tiempo,

lo vil de la voz y cenizas de lo que fuiste perdiendo.

porque nosotros ya no jugamos con tierra en el patio:

una lápida hecha de lágrimas secas, de flores bebidas como presagio

nos cierra el paso, el sonido en semicírculos

y la tierra cae encima,

arriba el ruido vítreo de la tierra en la madera, la sentencia,

los cascabeles de la descomposición,

¿y si un buen día te das cuenta de que no podés parar?

¿y si todo no fuera más que una burla nocturna,

algo dejado ahí para que tropieces?

word suena a sword y repta un harakiri

a la altura del lenguaje,

la sal divina, la mar en coche,

¡Ambrosía!

Temblores, por fin, justo ahí,

se derraman:

el tiempo,

una danza que no exige que te muevas

miércoles, noviembre 26, 2008

La costurerita


La revista se presentará a las 19 hs. del martes 9 de diciembre en la sala Osvaldo Pugliese del Centro Cultural de la Cooperación, Corrientes 1543, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Los presentadores serán los poetas Eduardo Romano y Jorge Santiago Perednik.

Están todos cordialmente invitados.

Festival de Poesía del Norte Grande

Pueden averiguar las condiciones para participar escribiendo a gestion@culturasalta.gov.ar

lunes, octubre 06, 2008

Nuevos títulos de el suri porfiado


Y ya van 24 libros en menos de un año...


El martes 7 de octubre a las 19 hs se presentan nuevos títulos...

El vino del atardecer, de Paulina Vinderman, Ondulaciones, de Vicente Muleiro, Los Fronterantes, de Ariel Williams, París intramuros, de Julieta Lerman, Juego de señora, de Clara Anich, Mariposa de hueso, de Verónica Ardanaz, El sabor de la fruta, de Guillermo Siles, Hullablanca, de Maritza Kusanovic, Jerez volcado, de Jorge Spíndola, Museo de postales, de María Malusardi y Anika, de Mónica Muñoz.

La presentación estará a cargo del crítico
Jorge Monteleone y del poeta Oscar Steimberg.

El cierre musical correrá por cuenta de la cantautora fueguina Casiana Torres.

Será en la Sala Raúl González Tuñón del Centro Cultural de la Cooperación, Corrientes 1543 (Ciudad Autónoma de Buenos Aires).

domingo, junio 01, 2008

Presentaciones y viajes























La culpa fue de El suri. Anduvo corriendo tanto que casi no hubo tiempo para El pimentero: primero Salta, después Rosario, más tarde Rawson, luego Valparaíso, más tarde Jujuy y finalmente Roca. Amigos, reencuentros, nuevos amigos, y, sobre todo, gente atenta y entusiasta por el proyecto.

En Salta presenté, junto a Teresa Leonardi Herrán, Alejandro Morandini y Santiago Sylvester, los libros El caserío y Heredarás la tierra. También en Salta, y gracias a las gestiones del poeta Jesús Ramón Vera, di una charla sobre literatura y medios de comunicación: una forma de apoyar el esfuerzo de una comisión de cultura empeñada en crear una escuela de artes en Rosario de la Frontera, localidad del sur de la provincia.

En Rawson (del Norte a la Patagonia, con breve escala en Rosario de Santa Fe y una cerveza con Lisandro González y sus amigos), el poeta Jorge Spíndola organizó una lectura en Playa Unión: ahí estaban Mauricio Robles, y el grupo "Bajo los huesos", de Puerto Madryn.

Alguna breve estancia en Buenos Aires y luego Chile, donde fui testigo de una de las ciudades más hermosas del mundo (Valparaíso), y del fervor de una sociedad donde la poesía es sustantivamente central, tanto en su forma literaria como musical. Editoriales independientes, como Fuga, o peñas de folclore latinoamericano (llegué a tocar en una gracias a la buena memoria del poeta Jorge Polanco Salinas), me dieron una idea de lo que significa ser un país orgulloso de sus tradiciones poéticas, incluidas las vanguardias.

Para Semana Santa Jujuy: un encuentro con Reynaldo Castro, y su entusiasmo por las nuevas adquisiciones de la Universidad Nacional, imprenta incluida. Y, de nuevo en Salta, un acto por el 24 de marzo. Acto por la memoria en el que hubo que actuar en contra de la censura que sufrió un fotógrafo: Alejandro Ahuerma, víctima de la intolerancia política de un centro cultural que no quería exhibir sus denuncias artísticas a los excesos políticos de la democracia neoliberal.

Otro paréntesis porteño, y vinieron las Conversaciones de otoño, que organiza en la ciudad rionegrina de Roca (o Fisque Menuco, para decirlo con mayor propiedad), el excelente dibujante Chelo Candia. Muchos amigos, buena poesía, buena música (especialmente Luisa Calcumil, y su encantadora voz).

Idas y venidas. Zigzagueos, como pasos de suri. Mucho correr para llegar a la partida. Y la comida en la heladera, pudriéndose de hambre.

lunes, mayo 26, 2008

Adiós a Maldita Ginebra

Esto lo escribió Rodolfo Edwards: no puedo más que estar completamente de acuerdo...
Querido Héctor, te mando un abrazo y ya nos veremos por los corredores de la poesía (CJA):


Maldita Ginebra supo dar albergue a los desclasificados, a los alumnos con peores notas, a los estudiantes crónicos, a los corazones mancos. Maldita Ginebra contuvo multitudes y se transformó en una hermandad que puso en jaque a todo el sucio sistema poético argentino, que, a partir de los nefastos años 90 se llenó de forritas y forritos que se creyeron el verso de "los grandes poetas argentinos", con la canchería de los esclarecidos, de los soberbios de siempre, esos montoneritos, conchetos eunucos bendecidos por la clase, siempre temiendo la vulgaridad, la grasa de las capitales, la deformidad que es la norma en los arrabales del mundo, parásitos haciendo equilibrio sobre la larga verga del poder: si pudiera arrancarles los ojos, los tiraría al fondo de mi vaso de ginebra caliente. En Maldita Ginebra el vómito más espantoso estuvo asistido por una pureza irredenta, intransigente. Ahora que el cardenal Ricardo Piglia le anda pidiendo al papa Nazinger la canonización de Juanete Ortiz habría que ver si se bancaría una noche de Maldita Ginebra donde hay más Cristos que en una santería. Maldita poesía: los ginebreros te clavamos una estaca en el corazón. La renovación de la belleza es rancia, animal y chivada por la alegría, la desdicha y los traqueteos de este barco a la deriva. Maldita Ginebra volverá cada tanto como las canciones más queridas, las que nos recuerdan la mejores horas de nuestras vidas, las luces fuertes sobre nuestros cuerpos emboscados, desnudos para siempre. Héctor Urruspuru: somos los hermanos que nunca tuvimos. (Rodolfo Edwards)

miércoles, abril 23, 2008

El suri porfiado en la Feria del Libro


Lectura de los poetas Eduardo Romano (Novedad: Entre sobrevivientes y amores difíciles), Alberto Szpunberg (Novedad: El libro de Judith), Oscar Steimberg (Posible patria y otros versos), Carlos J. Aldazábal (El caserío/ Heredarás la tierra), Dante Sepúlveda (Poema en veinte vinos), Sergio De Matteo (Diario de navegación), Emiliano Bustos (Cheetah), Tomás Watkins (26)

Participación musical: Sandra Aguirre
Presentación a cargo de Vicente Muleiro

Lunes 5 de mayo, 20:30 hs, Sala Victoria Ocampo, 34ª Feria Internacional del Libro.
La Rural - Predio Ferial de Buenos Aires.

miércoles, abril 16, 2008

Censura en Neuquén

Ahora censuran un mural.... antes a Fuentealba...

miércoles, noviembre 07, 2007

Y SE VIENE LA PRESENTACIÓN DE LOS NUEVOS LIBROS...

Más información: www.elsuriporfiado.blogspot.com

martes, octubre 23, 2007

LA IMPORTANCIA DE QUEVEDO


En cierta ocasión Santiago Sylvester sugirió que los poetas del presente queríamos ser como Quevedo. Esto es: leídos, recordados y admirados cuatro siglos después de nuestra muerte. Lo cierto es que aquella vez yo respondí con un poema que me sirvió para titular un libro: “Por qué queremos ser Quevedo”, que fue como preguntar por qué escribir, por qué insistir con la poesía en un idioma tensado magistralmente por el pulso de un Quevedo, pero también de un Góngora o de un Cervantes.
En otra ocasión me pidieron explicar la importancia de Quevedo para la historia de “la humanidad”, concepto del que descreo fervientemente porque obliga a abstraer al hombre de sus circunstancias, de las condiciones especiales de su época y de su cultura. Por eso prefiero hablar de la importancia de don Francisco Gómez de Quevedo y Villegas para la lengua castellana, su exploración verbal que nos permite descubrir, por ejemplo, ciertos recursos que emplearía nuestro Oliverio Girondo, recursos vanguardistas que pocos admitirían remitir al momento más clásico de la poesía española (recordemos el tono de uno de los sonetos quevedianos más conocidos, “A un hombre de gran nariz”, y pensemos, simplemente, en el libro “Espantapájaros”. Lo que estoy queriendo decir es que Girondo fue un gran lector de Quevedo).
Si hoy podemos considerar la obra de un hombre que vivió en una cronotopía precisa (la España barroca, la España del siglo de oro, pero también la España de la santa inquisición) como patrimonio de esa tautología con que la cultura occidental se define a sí misma, es decir, de “la humanidad”, es porque Quevedo fue, cabalmente, un hombre de su tiempo, inmerso en realidades sociales y políticas que le permitían hablar de temas filosóficos, pero también de temas “mundanos”, arrancados de la sabiduría de los sectores populares españoles. Ahí está la “Vida del Buscón Don Pablos” como testimonio de ese registro, una suerte de Lazarillo de Tormes con firma que reconstruye la tipología del “pícaro”, una de las tantas subjetividades populares de la época que daban cuenta de la profunda crisis moral y económica que atravesaba el imperio español del siglo XVII.
Esta mirada atenta a la realidad social y cotidiana, junto a una búsqueda de innovación estética constante [después del siglo de oro español, recién las vanguardias del siglo XX volverían a poner de moda la palabra “originalidad” con tanta fuerza], y el manejo excepcional de las formas métricas del verso latino, permitieron sostener una poesía precisa y sorprendente, una metafísica de la cotidianidad que no temía recurrir a personajes de los mitos helénicos ni a seres encarnados en la realidad circundante. Cultura alta y cultura popular tejiendo el sentido de una obra que consiguió la originalidad sin caer en arbitrariedades.
Por eso la importancia de Quevedo para nuestra lengua, y por lo tanto para nuestra cultura. Porque sin saberlo anticipó las vanguardias. Porque hablando de su mundo consiguió volverse “universal” por efecto de lectura. Porque Borges era quevediano, y Heidegger, y tantos otros nombres que desfilan por los corredores de la historia entre la maravilla y el oprobio. Porque como la “humanidad” de la que terminó formando parte, la cultura occidental impuesta en el mundo por la seducción o por la fuerza, Quevedo matizó la genialidad de su obra con prejuicios racistas. El antisemitismo de Quevedo, que era un denominador común en los hombres de su tiempo, nos sirve también para pensar, desde nuestra realidad, en los “progresos” de la cultura occidental, los “progresos” de una “humanidad” que ha repetido limpiezas étnicas y genocidios en su esfuerzo por uniformar el mundo. Una “humanidad” que museifica a sus artistas para olvidar la diversidad cultural que sus obras invocan. Para decirlo con Quevedo: “Cualquier instante de la vida humana/ es nueva ejecución, con que me advierte/ cuán frágil es, cuán mísera, cuán vana”.

PERROS VIEJOS, PERROS JÓVENES (poetas, vanguardias y tradición)















uno


En un relato titulado Investigaciones de un perro Kafka coloca en palabras del narrador, un perro con pretensiones de científico, el siguiente comentario: “¿Y quién puede hablar en estos tiempos de juventud? Ellos fueron los verdaderos perros jóvenes, pero su única ambición se centraba en volverse perros viejos, cosa que no podía fallarles, como lo pueden demostrar las generaciones posteriores, y la nuestra, la última, mejor que ninguna”. Ellos, los verdaderos perros jóvenes, son los que comenzaron con la práctica científica en esta utópica sociedad de perros imaginada por Kafka. Traspasada esta idea al campo de la poesía y de nuestra sociedad humana el Ellos se convierte en las vanguardias estéticas de comienzos del siglo XX, los verdaderos poetas jóvenes, capaces de romper con la tradición canónica y de inaugurar una nueva práctica artística. Pero al igual que en el relato de Kafka, las vanguardias demostraron una ambición de perros viejos, la ambición de transformarse en la tradición del futuro. Y por supuesto, finalmente lo consiguieron, a pesar de no haber logrado destruir la tradición anterior.
La relación entre las distintas generaciones de artistas, entre los jóvenes irreverentes dispuestos a desterrar a los antepasados para empezar a contar desde cero a partir de sí mismos, relación que los verdaderos poetas jóvenes, los vanguardistas, tuvieron la oportunidad de desarrollar a pleno, es descripta con una irónica genialidad por Alfred Jarry, autor teatral de la saga del Padre Ubú y uno de los precursores del teatro del absurdo. En Cuestiones de teatro Jarry afirma: “Quienes son mayores que nosotros –título en base al cual los respetamos- han conocido en su vida ciertas obras que conservan el encanto de los objetos habituales, y nacieron con un alma ajustada a esas obras y garantizadas para durar hasta el año mil ochocientos ochenta...y tantos. Como ya no estamos en el siglo XVII no les daremos el empujón definitivo. Antes bien, esperaremos a que su alma, consecuente consigo misma y con los simulacros que rodearon su vida, acabe por extinguirse –en realidad no hemos esperado-, e iremos convirtiéndonos, a nuestra vez, en hombres graves y barrigudos, como un Ubú cualquiera, y después de publicar algunos libros que acabarán por convertirse en clásicos, terminaremos muy probablemente de alcaldes de pequeñas ciudades en las que los bomberos nos regalarán jarrones de Sèvres cuando se nos nombre académicos, y a nuestros nietos sus bigotes dentro de aterciopelados almohadones. Ninguna razón hay para que no suceda”.
El problema para los poetas jóvenes de hoy, los perros jóvenes del momento, es que no pueden encontrar anticuadas las propuestas estéticas de las generaciones anteriores porque la sucesión lineal, progresiva, de la concepción moderna del arte, se ha detenido para ser reemplazada por una multiplicidad de tiempos y propuestas estéticas, propuestas que varían según la tradición a la que se adscriba, pero que no logran imponerse como propuesta única, cosa que hasta mediados de este siglo todavía era posible.
Esta multiplicidad de tiempos poéticos se presenta, entonces, como la realidad de los poetas jóvenes contemporáneos, poetas jóvenes porque recién comienzan a apropiarse de una tradición para poder describir el mundo en el que habitan (y creo que esta definición deja afuera cuestiones cronológicas), porque están en el comienzo de una obra y no saben qué camino, qué tradición, es el más seguro para llegar a concluirla y porque sospechan, de algún modo, que ya no hay seguridades en ningún ámbito de la existencia y menos aún en el de la palabra.
Personalmente creo que la adscripción a una tradición determinada no lo es todo en la propuesta estética de un poeta: la imaginación, el lenguaje materno y cotidiano, la realidad social, los dolores y las alegrías, la sensibilidad frente a los otros, son los engranajes que se dejan aceitar por la tradición estética para construir una obra de arte. Sin esos engranajes queda la grasa y la vida termina embarrándose en viscosidades formales, simulacros estéticos que pueden convertir al pretendido artista en un excelente burócrata cultural pero nunca en un profeta, cazador de dragones o arquitecto del mundo.


dos

En Más allá del bien y del mal Nietzsche habla de los filósofos del futuro. Tratando de predecir el modo de ser de estos hombres del mañana (el mañana de Nietzsche, quizá nuestro presente) el autor de La genealogía de la moral llega a una conclusión que me parece muy cercana al panorama de la poesía argentina joven de hoy: “Lo que indudablemente no serán es dogmáticos. Su orgullo y su gusto rechazan la posibilidad de que su verdad haya de seguir siendo una verdad para todos, que es lo que hasta ahora ha sido el deseo inconfesado y el trasfondo de todas las aspiraciones dogmáticas”.
Este antidogmatismo es una de las características de nuestra época, a la que cierto sentido común filosófico ha denominado “posmoderna”. En efecto, la poesía joven de hoy, a la que voy a llamar en adelante poesía posmoderna, tiene como virtud la diversidad, la polifonía de voces que permite la democratización de los dogmas. Esto es lo positivo, y debería ser posible pensar en una convivencia armoniosa de diversas estéticas, algunas cultivadoras de la tradición poética canónica y otras inscriptas en los gestos rupturistas de las vanguardias.
Esto es lo positivo, y es lo mismo que celebra Nietzsche cuando piensa en lo filósofos del futuro. Pero también el antidogmatismo plantea diversos problemas. El principal es, paradójicamente, la indiferenciación. La descripción que hace Discépolo en Cambalache viene a cuento cuando se trata de explicar el “vale todo”, la promiscuidad formal que parece imperar en la poesía posmoderna si se mira la generalidad del fenómeno. Y no critico la variedad de temas y estilos. Al contrario: todo es materia de poema, siempre y cuando se pretenda escribir un poema y no una receta de cocina. Lo que cuestiono es la confusión, alimentada, sin duda, por la industria cultural y la hegemonía del sistema, que le quita al arte literario su especificidad, su peso.
Adorno, en la Teoría Estética, hablaba de la negatividad como la principal característica del arte moderno, lo que impediría que se confundan la pornografía y la publicidad con el arte. Ese arte, que ocupa un lugar específico de negación a lo naturalizado por la ideología, al sentido común, ese arte, verdadero y posible en la modernidad y claramente ejemplificado por las vanguardias estéticas, parece hoy haber perdido su lugar porque, reducido a mero gesto repetitivo, está tan gastado como las formas clásicas.
Banalizada por la publicidad, utilizada por el marketing o reducida a mero juego de lenguaje, celebratorio del fango con el que pretenden tapar sus restos antes de firmar su defunción, la poesía posmoderna desfila por los corredores de la cultura urgida por la necesidad de recobrar su espacio, su especificidad, sin perder, sin embargo, el antidogmatismo. Esa es la tarea: agregar a la polifonía la negatividad propia del arte de la que hablaba Adorno, negatividad que permite diferenciar un poema de una lista de compras, un ticket de caja o un mensaje de marketing destinado a crear consumidores gracias a la efectividad de frases bien escritas.
Y creo pertinente cerrar citando nuevamente a Nietzsche: “Al final sucederá lo que siempre ha ocurrido: lo grande es patrimonio de los grandes; los abismos de los profundos; las delicadezas y los estremecimientos de los sutiles; y, en general y brevemente, lo raro, de los raros”.

CJA

lunes, octubre 22, 2007

BERNARDO CANAL FEIJÓO Y SU "PENÚLTIMO POEMA DEL FÚTBOL"


Encuentros
Durante mucho tiempo asocié el nombre de Bernardo Canal Feijóo (Santiago del Estero, 1897-1982) a ensayos solemnes, de una inteligencia desafiante (tan desafiante como para polemizar con Martínez Estrada) pero un tanto aburridos para un buscador de placeres literarios que escarbaba en los escaparates de las librerías de la calle Corrientes. Frente a títulos tan sesudos como “Constitución y Revolución. Juan Bautista Alberdi” (1955) o “La frustración constitucional” (1958) mis ojos se hacían los distraídos para arribar, finalmente, a algún poemario de Girondo, a quien acababa de descubrir, recién llegado de Salta, como una novedad poética más acorde a mis búsquedas expresivas (recuerdo que incluso llegué a imaginar el título “El hondo giro del Norte” para un grupo de textos a los que rápidamente descarté junto con la titulación).
Mi segundo encuentro con Canal Feijóo fue más amable. Por una de esas casualidades del destino llegó a mis manos un ejemplar de “Literatura de la pelota” (1971), el memorable trabajo de recopilación llevado adelante por el poeta Roberto Santoro. Y ahí me sorprendió descubrir a Feijóo hablando en poesía, una poesía aún más sorprendente que la de Girondo (menos emotiva también) que se ponía a contar el lanzamiento de un córner en un partido de fútbol. Al pie del texto seleccionado figuraba la fecha original de la publicación: 1924, cuarenta años antes de que la tematizacón del fútbol en la poesía argentina fuera inaugurada, según la opinión más extendida, por la llamada generación poética del 60: Santoro mismo, pero también Salas, Vázquez, Szpunberg y Silber, entre otros. El poema de Canal, incluido por Santoro en su antología, y titulado “Córner”, pertenecía, según aclaraba, al poemario “Penúltimo poema del fútbol”. Pero lo que llamaba la atención, al leer la referencia bibliográfica, era, además de la fecha, el lugar de la edición: la provincia de Santiago del Estero.

El fútbol de Feijóo
Mucho tiempo después, impulsado por una curiosidad que había logrado transformarse en una necesidad imperiosa, inicié una investigación alrededor de este texto, poemario inhallable (ni siquiera quedan ejemplares en la Biblioteca Nacional) al que por fin tuve acceso gracias a la generosidad de Adriana Canal Feijóo, la hija del poeta. Pero al hojear el libro las sorpresas aumentaron: ahí estaban una serie de ilustraciones con aire de historieta (algunas de ellas acompañan esta nota), hechas por el propio Feijóo, para ilustrar sus versos. Después, investigando, descubriría que el dibujo era otra de las pasiones de este hombre multifacético, quien en la década del 20 colaboraba con el diario santiagueño El Liberal también como dibujante de viñetas humorísticas.

En esa época, Bernardo, el único nombre con el que firmaba sus libros, era un joven vanguardista irreverente, capaz de hacer de la libertad un dogma creativo que dejaba afuera cualquier pretensión de solemnidad (pero sólo de solemnidad: la vocación ensayística ya estaba presente). Vanguardista y moderno, cosmopolita, sensible al viento de su época y sin embargo empeñado en componer poesía con la cotidianidad santiagueña. Y este intelectual eligió iniciar su carrera literaria con Penúltimo poema del fútbol.

Pero descubrir que Penúltimo poema del fútbol fue el primer poemario vanguardista del Noroeste Argentino y, al mismo tiempo, el primer texto poético de la literatura nacional que se preocupó por unir dos series culturales tan disímiles entre sí, la poesía y el fútbol, me obligó a formular preguntas, lo que significó aumentar la incertidumbre que yo creía que iba a desaparecer con la lectura de los poemas. En efecto, ¿por qué apareció, en la poesía del NOA y durante la década del 20, un libro vanguardista preocupado por el fútbol? ¿Pertenecía el fútbol a esa realidad cultural o era una temática ajena? ¿Por qué no volvió a repetirse, en la literatura regional, otro hecho estético parecido?

Es importante señalar que en 1928 la Liga Cultural, representativa del fútbol de Santiago del Estero, se consagró campeón del torneo nacional al ganarle a la etrerriana liga paranaense en cancha de River. Y digo que es importante porque Bernardo Canal Feijóo fue un testigo privilegiado del proceso que desembocó en esa victoria. Y no sólo testigo. También fue protagonista y cronista (desde la poesía, el periodismo y el dibujo) de aquel momento especial del fútbol argentino. Sin ir más lejos, en el anuario 1923 del diario santiagueño El Liberal su nombre aparece destacado en la sección deportiva: por entonces este martinfierrrista marginal era el presidente del Club Atlético Santiago.

Modernidad.
Teniendo en cuenta este contexto histórico (momento político signado por el momento más intenso del yrigoyenismo) volví a leer el libro: "Penúltimo poema del fútbol" se me presentó, entonces, como una forma original de abordar la modernidad desde una práctica deportiva, y en los versos pude percibir claramente la tensión entre la libertad individual y la presión de la muchedumbre. Una modernidad deportiva, entendida como universal, que en este planteo se construía desde una base territorial concreta, Santiago del Estero, espacio que, por efecto reflectante, devolvía la imagen cosmopolita de las sociedades modernas tamizada por la idea de nación expresada, por ejemplo, en esta frase: “La tarde engalanada, se había prendido el sol en el pecho, como la escarapela de la patriotería deportiva”.
Entendiendo el contexto histórico el libro funcionaba: era un gran dispositivo fotográfico, construido sobre prosa poética y versos libres. Como dice uno de los poemas: “el breve guiño de la instantánea, que sobrecoge en un infraganti muscular (...) para el enfoco ansioso y comprometido de este espectáculo”.

Pero la pregunta sobre lo que motivó el olvido de este trabajo pionero sigue presente. Respuestas tentativas no faltan: la desaparición de los campeonatos interprovinciales de la década del 20, reemplazados durante los años 30 por el fútbol profesionalizado que se mantiene hasta hoy; la creencia extendida de que fueron los poetas de los 60 los primeros en tematizar el fútbol; los cíclicos momentos de censura que vivió (y vive) la cultura argentina, incluyendo las defenestraciones reaccionarias de ciertos intelectuales que acusaban (y acusan) de populismo –con su correspondiente estigmatización- a cualquier manifestación artística que trabaja con zonas o saberes cercanos a las prácticas cotidianas de los sectores populares.

De la vanguardia a la academia
Lamentablemente, todo parece conspirar para levantar un manto de sospecha sobre el propio Canal, ya no el vanguardista sino el académico, para aclarar el misterio del olvido. La producción posterior de Feijóo nos habla de una búsqueda estética más conservadora: una obra ensayística sólida y obras teatrales espléndidas, sin duda. Pero en todo momento una negación del espíritu martinfierrista que alentó su temprana producción (en la lista de esa producción debemos incluir, además de "Penúltimo poema del fútbol", los poemarios "Dibujos en el suelo" -1927-, "La rueda de la siesta" – 1930- y "Sol alto" -1932). No le costó demasiado a don Bernardo Canal Feijóo ignorarse como el autor del texto fundacional de la poesía del fútbol en la Argentina. Otros indicios permiten sospechar que en la negación se escondía el temor a ser estigmatizado como “populista”, palabra que, obvia e inevitablemente, en Argentina nos manda derechito a la palabra “peronista”, mote mucho más oprobioso para aquellos intelectuales que sólo advertían los aspectos autoritarios del peronismo. Pero nunca lo sabremos con certeza. Don Bernardo Canal Feijóo murió en 1982, y por ese entonces era presidente de la Academia Argentina de Letras.

Su legado.
Quiero subrayar, sin embargo, que si alguna lección ha perdurado del gesto estético del joven vanguardista de 1924 es la lección de la libertad. Y esa lección, desestimada por el Feijóo de la madurez, debe entenderse como una apuesta a la democratización de nuestra cultura, democratización necesaria frente a las censuras (inconscientes o no, insisto) de un campo literario conservador que todavía cree, por ejemplo, en la pureza de los géneros, o que mantiene el vicio romántico de entender a la poesía como un ente sublime que elige a sus adeptos con una varita mágica.

Abordar la democratización de la cultura. Esa es la esperanza que parece alentar la temprana producción de Feijóo. Esperanza que fue desvaneciéndose a medida que el olvido fue logrando imponerse. Hoy, una reedición de "Penúltimo poema del fútbol" parece imprescindible. Pero no hay indicios de que vaya a ocurrir. La lucha dentro del campo literario por la imposición de los cánones. Los gustos establecidos. Todos estos escollos siguen alentando la persistencia de los elementos más conservadores de la cultura, cultura impermeable a las rupturas en serio, a las fisuras que permiten adivinar el país que no fuimos, el país utópico que, como el sueño libertario de los vanguardistas, sólo será posible mientras no confundamos la madurez con la resignación.


DOS POEMAS INÉDITOS DE BCF

“Fragmentos Mediterráneos” y “El inconjurable poema de la barba” son textos inéditos en libro que datan de 1924, año de publicación de "Penúltimo poema del fútbol".



Fragmentos mediterráneos.

Lástima
no poder
hacer
todo el poema de la retreta provinciana.
Resultaría muy largo y nadie lo leería.
(Juzgo por lo que a mí me pasa).
Además, tengo contados los minutos
para lanzarme en el otro poema.
Debo, pues, sacrificar lo más sugestivo
y contentarme con trazar tres o cuatro franjas.
Yo mismo no sé cómo levantaré mi canto
si soy el náufrago de la retreta.
Tal vez por eso mismo.
Porque su marejada me arrastra,
y en el fondo de su piélago cenagoso, mi única preocupación
es esquivar la carga de catamaranes de zapatos
que se arrojan contra los míos como peces famélicos.
Flota una alegría clandestina y banderolera;
es que cada uno encuentra la dirección
que los otros pierden
y la consecuencia consiste en volver sobre sí
-falaz consecuencia!
Así, nunca podrá haber entrechoques.
Los focos que flanquean la acera
miran con caras de imbéciles de frac.
Los más espirituales se inclinan al paso de las muchachas
y les soplan en los ojos humo blanco de sus cigarrillos,
y les enjugan –no sé cómo, lo declaro-
la dulce sangría de la boca.
Ellas resurgen de la andanada
con una sonrisa que muerde un azahar
como morderán las Venecias de sus sábanas en sus sueños de amor.
(Para fijar la idea de movimiento que embarga el cuadro,
yo haría brotar con una fuerte mirada en las nalgas de ellas
un ojo muerto que guiñase automáticamente
con el balanceo. No se vería la congruencia. Pero he ahí justamente).
Las fulguraciones de sus ojos han conseguido
la desviación pasional de los reojos
y lanzan sus miradas transversas contra nuestra desprevención
como si no supiéramos que están abiertas por delante.
La fatiga va depositando las resacas crasas
en los bancos que bordean el paseo,
donde sedimenta la maledicencia envenenada
de todas las toxinas de la fatiga
con todo el peso irreflexivo de los traseros,
y amarra sus rabos demoníacos
a las patas de los bancos.
Y mientas yo percibo en mi turbación
que la ópera italiana se refugia en los kioscos musicales
de provincia,
las núbiles parejas adelantan sus dúos almibarados
hacia los bancos.
Él, echa su aliento de más calor visceral
sobre las mantecas amorosas de ella.
Ella, cruza las piernas,
y, por abajo,
deja correr los óleos del amor liquefacto…

Tesis:
el provinciano es un animal sin psicología.

4-X-24



El inconjurable poema de la barba.

Agente natural de la civilización,
el peluquero está instituido para combatir
las ingencias salvajes de la cabeza humana.
La humanidad en masa
debiera detenerse un segundo, de pronto,
como si se hubiera trabado la película de la vida,
en su homenaje,
y volver el rostro,
y decir a coro:
“Gracias!”.
(Sé que esto no es posible, porque
más fuerte que los impulsos de la gratitud
son los horarios, por ejemplo,
pero sería justo).
Yo también –pero siempre
menos que otros-,
estoy condenado al banquillo del peluquero.
Lo confieso con la emoción necesaria
que me impone el tener que enfrentar mi hiperestesia
en el espejo,
como en un caso de conciencia,
mientras noto que bajo mis asentaderas el banquillo
se descadera en voluptuosidades criminales.
No! y no!
Yo me siento incómodo en el ortopédico banquillo
porque siento
que la imagen del espejo
me quiere ejemplarizar con un ejemplo de niño de babero,
y yo no quiero ejemplos
sino raptos.
Sólo el peluquero sabe desmelenar ahora.
Eso es reparable, ahora
que la humanidad ha conquistado la gomina
y la sífilis.
Y sólo el peluquero
apoya la mano sobre la cabeza de los calvos
con algo así como una idea de noble empresa ascensional,
escaleras arriba,
hacia el cielo
que es el sentido de la alopecia…
El pulverizador tuerce y endurece el cuello
como si le atragantara un súbito canto de gallo.
Yo pienso:
con estos elementos, nada más,
qué gran artista sería el peluquero
si no le venciera el don de la palabra;
si su visión
no se anegara tanto en el color exánime de sus lociones;
si su olfato
no predispusiera tanto a una atmósfera emulsionada de alcoba;
si al asentar su navaja
no volviese los ojos torcidamente
hacia uno;
si al rasarle a uno el bigote
tomándole por la nariz
no le dejase el labio leporino,
y pusiese en su boca un fruncimiento de beso pudibundo!
Poseedor
del pulso exacto de los perfectos desbrozamientos,
así sabe darse el escultórico placer
de arrancarse los rostros en la última limpidez
de los perfiles fisonómicos,
desde el fondo negro y blanco
de sus regresivos erizamientos
y de las espumas,
con que , sólo, se les sofoca.
Llegaría a consumarse
EL ARTISTA
si se decidiese, y
-en un cercén heroico, él, que tiene la navaja-
independizase de una vez
la cabeza,
del resto irreductible del cuerpo.
El pulverizador estallaría
con todas las salivas de su continencia.
Flotaría un olor de crimen ridículo, un instante,
pero el Arte se habría impuesto
al fin.

13-IX-24


(la nota se publicó originalmente en www.revistateina.com)

UNCA BERMEJA

















Estos tres poemas pertenecen a Unca Bermeja (1973), uno de los poemarios fundamentales del poeta pampeano Juan Carlos Bustriazo Ortiz (1929).

UNCA BERMEJA


1
caéme la luna de las derrotas
rómpeme el aire las muchachas
que tengo en las pérfidas sienes
en la derecha costa mirla
bájase otoño de las nieblas
bájate niebla hasta mis muslos
regalaréte lengua ansiosa
hasta agoniarte y fallecérteme
hasta que mi amor póngate en yesca
rómpete taza sin ponzoña
estaráste en qué galladura
en qué preñez en que siga ardiendo
hasta quinientos o tres mil años
ay mi casada de tornasoles
mi algarroba de treinta sombras
entreilusionado no veréme
y en tus trémolos no seré padre
ay mi junca desriñonada
mi descaderada chilca augusta
ni mi partida muy serásme!

21 de otoño


2
en un caldén de agua llovida
anaranjado el quejón llámate
el que tócase el pecho malo
con un ala de rocío puro
nunca jamás habíalo visto
y eso que anduve en dos mil montes
habrá querido que así viéralo
para que oyera que llamábate
ay el quejón anaranjado
pidióme el juan para humanarse
para quejarse loco y pintado
inmóvil en sus regias plumas
he ahí que vino un chingolito
con su arpegio húmedo y verde
y el chingolo dijo tu gracia
desde un molle tirando a triste
y el que rumora “bicho-feo”
hermosamente cantó tu aura
ay en el monte ensangrentado
saquéme ojos porque comieran!


3
y quisimos soplar las aguas
donde el redondo barro písase
pero sonrióse como espejo
tan señora el agua acostada
las caderas azules negras
el ombligo negro claroso
quisimos buscar las gentes
habíanse hecho alas como humo
quisimos salvar los panes
los lingotes de hechura prieta
deshilacháronse sin un ay
en hilillos de barro verde
quisimos los artesonados
los piquillines espejuelones
entredichosos sonreíanse
barrosamente pasó una urraca
con un rosado gusanillo
no sé si un día volverá el sol
no sé si un día bajará ella


-----------------------------------[Bustriazo recitando]


Unca Bermeja o la sinfonía del lenguaje
Por C. J. Aldazábal


La primera noticia que tuve de Juan Carlos Bustriazo Ortiz (La Pampa, 1929) me llegó por correo. Eran unas fotocopias que me obsequiaron los amigos del grupo Patria de Arena: material delicado, frágil, hojas quebradizas que delataban antigüedad y olvido. Fue en el año 1998, y todavía el nombre de Juan Carlos Bustriazo Ortiz era para mí un enigma que sólo deparaba curiosidad. Pero esa curiosidad, y debo apurarme en aclararlo, pronto se trocó en admiración: ahí estaba la poesía, ahí estaba la música, ahí estaban las Elegías de la Piedra que Canta (1969), Unca Bermeja (1973) y Quetrales (1967). Una ínfima muestra de una obra grandiosa que en su mayoría no ha visitado las imprentas.
Pero ahora voy a referirme a Unca Bermeja, poemario escrito en 1973.


Unca Bermeja es un libro formado por 20 poemas. En cada uno de ellos la respiración se adensa hasta cristalizar en una máquina lingüística y musical de una perfección y originalidad inusitadas. Es una costumbre de Bustriazo hacer magia con la poesía, encantar con una armonía apelmazada en la ruralidad pampeana para luego estallar en sinfonías vitales por donde transita la belleza del mundo.
Pero el mundo de estos poemas es la mujer. Ella es la calandria, la cardenala que se recrea con un color gredoso que recuerda el mito adánico del barro primigenio. Y esto es así porque Bustriazo recrea en sus poemas el horizonte cercano de un cuerpo jadeante, un cuerpo que se explora en la palabra viva que el poeta conduce eróticamente.
Erótica de la palabra. Unca Bermeja es un lenguaje silbador, un lenguaje de payada que remite a una gauchesca vital, con un gaucho trasmutado en baqueano de la música, encantador auditivo de la llanura pampeana que respira en los poemas. Bustriazo recurre al arcaísmo para decir un mundo completamente nuevo. Radicalidad vanguardista que atesora la polisemia de vocablos antiguos, y por lo mismo novedosos, donde el ritmo silábico propone climas entusiastas que hacen de la palabra un esquema celebratorio lleno de sentido existencial. Es un juego de lenguaje donde se advierte el espesor de la existencia, una existencia que crece sobre el desierto lingüístico hasta desbocarse en la espuma de un río capaz de fertilizar los páramos del salitre.

Suelo imaginar en Bustriazo al mismísimo Yupanqui rodando por el mundo. Porque él, como el viejo Atahualpa, ha rodado por su provincia, respirando poemas en las nervaduras del pasto. El mismo pasto que se ha vuelto espinillo para parir en tierra la lombriz oxigenadora que cruza una promesa de resurrección, lombriz sanguinolenta, unca bermeja del amor que nace. Ya en Elegías de la Piedra que Canta despuntaba su precisión fatídica, abanicando a las muchachas con diminutivos acariciantes como “huesolita”, o metáforas sugerentes como “luna repetida y repetida hasta mi hueso” o “piedra que canta el canto cósmico”.
El canto cósmico de Bustriazo, es preciso decirlo, no ha cesado desde entonces, aunque el tono elegíaco a la amada, metamorfoseada en piedra cantarina, se transforma, en Unca Bermeja, en una ofrenda para su boca. Una ofrenda compleja que se despliega en imágenes de caballos y piquillines, pájaros y árboles e insectos del espacio pampeano, imágenes que son el equivalente al vestido de la tierra-mujer, la fecundadora que cobija en su humedad a las lombrices.
Es preciso aclarar que estamos frente a un poemario perfectamente realista. La tentación de hablar de “surrealismo” y de “imágenes forzadas” debe apartarse rápidamente. Recurrir a esos atajos sería desconocer la existencia de un saber rural puesto en escena, un saber que remite a conocimientos telúricos y a profundas experiencias espirituales de las sociedades premodernas, cuya magia, como un desafío al supuesto “progreso” occidental, ha permanecido en los resquicios de la América Profunda.
En Unca Bermeja Bustriazo reactualiza el orden de las cosas mientras las va nombrando. Pero son las mismas cosas que él observa las que dictan el lenguaje con que deben escribirse. Siempre he pensado que un poeta es el que puede hacer que simples enunciados lingüísticos adquieran la performatividad necesaria para que el acto poético no sea pura descripción, y la magia ocurra. Y esa magia, qué duda cabe, susurra en el lenguaje de estos poemas. Aquí también, como en Pedro Páramo, hay almas penando: “el alma del conde”, pero, fundamentalmente, el alma que canta para la boca de la tierra, el alma quejosa del poeta que se queja en dicha del decir, dicha lingüística de la sinfonía bustraziana.
Es una redundancia, pero quiero insistir: en estos poemas hay sinestesia por todas partes. Olores, colores, sabores, sonidos, texturas. Una fiesta sensorial en la que un lector desprevenido puede perder el sentido trivial de los días, mareándose en un festín de frases y esplendores, un festín lingüístico que hace de esta estética una perceptible vivencia de la poesía.
La lectura podría seguir. Los poemas incitan, desafían. La polisemia derrocha seducciones, igual que las mujeres pampeanas que crecen en las sienes de Bustriazo. Pero también es prudente el silencio para que la poesía taladre, horade por sí misma. Entonces aquí ceso, trepándome a las palabras del poeta, palabras que, por suyas, no dejan de pertenecernos a todos.

SE HARÁ JUSTICIA?











Este relato de Alejandro Ahuerma y Agustín Poma, narrado en una presentación judicial, da cuenta de una realidad ignorada hasta la fecha: la existencia de fosas comunes en el cementerio de la Santa Cruz (Salta), abiertas durante la última dictadura, con cuerpos que aún esperan ser identificados, al igual que sus asesinos.
Las fotos de Alejandro Ahuerma corroboran el testimonio...


La mañana anterior a otro aniversario de la Masacre de Palomitas, es decir un 5 de Julio de 2.007, al asistir con 4 alumnos de la cátedra (de radio de la Universidad Nacional de Salta) para acompañarlos a realizar un trabajo práctico que consistía en fotografiar los trabajadores y los oficios, y que habían elegido seguir en sus tareas al cuidador del Cementerio de la Santa Cruz, debido a que descubrieron que éste era un oficio que se transmitía de padres a hijos, y al esperar que fueran las 8 de la mañana para comenzar a acompañar en sus tareas al cuidador, nos internamos en la oscuridad del cementerio hasta que clareara.

Al salir de las oscuras galerías, ya llegadas las 8 de la mañana, nos dimos con que al cuidador lo habían mandado a la carpintería y que había que esperar un rato a que volviera, mientras un empleado nos decía que un funcionario a cargo del Cementerio quería hablar con nosotros para saber de qué se trataba el trabajo que hacíamos. A partir de ahora el relato de lo que nos interesa, será lo más fiel posible al recuerdo de mi memoria, las palabras quizás no sean exactas porque no fuimos a grabarlo ni nos imaginábamos que nos íbamos a encontrar con un testimonio semejante, y por lo demás protegeré en este escrito tanto los nombres de quienes dieron ese testimonio como los de mis alumnos que fueron testigos de lo que escuchamos, pues Ud. Sr. Fiscal sabrá llevar adelante una investigación y llamar a las personas necesarias para que reafirmen y aporten claridad a la investigación.

Cuando ya estábamos en la oficina de la Administración, luego de presentarnos y de exponer las razones de nuestro trabajo, ligado a la fotografía periodística el funcionario en cuestión nos habló de un proyectos cultural que él tenía para el cementerio, nos dijo que no le llevaron el apunte en el Honorable Consejo deliberante y que hasta un Consejal de la Bancada Oficialista le dijo: “Ud. no se ande haciendo problemas por estas cuestiones, déjelas como están, Ud. No es de aquí.” Lo mismo que le dijera un agente de la SIDE enviado desde BsAs que lo visitó y “convenció sutilmente” que dejara de investigar ciertas anomalías dentro del cementerio. “Los muertos ya están muertos” creo que le dijo, “no se meta en esto”.

Luego de hablar de su proyecto y de las tumbas históricas de personajes célebres que alberga nuestra principal Necrópolis, el funcionario habló del destino que tenían los féretros “desalojados” por falta de pago que terminaban en una fosa común, que se abría en diferentes sectores cada tanto, y nos habló del sector en que se abrían esas fosas y que queda en el sector Este del cementerio detrás del panteón central del Centro Argentino y antes de las galerías del fondo, un campo que en otros tiempos albergara tumbas y cruces y que a partir del proceso militar se arrasó para no dejar señales. Allí fue que habó de un sector que no podía tocar ni abrir, “un sector-dijo-donde hay una fosa común como de 30 metros, de esa época… (silencio) uds. saben no? de la época brava…” a lo que yo le respondí: Sr. Disculpe, yo sí sé de que época está hablando, pero los chicos tienen 20 años y no saben ¿podría Ud. explicarles de lo que está hablando? A lo que dijo: -Sí, de la época de la subversión”.

-¿Y por qué no se pueden abrir? pregunté, “Porque hay una orden de un juez que prohíbe tocar nada de eso, ni esa fosa ni unos nichos que hay sobre la pared que da al Portezuelo, se supone que en esos nichos hay también desaparecidos porque no tienen ninguna identificación y no aparecen los dueños. En la fosa seguro que hay, aquí trabaja un empleado todavía que ha trabajado de sereno en esa época y que lo hacían quedarse de noche para abrir el portón a los militares que entraban en camiones Unimog’s a tirar cadáveres sin féretro ni nada en esa fosa que era solo de ellos”.

A la vez nos contó que cuando asumió en su cargo “lo obligaron a firmar un acta juntamente con el encargado del Panteón militar (fundado un 28 de agosto de 1976) que en el mismo existe una población de determinada cantidad de cuerpos, y que sin embargo él está seguro de que existían muchos más cuerpos que los declarados. Tema que habría que aclarar urgente ya que a pesar de haberle solicitado a los responsables una declaración jurada de la cantidad e identidad de los cuerpos alojados allí en el Panteón Militar, nunca se la presentaron.

De ese testimonio Ud. Sacará varias conclusiones sobre el accionar del ejército en esas noches para no abundar en detalles en esta presentación sobre los aspectos mas relevantes, para que nos ayuden a determinar responsabilidades tanto en lo que respecta a los hechos en sí o sea que nos lleven a determinar quienes son los autores materiales de aquellos hechos tan aberrantes, como las responsabilidades políticas de quienes dieron las órdenes de realizarlos como de quienes incurrieron al menos en el encubrimiento por el ocultamiento de estos hechos.

Es importante también destacar la existencia de otro empleado que aún trabaja en el ámbito municipal y que fue el que ayudó a contar los pasos una vez que se desenterraron de esa fosa tres cuerpos, dos mayores y un menor, todos asesinados a balazos, de ello, cuenta el sereno, hay declaraciones testimoniales cuando los llevaron a todos los empleados a declarar al Distrito Militar Salta, pero nunca en la justicia Civil. Otro detalle a investigar es que entre las personas que fueron a hablar sobre el tema con él, se encuentra quien actualmente es Diputada provincial por el PJ, la ex detenida política Nora Giménez, quien integra la Comisión de Derechos Humanos de la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia, y que a pesar de estar enterada de todo esto nunca lo denunció.

(fragmento de una presentación judicial firmada por Alejandro Ahuerma y Agustín Poma)

HUESO

Tal el título del último libro de Natalia Fortuny. De allí este poema:

estudio en anatomía

ahora

no es nada

pero ¡entonces!

el blanco

del telgopor

una sábana

diminuta para la muerte

una sábana de dos placitas

tamaño animal

doméstico

la noche anterior

elegimos un sapo

uno gordo

que comía los bichos de la galería

venían en verano

los bichos enfermos de luz

mareados

los sapos verdes

llegaban un poco más tarde

se corría la voz

venían a cenar

esto no es por matar

es por la ciencia

¿lo entienden?

las niñas siempre

quieren ver sangre

aunque asuste un poco

el formol llenó el aire

durmió al sapo

crucificado en la blancura

con alfileres

y a nosotras

un poco

íbamos fascinadas

cristo batracio

rey de los anfibios

jesús nuestro de jugar

cada día

respiraba

con el vientre abierto

la sangre negra

rarísimo de espesa

fuimos aprendiendo

mejor que en los libros

vimos el corazón

latir desde adentro

sus huesitos de cangrejo

y en las tripas

insectos enteros

después matarlo

fue una tontería

la naturaleza

se ofrecía

distante y pálida

nosotras

dormimos bien

esa noche

y las siguientes.

jueves, septiembre 06, 2007

LOS BULTOS



Uno de los grandes relatos del maestro Carlos Hugo Aparicio (La Quiaca, 1935). Que lo disfruten.



Al sacar mi pasaje lo vi por primera vez. Me llamó la atención acaso por el chico morenito. y de cabellos revueltos que tenía de la mano o por la ocurrencia de cerrar los ojos así de pie, casi al último de la fila, como si quisiera de verdad dormir; la cara requemada y tirante en los pómulos, bajo de estatura, engordado, seguro por la edad y la vida disipada que denunciaba cierto sensualismo de su mirada semidormida, vestido por los baratillos y las ocasiones sin importarle el celeste ridículo del traje, grande para él; de vez en cuando sacaba el pañuelo arrugado del bolsillo de atrás para limpiarse la boca de no sé qué murmullos, mientras el pequeño pegado a sus piernas era la imagen de la soledad huraña que en esas regiones se trae desde la cuna. Nada más. Después lo olvidé y hubiese sido para siempre si no estuviera en este mismísimo momento acomodándose para compartir mi asiento en el tren, con sus cinco bultos respaldándolo desde cualquier sitio posible, una valija marrón, barata y baqueteada la pobre, reforzados sus cierres con piola dándole vueltas varias veces a lo ancho y a lo largo; un canasto amarillo con franjas rojas despintándose por el uso, lleno hasta rebalsar en un lomo contenido por lo que parece mantel o servilleta grande; dos cajas, de esas de zapatos, por reventar y también aseguradas a nudos ciegos de piolín; y otra caja más grande envuelta en bolsas vacías de harina o de cemento, palito como dirían los changos en el barrio, todos a su alrededor, arriba, debajo del asiento, qué llevará este tipo, no me dirá que se está trasladando; aunque no es el único, hay quienes suben aún mayor cantidad de bultos.

Las prolijas y enérgicas revisaciones aduaneras de los días hábiles no son frecuentes la mayoría de los domingos como hoy, salvo algún funcionario soñoliento, uno que otro gendarme desvelado se hacen presentes por formalismo a palpar apenas algunos equipajes, nada a fondo como los lunes por ejemplo, abra esa bolsa, vuélquela no importa en el piso, desate esa valija; manos ciegas adentro, escarbando implacables, tanteando por la presa valiosa.

Cómo demora en partir este tren, ya debe estar atrasado; mi impaciencia hojea sin interés el diario de hace tres días (así llega aquí); a mi alrededor crece la agitación con inminencia de última campanada; gente que sube traspirada y acezando, busca lugares apropia dos, aquí che, que no da la luz; gente que se despide en voz alta, saludálo en mi nombre, escribí, no seás floja y no te olvidés de averiguarmeló; gente en el andén, ofertando empanadas, refrescos, masitas, y a escasos cien metros la campana de la Iglesia llamando a misa, y esta ternura que me nace por las calles siempre pálidas y polvosas, abiertas en la soledad, con alguna sombra esporádica yéndose apurada o quedándose al sol, tomándolo casi con abandono absoluto.

La familia en pleno lo ha estado ayudando; su mujer pequeña, bien nativa, ocupándose con manos inquietas y duchas de esto o de aquello, con la seguridad de quien está acostumbrado a hacerlo; los cuatro hijos varones, incluido el pequeño, colaborando a la par, alcanzáme las botellas, subí la bolsa de naranjas, no te olvidés de echar la carta, mejor certificála, hacé el telegrama; y después de nuevo el silencio como una red de la que es imposible escapar; ni siquiera hay la despedida que uno se imagina, insensibilizados como están por esta rutina, con la resignación del que no conoce ni quiere conocer otra cosa, y si lo quiere se lo traga hasta olvidarlo.

A mí, particularmente en esta ocasión, me molesta sobremanera tener que viajar en compañía; no me gusta confraternizar, prefiero gozar en soledad de lo que puede depararme el viaje; qué lindo hubiera sido disponer para mí solo de la ventanilla, sentirme cómodo, a mis anchas, ir saboreando sin testigos meteretes este paisaje entrañable, estirar las piernas hasta el asiento del frente si era necesario, moverme a mi placer; y qué macana si se larga a charlar, cuando toman y apenas se chispean algunos hablan hasta por los codos; que lo parió, cómo no me compré boleto de primera, sólo por ahorrar unos cuantos pesos; ahora con el tren en marcha ya es tarde, y para peor saca no sé de dónde una botellita verde y sin ningún disimulo comienza con los tragos y los tragos, saboreándolos hasta pasarse la lengua por los labios y limpiárselos luego en la manga del saco mirando de paso furtivamente mi mal humor al compás de su coca disimulada como una levísima hinchazón de muelas.

Y ya desde la primera estación comienza a manifestarse su apetito; una sopa aquí, tamales allá, otra botella llena en lugar de la vacía, empanadas de pollo que come quemándose y un vaso de vino tinto para asentarlas.

Era de esperar, con la embriaguez paulatinamente va disipándose su desconfianza; se le va suavizando el rostro áspero, adquiriendo cierta sociabilidad y no sólo en apariencia, sino que después de algunas vacilaciones, por fin parece decidirse.

¿Qué calor, no?, ¿viaja lejos amigo?, me parece haberlo visto antes, ¿no?, qué suerte que no revisaron, ¿no? gracias a que es domingo ¿sabe? vamos a ver más adelante…

Y otro trago, y otro puñado de coca, y otro mordisco a la piedrita gris que saca del bolsillo y escoge de entre monedas, fósforos sueltos y hasta pastillas de menta y píldoras; y yo qué voy a querer de la misma botella ni en broma.

¿Vio mis hijitos, don? y eso que faltaba el mayor, ¿sabe?, lo tengo estudiando en un Colegio de Salta, ¿sabe? sale caro, por supuesto pero qué le vamos a hacer si uno no se sacrifica por ellos, ¿quién más no? y sabe don —ahora: susurra— con esto se gana, cualquier cosa, allá se pelean por las medias, por las radios, basta que sean importadas pagan lo que se les pida, ¿sabe?, claro que hay que saber rebuscárselas, tocar a alguien importante, ¿no? —guiña un ojo— buscarse alguna cuñita ¿sabe?,

me lo cuenta sin la menor desconfianza, siempre amable, aunque una forma de mirar como escurriéndose, una chispita repentina aflora de tiempo en tiempo en sus ojos ya irritados. Casi sin darme cuenta empiezo a alargar mis respuestas, a prestarle mayor atención, a preguntarle a mi vez sacando más frecuentemente la mirada de estas lejanías abrumadoras; ahora sé lo que lleva y me admira que lo haga tan a la vista; exprime salivosamente, puede ser fácil la décima naranja; una sí la acepto; la pelo a las apuradas, desde su boca a la mía se traslada involuntariamente el deseo imperioso.

Pasar la frontera no es problema, ¿sabe?, de noche por las quebradas y el río, sobre burros o a la espalda nomás, ¿sabe?, lo jodido es llevarlo al sur; si a uno lo pillan está listo, ¿sabe?, además de quitarle todo lo fichan y lo meten preso; claro que se sale pero ya no es lo mismo, ¿sabe? uf, hace ya tanto que ando en esto, ¿sabe?, estoy tan acostumbrado... además no sé hacer otra cosa… y como le digo, sangre fría y suerte, sabe, don...

Y los tragos se suceden como los mojones de los kilómetros, y la voz traspirada va decayendo y dando paso a un sueño húmedo y pesado.

Afuera pasa lo de siempre, primero la pampa pelada y dura de la puna, con su sobresalto de llamas de ojos de mujer ojos diseminadas en la inmensidad desolada de 1a tierra ocre perdiéndose contra los lejanos cerros azules, tierra de una belleza que se da sin precio ni consuelo; después, y a medida que se desciende, el suelo va verdeciendo tímidamente y los arbustos se mezclan con los cardones y los primeros árboles, sin olvidar del todo aquella piedra solitaria, sentida como la piel del hombre que trepa al tren donde nadie se imagina y se envuelve en un rincón de intemperie vieja como su poncho.

Ahora un ronroneo envidiable acompasa su respiración; el sol que irrumpe por la ventanilla le quema seguro la cara de brillo aceitoso; una lentísima gota baja rastreando por la mejilla derecha y la comezón que me da a mí a él no lo inmuta; se me está haciendo simpático, ya no me importa tenerlo al frente; y miro en él al pequeño del mechón rebelde, inmóvil de su mano como mimetizado por el afecto o el miedo. Recién se despierta, se prueba la saliva; pestaña; con el revés de la inane se seca la frente; estira pegajosamente brazos y piernas; bosteza aflojándose el saco; repara en mí como disculpándose; escupe sobre el piso, entre sus pies, y pisa restregando el escupitajo; respira hondo y en seguida se hurga impaciente por la botella; le da un trago interminable.

Se le ocurre levantarse en cada estación o parada,

Me cuida los bultitos, ¿quiere, don?, vuelvo enseguida, ¿no se le ofrece nada, no?

y se baja al andén; desde luego otra empanada, otro vaso de vino, qué aguante.

Dormito también, o al menos trato, o si no, miro la gente que sale a ver pasar el tren; las muchachas en especial que pasean bien arregladas y alegres; por ahí también me compro un quesillo, una manzana.

Cuidemé mis

bultitos, don, esos cinco, ¿sabe?,

sí, ya sé, ya sé, los tengo metidos en la memoria de tanto mirarlos y cuidárselos; esto ya no me gusta; conversar, acompañarse, pasar el rato, vaya y pase, pero cuidarle sus cosas en cada detención sin que yo mismo, pueda moverme para mis necesidades me suena como un abuso, una falta de delicadeza; no se da cuenta o no le importa; qué desconsiderado, él dándose los gustos y yo velando por su contrabando, sí señor, su contrabando; se me vuelve la antipatía, la incomodidad, que lo parió, en primera se rola con otra clase de gente, de más categoría, turistas, estudiantes, personas respetables;

Cuidemé mis bultitos, don.

Ya ni necesita decírmelo; y, es el colmo, ya ni me lo dice; se levanta y se va, y yo, señor, clavado en este lugar como un cómplice cualquiera, a cargo del platal en medias de náilon, transistores, relojes y qué sé yo.

Y tiene suerte el tipo; la suerte que se ruega seguro allá detrás con velitas a la virgen; suben gendarmes del sur, se les nota en la tez clara, en los ojos, en los cabellos, en el acento; parecen contagiados del desgano del domingo pues se conforman con mirar al vuelo, pedir algunos documentos y listo;

Puede decirse que ya estoy salvado, ¿sabe?, aunque revisen a la llegada, allá me las sé arreglar, ¿sabe, don?...

Y otra vez el guiño confianzudo del ojo; y no sé qué contestar unido como me siento a su alegría; la vela lagrimea incesante frente a la imagen impávida de la virgen en la estampita dorada y vieja.

Otra estación a la media tarde y

Cuidemé los bultitos,

¿ya?

cuándo no; paciencia; me da sueño, sin darme cuenta dormito unos segundos, bruscamente me repongo, aspiro hondo, abro bien los ojos, pero tras un pestañeo inútil caigo dormido del todo; la modorra me puebla corno un arrullo poderoso, me entrego totalmente al sueño a pesar del último esfuerzo de la voluntad pegajosa.

Me despierto al rato; el tren se halla en plena marcha; me despabilo avergonzado, sin embargo nadie repara en mí, y hasta hay quienes duermen en insólitas posturas. Pero qué pasa, el del frente no está; los bultos, uno, dos, tres, cuatro y cinco, sigue en sus lugares tal cual os dejó; con quién se habrá encontrado tal vez en otro coche; mejor así, por lo menos me deja tranquilo; pasan los minutos, otra estación, de nuevo en viaje, y no aparece; me da rabia, por qué tengo yo que afligirme, que aparezca cuando se le dé la gana y si no aparece a mí qué me importa; súbitamente me pongo de pie, renegando entre dientes recorro el tren de punta a punta y no lo encuentro; dónde se habrá metido, hay que joderse, qué me hago ahora; ¿lo estará haciendo a propósito?, ¿para qué?, ¿por qué?; a lo mejor no es con trabando o es uno más serio de lo que pensaba; me fijo asiento por asiento, en el coche comedor incluso, y no está, ni señas; a quién contárselo, pedir ayuda, ni soñando; lo más probable es que haya perdido el tren; un vasito de cerveza más, sirva otro plato, hay tiempo; se ensordece uno a veces con algún sabor, alguna sensación; merecido lo tiene, qué forma de viajar, se diría que lleva trapos o papeles viejos; y no digamos su falta de cortesía, señor, ésas no son maneras; qué hago, qué hago, me dan ganas de irme a otro coche, y que se vayan al diablo sus cosas, qué tengo que comprometerme por un desconocido; pero no puedo, no puedo; además estará desesperado,

Mis bultos, mis bultitos, paren el tren, dónde hay auto de alquiler, por favor, pago lo que sea, Dios quiera que ese señor tan atento me los cuide, mis bultitos...

Se me van como por encanto el sueño y el cansancio; no quiero ni pensar en el lío en que me estoy metiendo, ni que haya otra revisación aunque invente excusas inservibles, maneras ridículas de burlarla; de ésta sí que no me salvo; bueno, si vienen les digo la verdad, que no son míos y chau; pero ésa no es la verdad que siento, la que me deja conforme y no tardo en comprobarlo:

Esos bultos, señor, ¿son de usted?,

Si,

son míos, míos

Ah, está bien, boletos por favor, boletos…

Así que son míos, pedazo de estúpido, míos; los miro rencorosamente, los odio, los patearía hasta cansarme; aunque no sé, algo me impulsa a ampararlos, a no abandonarlos. Me aquieto, trato de resignarme, qué más me queda. Cómo será mi desatención a los demás que recién me doy cuenta de que entramos melancólicamente en la noche y con ella en los últimos tramos del viaje; he perdido la noción de la distancia, del tiempo; mi traje está arrugado, sucio de tierra, en mi piel siento una sequedad agobiante, como si por horas hubiese estado la vida, el tiempo bajo mi piel, y yo encima, inalterable, inmóvil.

Me resigno a que no aparezca; ahora lo que me preocupa es que me registren en la llegada; cómo bajo los bultos para no llamar la atención, con quién me encuentro, qué vergüenza, a cuál hotel voy, cómo averiguo del tipo, a lo mejor se consiguió nomás un auto y me estará esperando entre afligido y sonriente, el pobre, qué suerte, qué alivio bárbaro, me miro darle la mano, abrazarlo,

No, no es nada, al contrario, mucho gusto, el placer ha sido mío…

Claro que de haber sido así tenía ya tiempo de haberme hallado en alguna estación anterior; lo más seguro es que esté la policía,

Usted es su compinche, confiese todo

No, yo no sé nada, lo juro por mis hijos, no sé nada, es tan sólo una casualidad maldita...

Pasa de nuevo el guarda, se me hace que me mira con mayor fijeza; sin embargo sonríe al pedirme el boleto; ya estamos llegando.

Revisan. Nadie se puede librar. Por una denuncia, hoy el registro será más riguroso. Se me afloja el estómago, la memoria, las piernas; traspiro entero; me cuesta respirar, se me traba la lengua, tropiezo al primer paso, quisiera meterme en el último rincón, esconderme para siempre; yo no he sido, señorita; ha sido el niño de aquel banco; yo no he sido, papá; yo no he sido, mi sargento; señor jefe, yo no tengo la culpa.

Nos hacen bajar en orden estricto para irnos me tiendo en un galpón amplio; ahora negar sería infantil, yo mismo he acarreado uno por uno los bultos delante de todo el mundo, los he acomodado a mi lado, sin fuerzas para rebelarme aunque mi mujer llore toda la noche y mis hijos me llamen a los gritos.

Revisan gendarmes y aduaneros de civil, sin pausas, con saña, seguros de encontrar lo que pretenden; ya hay varias valijas desentrañadas, algunas sin culpa, otras con el delito a la vista, a los pies de los responsables; llora una mujer retorciendo su pañuelito, mira un perro en los ojos.

No sé por qué me he tranquilizado, será que en el fondo no soy culpable, será que guardo la secreta confianza de ver aparecer al dueño el rato menos pensado y se haga cargo como corresponde, él es canchero y no le va a ser difícil superar el mal momento; será lo que Dios quiera; me asombro de mi propia calma, hasta se me ha disipado por completo la indignación que tenía contra el verdadero responsable.

Le toca a usted, amigo…

El oficial me mira, después mira los bultos, sólo un ratito, me mira de nuevo más fijamente, no disimula la sorpresa y suelta sus palabras como si no hubiera nadie más que nosotros dos:

¿Vos aquí?, qué hacés viejo, cómo te va; mirá dónde te vengo a encontrar, te acordás de mí, ¿no es cierto?

(No me acuerdo un pito, no lo conozco ni jamás lo he visto antes.)

Sí, claro…, qué tal, cómo no me voy a acordar…

Qué hacés che; y esos bultos, ¿son tuyos?

Y, sí, son míos…

Bueno, siendo así llevatelós nomás, qué te voy a revisar a vos, sos mi amigo, ¿o no?,

Y su carcajada es como una lluvia torrencial sobre la mayor sequedad de que tenga memoria; qué frescura para desnudarme entero y bailar de alegría; qué sed repentina para beber el trago del alivio más largo del mundo.

Además te veo después de tantos años y siendo mi viejo amigo basta, ¿eh?

Me palmotea confianzudamente; por mí puede golpearme si quiere; me ayuda solícito a conseguir changador, me despide alegremente;

Si te quedás unos días a lo mejor nos vemos por ahí..., sería lindo para recordar tiempos idos, ¿eh?, chau viejo;

Chau, chau, gracias, muchas gracias...

Con cada palabra trato de vaciarme la mala sangre, el pus, de quedar limpito; los nervios afuera como los cables gastados de una luz dolorosa, todo a la basura, mientras voy dejando atrás, sin volverme a mirarlo siquiera, el último saludo de esa mano extraña.

No me acuerdo el nombre del Hospedaje, ni cómo he subido hasta este cuarto en el segundo piso, ni quién me ha ayudado, me ha atendido; solamente sé que tuve tal sed que me tomé tres naranjadas al hilo, si no me equivoco al contar las botellitas vacías sobre el velador. Tirado, sin desvestirme, sobre la cama, he dormido de un tirón, sin un sueño.

El sol penetra por la ventana abierta, se expande por la pared como una mancha de aceite. Me levanto, me aseo, mientras me cambio de ropa los descubro tal como los dejé, amontonados en un rincón; de golpe me siento otra vez como en un nudo ciego, y al acercármeles para acomodarlos mejor, noto en el aire como el rasguño de una desconfianza, el gruñido de dientes inamistosos, me detengo tercamente rechazado; intento varias veces aproximármeles pero me quedo en el ademán trunco de acariciar a un perro abandonado, bruscamente hostil.

Salgo a la calle desorientado; no sé qué voy a hacer; leo de punta a punta el diario, en vano; merodeo por la Estación; a la Policía no puedo ir; ni siquiera le sé el nombre ni la dirección como para escribir; si no fuera que jamás creo en cosas sobrenaturales, no sé qué conclusiones sacaría.

No vuelvo al Hospedaje en todo el día; vago por la ciudad buscando entre la gente algún rastro, algún indicio; en el mercado gasto horas con los que comen olvidados a lo largo de mesas comunes y beben interminablemente. Cómo puede ser, qué es lo que en realidad está pasando; no hay lógica, no hay explicación.

A la tarde entro a un cine para olvidarme un poco, pero es inútil, yo sólo miro películas de un desaparecido que me condena a un arrinconamiento en plena intemperie, a ser un náufrago mudo en medio de miles de manos disponibles.

Al volver a mí habitación me cuido de hacer ruido, no quiero despertarlos, temo a los dientes por morder, los respingos huraños; sin prender la luz me acuesto a la adivinanza, me tapo cabeza y todo.

Madrugo; nunca me he vestido tan rápido ni tan a los tirones; salgo a la calle sin mirar siquiera el rincón hostil; no quiero volver más a ese cuarto, que se pudran; hoy mismo me voy; no sé si lo he soñado o lo he sentido entre sueños: toda la maldita noche sollozos arracimados, apenas perceptibles, ayes lejanísimos, gemidos como enterrados, aullidos diminutos; quejidos diminutos, voces como en sorda oración. Me viene una pena más grande que yo, lástima de mirar por ejemplo la soledad de la vida delante de una familia entera humildemente agrupada para una fotografía amarilla; ando extraviado por calles cuyos nombres olvido; ni en las plazas siquiera hallo sosiego; la mosca de un presentimiento zumba terca alrededor de mi corazón aunque me niegue con todas mis fuerzas a hacerle caso.

Y entonces todo es como una trompada traidora en la nariz o un telegrama de luto al alba en menos de siete líneas del diario, escritas sin saberlo justamente para mí, entre titulares de guerras, revoluciones, huelgas, amores, la página social, las loterías, necesito muchacha buen sueldo, el próximo domingo otra fecha del campeonato de la Liga; pobre tipo, ya sabía yo, quién aguanta comer y comer, chuparse botella tras botella; alguna vez el corazón también se cansa.

Corro a lo que doy, tropezando contra la gente, chocándola, subo las escaleras a los saltos, casi me resbalo y me voy al diablo; qué desgracia, abro la puerta con los dedos con lágrimas, me arrodillo junto a ellos; mansamente se entregan a mis manos, los acaricio enceguecido entre papá, papito, mi marido; trato de suavizar los nudos de la piola, palpo temblorosamente la piel gastada de la valija, quisiera abarcarlos en un solo abrazo que los haga llorar, desahogarse sobre mi pecho, humedecerlos de lo que pudo ser lo último en gritar, en pensar, en pedir, mis hijitos, mi mujer, mis bultos.
1974

LOS DÍAS DE APARICIO















Este fue el texto que leí en la presentación del libro de Carlos Hugo Aparicio, el 17 de Agosto en el Centro Cultural de la Cooperación. El diario El Tribuno tuvo la gentileza de publicarlo.

Le debía a Aparicio estas palabras: cuando en 1999 presenté mi segundo libro de poemas en la Biblioteca Provincial de Salta, él, junto a Raúl Aráoz Anzoátegui, tuvieron la deferencia de acompañarme, con esa amabilidad de los auténticos artistas que se hacen los distraídos ante los tropezones de los comienzos. Estoy hablando de la generosa amistad de un querido Maestro, del que nunca he dejado de aprender: cuántas veces me he acordado de las charlas con Aparicio en esta Buenos Aires de tangos y zozobras, cuántas veces, escuchando una coplera, volví a recordar que en ese canto ancestral y solitario está el fundamento de nuestra literatura.

La baguala y el tango. Pero también el filósofo Ciorán y el relator deportivo Dante Panzeri; los cerros arcillosos de La Quiaca, y el bar Los Tribunales, ahí donde lo vi, en uno de mis últimos viajes a Salta, un poco apesadumbrado por la fatalidad de los accidentes, pero estoico y decidido a enfrentar las calamidades como se enfrenta la brisa que despeina.

Y hoy parece que esa brisa se ha vuelto viento alegre. Y aquí está, heredero de la música y la arcilla, como el papel de este libro que reúne una partecita de lo que don Aparicio anduvo escribiendo en sus últimos veinticinco años. Heredero de una tradición que en el Noroeste Argentino remite a Juan José Hernández o Daniel Moyano, sus compañeros de generación, pero en la que también late la prosa de Juan Rulfo o el aliento vanguardista de William Faulkner, el admirable norteamericano que recibió al joven Aparicio en su casa, aunque con forma de fantasma (sí, para el que no lo sabe, por esos corredores del país del Norte anduvo peregrinando Carlos Hugo Aparicio con su equipaje de palabras. De palabras y lamentos: sospecho que él demostró con contundencia, en los algodonales del Mississippi, que la “Vidala para mi sombra”, de Julio Espinosa, es el blues más triste que hay sobre la Tierra).

Y volviendo a la tierra: yo no sabía que también les debía a los relatos de Aparicio un viaje por La Quiaca. Fue en enero de este año cuando lo comprobé: la llovizna de la Puna, el cotidiano ritual de un restaurante de paso donde el picante de pollo cayendo sobre el plato no distraía, sin embargo, de la televisión (y el tango de la infancia se extrañaba). La Quiaca, donde no fue difícil imaginar los días de los trenes, cuando los trenes del norte llegaban a este sur con su carga de esperanzas y desdichas. Cuando los turistas aún no habían descubierto que La Quebrada es “Patrimonio de la Humanidad” y ningún quiaqueño imaginaba otro horizonte posible para sobrevivir que la ferocidad tranquila de la aldea.

Gracias a Aparicio, estar en La Quiaca fue como volver a La Quiaca. Y volver a La Quiaca de Aparicio fue volver a una mañana de 1991, a la ciudad de Salta de la adolescencia, cuando un notable escritor confundía a los alumnos de varios colegios de la Provincia con sus textos, y algunos alumnos se preguntaban cómo sería eso de la escritura vuelta compromiso, la escritura encarnada en el mundo: la escritura desolada de los trenes del sur partiendo a un posible porvenir.

Y hoy, que parecen ser los días soleados de Aparicio después del viento terroso de la Puna (a la iniciativa editorial de Verónica Ardanaz hay que agregar una película inspirada en sus cuentos, filmada por el cineasta Alejandro Arroz que, lamentablemente, aún no se ha estrenado en Buenos Aires), sigo yendo “dentro de la oscuridad como en la luz más plena” (y ya le estoy robando palabras al Maestro), sigo preguntando por el tanteo que he de continuar donde otros dejaron: eso de la escritura que persiste, eso del viento despeinando los recuerdos, eso de tomarse un cafecito al mediodía con los amigos, y sigamos con las empanadas y el vinito que ya se ha sumado Eduardo Atilio Romano y la conversación no se agota: días luminosos del pasado que sintetizan la eternidad, como los cuentos de este libro terroso que amasaron con tierra de La Quiaca: fotografías de oralidad en las que nos miramos para comprendernos, para entender cómo era eso de escribir en el aire, eso de gritar cuando nadie escucha.

Quiero terminar mi intervención con un solo comentario: estoy muy feliz de que este acto haya sido posible. Estoy muy feliz de que Carlos Hugo Aparicio esté con nosotros en esta tarde porteña. Gracias Poeta por acompañarnos. Gracias por darnos este libro que nos permite creer en la realidad del mundo.



CJA

ESO QUE FLUYE

Con ilustraciones de Nora Patrich (Buenos Airres, 1952), se trata del último libro de poemas de María Rosa Mó (Buenos Aires, 1960)

()
En el pubis una alondra
pájaro que aletea
deja caer
semillas del campo
El aire crepita como naranjas
frescas en el otoño
Jugos amargos
La lengua se desplaza
espejos en el aire pesado de la noche.

()
Entre las olas el pez dice
puede ser caballo agitar
las aguas con mi vientre cabalgar
crin al viento
en mi lomo esa mujer
perdida en sus aguas.

LOS SUICIDAS

Poemas de Gerardo David Curiá, publicados por el autor en 2005.

Hay una piedra azul

En la piedra azul
está la muerte
como el sutil equilibrio
que hace a su belleza,
espuma de sal en la arena de las playas
y la distancia.
Todo lo frágil que gira hacia el olvido
y regresa en sus formas más puras.

Hay una piedra azul
en cada piedra
y la atraviesa el viento de lo efímero
en esa tarde eterna en la que existe.


Los amantes de los suicidas

Los amantes de los suicidas
limpian
con el agua de sus ojos
las piedras del amanecer
y rezan a los sueños
de las muertas
cuando el sol
cae sobre las tumbas
flores y palabras
para sus hermosos
huesitos de silencio.

domingo, agosto 05, 2007

PRESENTACIÓN DE "DÍAS DE VIENTO", DE CARLOS H. APARICIO




















El viernes 17 de agosto, a las 19 hs, en la Sala Laks del Centro Cultural de la Cooperación (Corrientes 1543, Ciudad de Buenos Aires) se presentará el último libro de cuentos del escritor salteño Carlos Hugo Aparicio.

Se trata de Días de viento, publicado recientemente por el sello independiente Ediciones del Agua.

Aparicio nació en La Quiaca (Jujuy) en 1935, pero vive en Salta desde los 12 años.
Publicó cinco libros de poemas, Pedro Orillas (1965), El grillo ciudadano (1968), Andamios (1980), Coplas al vino (1986) , El silbo de la esquina (2000); dos libros de cuentos, Los bultos (1977), Sombra del Fondo (1982); y la novela Trenes del sur (1989).
Entre otros, obtuvo los premios Regional de Literatura y Nacional de Novela (Secretaría de Cultura de la Nación).

Su trabajo narrativo lo ubica junto a autores de la talla de Daniel Moyano (1930-1992) o Juan José Hernández (1940-2007), provincianos no regionalistas preocupados por describir la América Profunda de la realidad argentina.

Se referirán a la obra los escritores Jorge Lafforgue y Carlos J. Aldazábal.

QUÉ HACE CONTEMPORÁNEO A UN POEMA

Del 27 al 31 de agosto 2007, a las 19 hs, en el CCEBA (Paraná 1159, Buenos Aires), poetas argentinos y mexicanos intentarán responder esta difícil pregunta....

Para saber si hubo éxito en el intento, pueden concurrir al seminario y sacar sus propias conclusiones.

Requisitos: enviar datos personales, breve currículum, motivos de interés por asistir, y links de sus trabajos a

inscripcion@cceba.org.ar

Más información en la página del
CCEBA

MIROSLAV SCHEUBA

Este texto es del ilustre Miroslav Scheuba, poeta y cocinero chileno a quien conocí en 1995, en casa de Olga Orozco.

Pueden leer más cosas de él en estos blogs (aunque creo que tiene otros):

www.poetaycocinero.blogspot.com
y
www.paseomercosur.blogspot.com

131-169

Este racimo de uva Moscatel, de cincuenta dorados granos de uva,

empezaré a devorar lenta y no calladamente,

porque con cada grano en la boca pediré un deseo:

Que mi salud que se ha caído, la pueda levantar.

Que el amor que me ha dejado, regrese y pronto.

Que no me falten las ganas y los dineros para viajar.

Que me regalen nuevos libros y que los pueda leer.

Que se me ocurran bellas fábulas y que no las olvide.

Que no me falten cereales, frutas y verduras en la alacena.

Que siempre tenga en la cocina el conjuro de las especias.

Que después de los dátiles, los mosquitos me dejen dormir la siesta.

Que no tenga sueños desagradables ni mareas nocturnas.

Que cada tanto me visiten los ángeles y los arcángeles.

Que en sueños amatorios me sueñe joven y bello otra vez.

Que reciba alguna revelación mística en los jardines de la noche.

Que se descubra que la Luna aún no ha sido conquistada.

Que nuestro planeta Tierra no se enfríe ni se caliente más.

Que las guerras fatales vayan desapareciendo del mundo.

Que me encuentre un anillo con un rubí.

Que otra vez me regalen perfumes de Francia.

Que regrese a Verona para asistir a una ópera en la Arena.

Que pueda escuchar a Smetana en el barrio viejo de Praga.

Que cada tanto el mar me bendiga con su Espíritu Santo.

Que de alguien que ha partido reciba un mensaje del Más Allá.

Que pueda pintar para el comedor un cuadro con frutas tropicales.

Que la noche menos pensada aprenda a tirar las cartas.

Que de pronto me visite el extraño poder de la videncia.

Que me adelante a la buena fortuna adivinando los números.

Que luego me incline en los Altares para agradecer.

Que me inviten a conocer una biblioteca con libros incunables.

Que no pierda los anteojos y ningún paraguas más.

Que pueda cantar, aunque sea en la ducha.

Que cada vez que llueva con sol pueda ver un Arco Iris.

Que este mundo no sufra hambre y disminuyan los mendigos.

Que los más pobres le enseñen a los más ricos cómo ayudar.

Que me visite una amiga desde Salta o desde Persia.

Que estos deseos puedan ser traducidos al Quechua o al Farsí.

Que siempre tenga en casa mirra, incienso y oro.

Que hurgando entre libros o revistas pueda descubrir algún nuevo poeta.

Que encuentre por fin la máscara que me hace falta.

Que cuando recite mis Odas no me falle la memoria.

Que no se me corte más la visión, la audición y la intuición.

Que pueda guardar en mi bodega amables vinos lejanos.

Que los ladrones se alejen de mi casa.

Que ninguna plaga ataque a mis animales y plantas.

Que alguien me nombre albacea y me pida hablar en sus exequias.

Que por las noches no vengan a molestarme los fantasmas.

Que no me vengan a pedir que sea testigo de cargo.

Que mi médico de cabecera viva por muchos años.

Que cada vez me inviten más seguido a almorzar o a cenar.

Que no se me sigan cayendo los dientes y el pelo.

Que de La Divina Comedia me pueda escapar por la escalera de incendio.

Y que se demore un poco más en llegar el inevitable Apocalipsis.

ANA GUILLOT

Poemas inéditos de Ana Guillot (Buenos Aires, 1953) enviados especialmente para este blog.


La orilla familiar

a mis abuelos agustina y luis

a los muertos amados

2
se rompe el cascarón

en él habita el mundo

clara la disolución

más espesa hacia abajo

se escurre por el piso patinosa

más densa en el costado prohibido

más densa aún en la sombra de las sombras

en manos de caín

la tierra prometida

que no cesa su exilio

(hay cadáveres aún en israel

y el rojo es un mar que nombra sangres)

se rompe el cascarón

y guardo la yema en el pocillo

la agito

me alimento del huevo

que es el orbe

íntimo en mi boca

se derrama en ríos subterráneos

se hace blanco en el ojo del vecino

a punto de nieve se condensa

se rompe el cascarón

se pulveriza

(como si arena fuese)

en él habita el mundo

un gigante dormido

un trueno a punto de decir

el nombre que se oculta

se rompe el cascarón

lo frío en la oliva elemental

(el monte fue un infierno

o una pesadilla

nadie quedó velando parece)

en él habita el mundo

un planisferio muerto

de hambre

plano como la fritura

que excede a la sartén

y cruje

las pulgas de pan-ku caminan por el cuello de mi perra

me da pena este invierno

a mí también

5
derretir la aurora con el cuerpo

(mujer que has de arder)

con aroma asequible

precisa en el reclamo

(mujer que has de martillar)

raspajes con corcheas

sones que te anidan el cuerpo

que no cejan

el abuso

de ser

una hembra que excita y que suspira

el himen

como si fuera un plumerillo

la infancia

12
entre una copa y otra las miradas se cruzan

y el filo del cuchillo se estremece

(muerde a lo lejos su callada angustia

el cementerio)

ellos comen en el blanco mantel

hay un sol de verano

y es una promesa

la boca que se abre

en la cara redonda

-agustina- responde

y él se lleva el nombre en el bolsillo

las miradas se cruzan

se hieren al sol de ese verano

arde la telaraña en el postigo

su inundación de plata

-porque estoy atrapado- dice

y cruza la mirada

y el filo del cuchillo se estremece

………………………………………………………

habrá luego otras comidas familiares

y habrá un niño corriendo

el caballo de madera

como la premonición

de una partida

…………………………………………………………….

habrá más tarde, también

una mujer agazapada

en el acero de su propia tela

disuelto el intestino

cada membrana de su cuerpo

atragantada de dolor

gritando

-el grito que no cesa

el grito-

(muerde a lo lejos su callada angustia

el cementerio)

y ella, la del luto,

que no cesa su grito

derrama las pestañas sobre el plato

el filo del cuchillo se estremece

y casi no se puede llorar

15
entre vientos y pájaros

sucumbe

es noche en barcelona

y la calle se enrosca

en el sonido

que apabulla la sangre

y la disgrega

los rumores son ciertos

y hay en la familia

enemigos tenaces

compara el filo de los cuchillos

el entregador que ha de cortar

la soga

en la mañana

ella corre al refugio

con el niño en los brazos

se ha hilvanado la boca

esta vez

puntada por puntada

amurando los labios

el esperpento danza

mientras los otros miran

y corrompen el aire

con su miedo

-¿estará él acá?- pregunta el niño

y ella sabe callar

también esa respuesta

la viudez la somete

húmeda la palpa

no es fácil la costura

de esta noche

entre vientres y pájaros

la noche

sin saber

si lograrán las nueces

saciarle el estertor

de su tristeza

EL AZAR CRUJE

Es el título del último libro de cuentos de Susana Szwarc (Quitilipi, Chaco, 1954). De allí este relato.

Brea

La brea sobre el techo a veces nos divierte, la mascamos como pasto, como chicle. Otras veces nos mata de calor. A pesar de la brea cuando llueve afuera, llueve aquí también, adentro. Hice una maldad. Agarré el Ulises y lo puse ahí donde las gotas caen. Lo veo cómo empieza a mojarse. Como si fuera fuego el agua. Como si se incendiara el bosque de no sé dónde que dio lugar a las hojas del Ulises. Ya nunca lo volveré a leer, a éste, a retornar sobre su cuerpo marcado. Me da tristeza aunque con el viento se fue la lluvia a otra parte. El calor no.

Un gorrión entra por la ventana, débil aletea un poco y se acomoda sobre su costado. De su pico chorrea una espuma espesa como si hubiese ido a tomar agua de cualquier parte humana. Ninguno tampoco se había detenido para alimentar a la hembra que apura a sus pichones hacia los juncos... La representación empieza.

Enciendo la radio, dicen que cambió el viento, que no llueve. Ella entonces vendrá pronto a decirme que tiene el recuerdo acá y se tocará la frente. Yo miraré entre las líneas donde lo guarda. —El sentimentalista es aquel que querría disfrutar sin asumirla inmensa deuda de una cosa hecha. Firmado: Dédalus. ¿Desde dónde lo mandaste? ¿De la escuela? No.
Por primera vez leo en su recuerdo, he seguido con los dedos húmedos las marcas.

La representación no continúa.

En sobra la brea. Mordemos.

RIPIO

Del último libro de Laura Yasán (Buenos Aires, 1960), este poema:

final continuado

es atroz necesitar consuelo
reponer cada noche ese cristal
lamer los bordes con la lengua partida
todo un océano de mañanas inútiles de palabras mojadas
hay una ceremonia una ruta de autismo
es atroz esa voracidad
el animal famélico que traga la caricia
y cava en el amor un pozo ciego
en el rencor un nido
y sus ojos de invierno se arrojan a cazar
besos que no le fueron destinados
sudor sin paga

este pasillo que atraviesa el deseo
su oscuridad es atroz su angostura su eco
es tan insuficiente si me nombra
mi cuerpo es otro tan fugaz
es atroz el consuelo cuando se desintegra
sus huesitos de polvo lloviendo suavemente
en la fosa del mundo

PRESAGIO

Es la última novela de Susana Cella (en este mismo blog puede leerse una entrevista que le hice a fines de la década del 90, y que se publicó, oportunamente, en el diario El Tribuno).

Un chico arrojado, una mujer obsesionada, señales de desgracias y calamidades efectivamente ocurridas junto a otras imaginadas, circulan en esta historia de mentiras y verdades entretejidas durante más de veinte años a partir de una terrible noche del año 1977. Presagio es un relato donde el silencio y el simulacro se imponen y persisten con una fuerza reacia a la develación que en definitiva sólo es una parcial imagen de unos rincones de la ciudad bajo un cielo indiferente.

(de la contratapa)

EN LA RESACA

Del último libro de Daniel Freidemberg (Resistencia, 1945), una pequeña muestra.

Mayo (XII)

Nubes blancuzcas a la mañana en
el charco, un papel
como crucificado, también blanco, en el gris, viento,
y algo en el viento, un rebote
de lo oscuro en la luz,
húmeda todavía, ahí posada en las cosas.

viernes, julio 20, 2007

FÓRNIX



Se trata de una publicación dirigida por mi amigo, el poeta peruano Renato Sandoval, que se presentó con éxito el pasado martes 17 de julio en el Centro Cultural de la Cooperación -Corrientes 1543, Ciudad Autónoma de Buenos Aires (ahí mismo, todavía pueden comprar ejemplares).





Va un poema incluido en el número. Su autor: el gran sanjuanino Jorge Leonidas Escudero.

L´envidia

De frente sonríe,
por la espalda te apuñala, llora
porque no tiene lo que vos. Adolorida
es alimaña muy asidua a chuparte la salú, exhala
vaporoso veneno, actúa
cuando un cualquiera acierta en algo.
por eso si se te da una buena escondela
de modo que no se vea,
poné cara larga decí que estás en pérdida.

O cuando el bicho tire la zancadilla
pegá un salto por encima,
pisale la cabeza o mejor todavía
hacele con la mano la seña tomá tomá.

O tal vez nada sirva porque si en vida
hiciste algo bonito
llegada tu muerte la víbora
irá hasta el cementerio trepada en el cajón
para ¡ayayita!
propalar veneno sobre tu recuerdo.

jueves, junio 21, 2007

GASTRONOMÍA AMOROSA

Otro poema de Natalia Molina, en este caso de su primer libro editado: Gastronomía amorosa....

Pollo al disco

Prendí el fuego con ramas finas y algo de leña dura.

Limpié el disco hirviendo agua en él.
Lo vacié.
Puse aceite, dejé que chirriara y puse presas de pollo a sellar.
Cuando se doraron bien de un lado, condimenté con sal y pimienta fresca.
Luego agregué cebollas y zanahorias en rodajas,
morrones en tiras y ajos en camisa.

Dejé que se doraran y mezclaran los jugos de los ingredientes.
Después coloqué papas. Vertí una botella de vino blanco.
Volví a condimentar y dejé que se cocinara lentamente mi primer pollo al disco.

Comimos bajo la higuera.

Un placer de los dioses terrenales.

NICOLAS GUGLIELMETTI

Un poema de muestra de este joven poeta bahiense (1981).

Chanchadas

El viento
Se conmueve
Como un ave
En el aspa

Nada.
Solo la recámara
Del cargador

El aseo
Frontoparietal
De la espera
Y la coexistencia
En un mismo

Ambiente
De la víctima
Y el victimario

A la larga
La misma
Sed los hallará
impunes

Pueden leer más en www.guglielmettipoemas.blogspot.com

martes, junio 19, 2007

LOS GRILLOS

Este poema llega desde Neuquén. Su autor: Rafael Urretabizkaya.
En efecto tábano pueden escucharlo al propio Rafael recitándolo.


Los grillos

¿qué comen los grillos?
los que viven en mi pieza,
los escucho satisfechos,
no parecen quejarse
yo diría que están bien
felices, gordos,
cantan como borrachos los grillos de mi pieza
desconocen horarios, vencimientos,

¿qué comen?
¿dónde toman agua?
¿cantan, o me piden auxilio?

están hace ya un tiempo
conversan, tienen hijos,
tienen sus líos (me parece)
¿cantan o me putean porque apagué la estufa?

¿son siempre el mismo?
¿los mismos?
¿cuántos son estos grillos?
¿dónde están los que mueren?
¿hay en mi pieza un cementerio?
una plaza, un baldío,
un árbol donde dar atrás de él, el primer beso
¿es mi pieza un lugar ecológicamente sustentable?

¿hay en mi pieza, una civilización
con monstruo y todo?
¿soy, un monstruo ruidoso
bestial
que ni cantar sabe?

que asesina grillos cada tanto
cuando el reloj mete presión de madrugada

¿pero que clase de monstruo soy?
¿uno que ni siquiera sabe que lo es?
un desclasado
un maldito desclasado
que cuando dice pan
desconoce al campesino, la tierra
la asada, el tractor, la madrugada
la espiga, la alpargata bigotuda
el molino, la refinería,
con todos sus trabajadores
sus esposas, sus hijos,
sus programas de radio, sus horarios
sus planes del domingo
¿un podrido desclasado que cuando dice pan
no dice panadero?

¿dónde duermen los grillos?
¿en que parte de la pieza?
¿a qué hora?
¿hacen el amor o simplemente conectan sus órganos respondiendo a cambios en el p.h. de su sistema reproductor?

¿y el monstruo?
¿hace el amor el monstruo de la pieza?
¿canta?
¿muere?
¿o el monstruo desclasado solo se dedica a asustar grillos?
¿por qué no se las agarra con alguien de su peso?
una monstrua ... no se
un patrón
una banda de terribles asesinos a sueldo,
a ellos que los pise
y les pida perdón de rodillas
si al huir de la cama
aplasta uno

pero
¿es mi pieza entonces un aguantadero?
frecuentado por vagos, asesinos,
gente de esa que en las películas no se les puede oler
el cagazo que traen
y se ven en la pantalla como si no doliera
estar cansado,
como si sufrir
apenas despeinara

entonces
¿es olor a perseguido?
ese extraño olor que hay en mi pieza,
¿es tufo de malandra
que suda,
por no poder juntar lo que desea
con la palabra que lo nombra?

¿qué desean los grillos?
¿cantar, comida, que apague la luz y que me vaya?
¿por qué están escondidos?
¿o serán invisibles?
¿existirán los grillos?
¿existirán
mi pieza
las canciones
el monstruo
el deseo
jugar,
ella?
¿existirán los grillos?
¿estarán jugando a las escondidas?
¿mi pieza es el arenero de un jardín de infantes “grillitos”?
¿quién cuenta?
¿acaso soy yo quien cuenta y no lo sabe?
¿soy el que espera que empiece
lo que ya sucede?
¿soy el tan incapaz de reposar
aún publicada la derrota?
¿el que espera el tren
en el océano?
¿quién es la maestra jardinera de estos grillos?
¿dónde está la grilla María Elena
con sus antenitas de goma eva?
¿le tendré que pedir permiso para ir al baño?
¿ayuda?
manzana podrida, ocho, nueve y ¿salida?

¿qué hacen los grillos cuando terminan el jardín?
¿ni siquiera hay primaria
para los grillos de mi pieza?
no servirá para tanto
pero están con otros grillos,
hacen amiguitos y juegan
a
escaparse del monstruo

¿soy la unidad cuatro
del plan de estudios de los grillos de mi pieza?
¿hay réplicas en papel mashé
de mis zonas vulnerables?
¿estoy en la página impar del simulcop de los grillos
entre el ciclo del agua y un escudo?
¿tienen los escolares que ocuparse de este tema
o está en manos del ejército?
¡Por favor! a los grillitos que les lean cuentos
y siembren preguntas
pero entonces

¿hay un ejército en mi pieza?
¿el grande es el malo de toda cultura?
¿soy culpable de estar en esta cama?
¿puede el malo ser también el que ignora?
¿hay en mi pieza un sistema educativo en crisis?

Ese único grillo que encontré
duro, intacto, en posición
¿es un grillo vacío
o una estatua?
¿hacen los grillos estatuas de sus héroes?
¿quiénes son sus héroes?
escribanos, abogados, soldados
¿o los buenos cantores?
¿tienen su estatua los grillos asesinos
de grillos originarios?
¿Cantan los grillos de mi pieza?
¿bailan sayas cachafaces
a cococho de Painé?
¿ Chapinean hasta desencastrar pasteras,
o conversan sobre el tiempo que falta
para que me vacíe?
para que desaloje de una vez mi cáscara
su mundo
y deje de monstruar
de entrar/salir,
de manejar el velador de manera
tan arbitraria, que les impide diseñar
una costumbre,
un canon del estilo día/noche

¿se desilusionarán cuando vacío,
no sea capaz de hacerme estatua
y me desarme
como todo lo humano?

¿Hay en mi pieza grillos historiadores?
¿capaces de instalar un relato
y hacerlo atravesar generaciones?
¿qué dirá ese relato?
¿dónde pondrá su acento?
¿habrá varias versiones?
¿Unas se referirán al monstruo
como el prendedor de la luz
otras como el que la apagaba, y recordarán
el hecho del olor a podrido
que largó al vaciarse,
como prueba científica de su condición opresora?

Pero entonces,
¿hay entre los grillos debates, opiniones diversas?
¿son los grillos rosqueros como sindicalistas?
¿charletas como tanos atropellando fideos domingueros?
¿Tienen los grillos día domingo?
¿o su descanso esta maneado
al capricho del velador?
¿se respetan entonces
sus derechos?
¿hay grillos organizando aunque sea
un reclamo básico?
como las ocho horas y la ropa de trabajo,
¿opinan abiertamente en la asamblea?
¿se reúnen en el local, la plaza?

¿cantan los grillos?
¿o lo que escucho son las arengas de los convencidos
sobre la paciencia de los perezosos?
¿o lo que escucho es el silencio de los cómodos
contra el rumor de los visionarios?
¿no sería justo que exijan también
obra social y vacaciones?
salario mínimo igual a la canasta básica
educación y salud
pazpantrabajo,
soberanía sobre un plato de puchero
soberanía sobre un rato de alegría.

¿Son felices los grillos de mi pieza?
¿Son felices en la lucha o
creen que la felicidad
es un premio al fondo de la huella?
¿cantan?
¿o ríen por estar luchando?
¿cantan?
¿o lloran por estar luchando?
¿o cantan, ríen y lloran?
por hallarse vivos.

¿Pueden irse cuando quieren?
¿saben que tras la puerta hay otra pieza
una cocina,
el galponcito
la casita de mis viejos?
¿no se van por miedo o por costumbre?
¿no es acaso la comodidad
una forma del miedo?
¿no es estar verde de sueños
una mala noticia?
¿no es decir “no se, no se”
un pedo e´vieja?
¿El tiro que erramos en el blanco
no pega acaso en algún lado?
¿no es ese otro lado, un blanco
desde el momento en que le dimos?
lo que después llamamos “mis razones”
¿no es azar en exceso?
¿no estaremos confundiendo ideología
con esa esquina donde siempre chocan las palabras?
¿hay para los grillos partidos políticos?
donde los adultos no escuchan los ancianos
para ocuparse de la tercera edad
sin que nadie les rompa los quinotos,
y gobiernan para los jóvenes
a quienes no comprenden,
y para los niños a quienes no temen
todavía.

¿Cantan los grillos canciones melódicas, o
se va acabar se va acabar?
¿el problema de los grillos
es el monstruo de la pieza?
¿o el problema de los grillos es, “los grillos”?
¿ y el problema del monstruo?
es ideológico, político, musical, de clase, de sustento, con los malandras, la monstrua, él mismo
¿o con los grillos?
¿qué problema tenés vos con los grillos?

sábado, junio 16, 2007

LOS POETAS SALVAJES

Se trata de un libro publicado en marzo de 2003. Su autor: el poeta Miguel Gaya (Buenos Aires, Ayacucho, 1953). Va un fragmento.

En el arroyo la luz de la mañana.

En el arroyo, la luz de la mañana flota en una orilla.
La otra todavía en sombras y los árboles aún oscuros.
Pocos sonidos aparte
del correr del agua.
Los silenciosos peces tal vez
alertas, sus ojos redondos
midiéndolo
en la corriente.
Entra en el agua, el sombrero en la cabeza saludado
por el sol.
Tiene una caña en las manos y
la hace oscilar.
¿Habrá de arrojarla? Es un serio problema
tomar la decisión correcta.
¿Podrá hacerlo esta vez?

NATALIA MOLINA

Desde Sierra de la Ventana:

Luna llena

La luna muestra un círculo perfecto
ilumina plenamente
embarazada de su propia luz

Sería redundante decir algo
en este momento
femenino
por excelencia.


Su blog: www.alcoyanaalcoyana.blogspot.com

NATALIA FORTUNY

Este es uno de los poemas de Nat...

en medio de la fiesta
o algarabía trasnochada
abrir los paquetes
las cintas del amor con brillantinas
lo elegido
hay de todo y más
a lo que llamo
el regreso de helga
se produjo a medianoche
volvía desde otros mundos temporales
desde una mano pequeñísima que entra dos veces
en la mía
aunque no cambié tanto
ahora
ella está grande: tiene pechos
y en la bañera
intenta nadar hacia alemania.


Pueden leer más en www.ortigas.blogspot.com

jueves, mayo 24, 2007

HUGO CHÁVEZ POR EL PISO



Acababa de escuchar a Raúl Artola relanzar el Fondo Editorial Rionegrino, un importante ejemplo que deberían imitar otras provincias.
Manzana en mano, la alegría del reencuentro con amigos y los destellos poéticos desperdigados en la memoria, no disimulaban, sin embargo, el tedio solemne que todo acto oficial, de un modo u otro, se empeña en mantener durante las diferentes ediciones de la Feria del Libro.
Y quizá fue el tedio el que me invitó a echar un vitazo a las pisadas que se amontonaban en la puerta de la sala que empezaba a vaciarse.
Ahí, mezclándose con zapatos y papeles, me di de frente con la mirada seria de don Hugo Chávez Frías, en una cuidada edición que destacaba el título de Frases.
Supongo que fue gracias a algún “demócrata liberal”, de esos que odian los “populismos” a un grado tal que son capaces de invocar un golpe de estado para salvar la democracia. Lo cierto es que gracias al desprecio de alguien (aunque también pudo haber mediado la desgracia de la pérdida) me hice cargo de este tesoro (de distribución gratuita) que, inmediatamente, fue transportado del suelo de la Sociedad Rural Argentina a una pila de libros, mal acomodados en un estante de mi biblioteca.
Se trató, así, de agregar otro pequeño brote de felicidad a la lista de manzanas y amigos, en contra del tedio de los actos solemnes.

Algunas frases del librito:

“Mercosur debe elaborar una estrategia de complementación de nuestras economías; continúa imperando la terrible voracidad capitalista de la competencia de los mercados, y por ese camino no vamos a ninguna parte”.

“Tengo la certeza de que ahora sí llegó la hora de nuestros pueblos, y cuando digo ahora, estoy pensando en este siglo XXI, el siglo de nuestra redención, nuestra unidad, nuestra independencia plena como Región, como pueblo grande, como Patria Grande”.

Alguien podría reprenderme:

“Si seguís por ese camino de credulidad tu frase de cabecera va a ser ´Mentime que me gusta´”.

Pero yo le respondería que no, que todavía es posible creer y escribir (con sangre, crayón, tiza o birome) “Aguante la Revolución Bolivariana”.

MATAME SI NO TE SIRVO

Matame si no te sirvo (1994) fue el primer libro de Jorge Spíndola (Comodoro Rivadavia, 1961). Acaba de ser reeditado por el "Grupo de Amigos del Libro Patagónico".

romance del pedacito de carbón y doña rama

el pedacito de carbón
le dijo a la rama
-pronto seré ceniza

la rama lo miró desde sus brotes
y pensó qué lindo
ser ceniza / árbol hecho polvo
que se mezcla con el viento y vuela

y entonces dijo
-pedacito de carbón
 acuérdate de mí
cuando andes por la mar

-no estés triste ramita de mi amor
-le dijo él-
 una sola gota de la lluvia
 eso es toda la mar.

miércoles, mayo 23, 2007

LA CONFERENCIA DE EINSTEIN

Es la primera novela publicada (aún permanece inédita El atalaya) del escritor tucumano Fabián Soberón (1973), quien la presentó en la edición 2007 de la Feria del Libro de Buenos Aires. Va un fragmento.

BARCELONA

Todo poeta es en el fondo un matemático. Cuida los ritmos, el acento, la cantidad que anida
en la letra y en el verso. Un ejemplo es Queneau. La música también, la música no es otra cosa,
en el fondo, que matemática. Esta equivalencia es la que les permitió a los modernistas buscar la música del verso. El verso y la melodíasiguen reglas aritméticas, geométricas.
Mallarmé es el principal geómetra de la poesía francesa. Y Apollinaire. Octavio Paz hizo su intento y creo que lo logró. El espacio, el estudio milimétrico y obsesivo del silencio en el espacio, es la clave de una parte de la poesía moderna, dijo Herbert Smith.



TRES ÓPERAS POLÍTICAS

Fernando Kofman (Posadas, 1947) publicó, antes de este, seis libros de poemas. Los acantilados grises, El bosque que sufre y La música en la guerra son los poemarios que nutren estas páginas.

El trofeo

Apenas el sol asoma
el viejo pescador
se mete en los acantilados.
Se mete allí a husmear
a ver qué han dejado
las olas en la noche.

Lo que más atrae su vista
es una caja de cigarrillos.
Ha encontrado un pequeño
trofeo. Goza de él como
de una noche estrellada.

Después vuelve al mar.
Las olas apabullan las piedras.
Piensa en la caja
que lucirá bien,
en su choza,
junto a una antigua botella.

VULGATA

Es el último poemario de Santiago Espel (Buenos Aires, 1960). Una interesante apuesta por la lírica de lo cotidiano.

El mate, lavado, frío, entibia mi mano.
Miro el fuego y escucho su bramido sostenido;
aún sin viento, se agita, genuino, primitivo.
Y pensar que lo mantengo con mi salario,
insano y bello, durante la noche,
como un bruto, sostengo, prolongo la historia,
para que el presidente, quizás, mañana a las once,
cambie definitivamente, dicen, el rumbo de las cosas.



DE LLUVIAS Y REGRESOS

Se trata del último libro de César Bisso (Santa Fe, 1952), el poeta de Coronda. Aquí, una muesta de sus epifanías.

Garza mora


Serpentea el alba.
Con plumaje de luz
busca la fina porcelana
en el fondo de la laguna.

Abandona su vuelo
quien desde la orilla ignora
la armonía del cosmos fluvial
y comienza a desandar
el quebrantado rumbo del día.

Entre dos cielos,
la vida descansa en una sola pata

PAPELES DE LUCY-FER

Papeles de Lucy-Fer (1992) es uno de los tantos interesantísimos libros del poeta paraguayo (a estas alturas ya de culto) Jorge Kanese (Asunción, 1947). Cualquier semejanza con las modas poéticas de la posmodernidad argentina, es mera coincidencia.

067. Canibalismo vs. antropofagia. PERVERSIONES ABSTENERSE. Esa
puta degenerada que nunca esperó su noche. Negra perversa. Psicópata
perdida entre delirios de mediodía y suposiciones tardías de medianoche.
¿LUCY? Hay una pequeña luz del otro lado del charco. Una sirenita tetona
y peluda despliega sus brazos. Ha de ser la verdad negra que me llama. Soy
el degenerado demente que aparece en esta esquina de la bola-nada.
Querías que te enseñe. A koger. A "hacer el amor" porque koger te suena
mal. Te suena feo, niña, ¿o me equivoco? Carne fresca. A PESAR DE
SROESSNER. El tirano moderno más ignorante y duradero en esta zona
del planeta. Paraguay reserva (a) moral y estilística del globo. Tarde, mal
y nunca. Pero llegará. Llegaremos. Hora de las metáforas calientes. Un resto
de humo azul, es un pabilo que se enciende y muere.


LA CONVERSACIÓN

Daniel Muxica (Valentín Alsina, Buenos Aires, 1950) es dueño de una coherencia política que no tiene nada que reprocharle a su coherencia poética (este grato descubrimiento pude corroborarlo en Tandil, durante un encuentro de poetas).
La conversación, su último libro, propone textos tan interesantes como este:

/

el no decir será larva
de una conversación que  usted comenzará,
atribulado,
pagando su deuda con la sinceridad:

la vena en la piedra, la nervadura,
lo palpable distinguido como juicio
de lo que coincide como gesto

palabras elegidas sobre otras
para la descripción de una conjetura:
el rinoceronte, la manada obsena
que martilla sus pezuñas en la atmósfera

perfume                 [tensión del gas,
                                           cantidad de moléculas contenidas
                                           en volúmenes densos]


entre grandes animales que se acoplan
armará el cuadro hipertenso,
la erección sobre las ruinas

LOMAS DEL MIRADOR

Este Diccionario temático de voces (2006) es el último libro del poeta Luis O. Tedesco (Buenos Aires, 1941), vitalidad de un lirismo innovador y genuino que se sostiene a lo largo de sus 300 páginas. Un esfuerzo admirable.

Caída

Lo que pasa conmigo es simple: me dejo estar. Lo mío, desde su origen, fue caer
y más caer, vida tomada por la celeridad del fin. Aun concediendo al descenso
la ilusión del fervor iconoclasta, todo esto que se dice mi ser se desplaza en las
morisquetas del embudo.
Mi única actividad consiste en acompañar la caída, interpretarla, caer y
más caer como la presa desmayada cae.

AÑOS LUZ

El poeta salteño Carlos Müller obtuvo, el año pasado (2006), el Primer premio para autores éditos en el concurso provincial. Años luz, el trabajo ganador, es su segundo poemario.

Huellas

He visto en la piedra
Las pisadas del sol

He caminado esos rastros huidizos

Anduve tras ellos hasta dominar
el preciso lenguaje
de los solsticios y los equinoccios

Entonces el amor verde de las cosechas
Regresó a mí
Y ambos regresamos juntos
mitad amor, mitad fermento
Encerrados en el alma diminuta
de una planta de habas.


JUAN CARLOS MOISÉS

El poeta Juan Carlos Moisés (Sarmiento, Chubut, 1954) 
publicó el año pasado dos excelentes libros: Palabras en juego y Museo de varias artes. Aquí pueden leer fragmentos de esos trabajos.

14
Es improbable que un buen perro
haga las veces de un buen pez,
y un mal conejo
difícilmente logre convertirse
en un mal chimango,
así como un buen poema no siempre,
no necesariamente siempre va a resultar
una buena persona.

                                    (de Palabras en juego)

Guía para visitantes

Bienvenidos al Museo de varias artes. Se sugiere que tengan la precaución
de entrar arropados, porque el otoño se acerca y el invierno espera
con el deseo de hacer lo suyo. El espacio a disposición tiene límites naturales
pero el horario de atención no se interrumpe. Pueden permanecer el tiempo
que crean conveniente. Horas, días, semanas, meses. Pueden entrar a la mañana
(la mañana que se transforma en un objeto bajo la mirada), a la tarde y a la noche
(otros objetos que tienen su atributo). De modo que, con la inquietud que eventualmente
los acompañe, pueden ubicarse con comodidad entre la luz del día que comienza y la
penumbra de la noche que se borra. De hecho, pueden quedarse y no quedarse
mirando lo que nace tantas veces y se modifica, después, más allá de los ojos.
Es posible que fuera de la mirada se pueda estar más ausente de sí, más abarcativo,
más impersonal y presente, para comenzar a formar parte de los objetos que se perciban.

                                                             (de Museo de varias artes)

DESTRUCCIÓN DE LA MAÑANA

Juano Villafañe (Quito, 1952) ha sintetizado su labor poética en este libro, publicado por Atuel en el 2006. Como señala en su prólogo Jesús David Curbelo, "Deconstrucción de la mañana intenta desarmar la realidad, trocearla en piezas que luego el poeta reconstruye en un conjunto nuevo, diferente, recontextualizado..."

Último vuelo

No volveré a pasar sobre un puerto instalado en el cielo
hacia arriba de un infinito que sube sobre sí,
retórico,
platónico,
perdido en su puerto
y cae pesado sobre la calle simple de los días.
Es en la calle simple de los días.
Es en el puerto.

LAS CANTORAS

Se trata del segundo libro de Tania García Olmedo (Mendoza, 1974), publicado en diciembre de 2006.

arqueología

crisparse contra la roca

no demorar, no apresurar;

abriendo la osamenta, multiplicar la carencia
(como un cactus estirarme);
en la espiral de caracoles nácar,

seguir la huella líquida

para hacer tiempo, ser tiempo

recomenzando cada vez

el ritual de las piedras contra las olas, de las olas contra las
piedras:

el beso cuarteado de cristal blanco refractándose
en el calor del abismo terrestre

y en la hondura del calor,
mi corazón hallado
                      en mitades.


EL JARDÍN Y SUS DETALLES

Alejandro Archain (Buenos Aires, 1953) publicó este libro en el 2004. Va un poema.

Después

Son mensajes
todo lo que queda
es un enredo de nostalgias,
gama infinita de mensajes,
de encuentros sobre una página
ignorada:

pensar los bordes
sobre un mar de sobremesa,
y en el azul
distraído de los amaneceres en tus brazos,
presencias que devuelven
sobre la piel
gestos y sabores

crispación de roces
y mueca sumergida entre las piernas
y letra fugaz
sobre la palma de la mano.

OPEN DOOR

Gabriela Bruch (poeta bonaerense, directora de la revista de poesía La iguana) publicó este libro el año pasado. Uno de sus poemas:

niebla densa afuera
(sí, todos aman a rimbaud)
amanecer poblado al mediodía
(yo sólo quiero verte)
pulsación de media noche
terremoto inclaudicable
no sirve, no es, era mentira
otra vez mis palabras, puf!
hasta cuándo?

MUJERES ENAMORADAS

Es el título del primer poemario de poeta cordobés Carlos Surghi (Villa María, 1979). Va una muestra.

Sí, llevar tu verdad a mi boca
como una pequeña esfera de cristal,
tragarla, masticar con cierta cadencia
y digerir lo transparente
sentir que baja por mi garganta
siendo el ópalo que me alimenta;
así te escucho; acompaño
con el río de humo entre mis dientes
el sabor amargo de lo que quise oír;
no te preocupes, sé muy bien que no es el veneno
apenas si  se parece al sabor de lo real;
recuerdo el tiempo de la sorpresa
cuando tus palabras para mí,
eran piedras trabajadas por el agua de tu insistencia;
yo rodeé con ellas mis muñecas
otras las até con vehemencia
a la fragilidad de mis tobillos,
y me descubrí inmóvil, un tanto excitada, perdida,
riendo para mí al perder mi equilibrio;
ahora el tedio, la moneda del ardor,
engorda la sombra de mi silueta,
me veo en él arrastrando promesas
largas frases en el fondo de una noche
de las cuales sólo quiero el delgado cordón
que de una vez por todas de vos me desate;
sí, llevar tu verdad a mi boca,
yo creí que el amor cambiaba todo esto,
creí que él en mí, así como si nada
"podía en cualquier tiempo
podía en cualquier sangre"
hasta escribir una sentencia, otro nombre.

jueves, abril 19, 2007

César Mermet



Se trata de un gran poeta argentino (1923-1978), rescatado del olvido por el trabajo minucioso de Félix della Paolera, Pedro Mairal, Alejandro Crotto, Enriqueta Racedo y Marcos de Soldati.

Toda la información sobre su vida y su obra (incluidos fragmentos de la misma) pueden leerse en estos dos sitios:

www.cesarmermet.blogspot.com

y

www.cesarmermet.com.ar

sábado, abril 07, 2007

CON LA TIZA EN LA MANO (de Chelo Candia)



Nuevamente Chelo Candia, traduciendo la realidad con su talento.


jueves, abril 05, 2007

RUTAS NEUQUINAS



La situación docente en el país es grave. Este texto del maestro de escuela y poeta neuquino Rafael Urretabizkaya da cuenta de la situación en su provincia. La foto que ilustra, del fotógrafo salteño Alejandro Ahuerma, informa que lo mismo está ocurriendo en el Norte. La represión está en Neuquén y en Salta, pero también en Santa Cruz.

La gente los mira pasar y se pregunta quiénes son. Qué hacen esas personas caminando detrás de un camión por el medio de la estepa patagónica. La gente se pregunta qué habrán hecho para andar bajo el sol, cortando en tajos la tarde y las madrugadas. Qué cosa extraña los lleva a seguir adelante ahora que llueve y se tapan con una larga lona y lo que es más extraño, ríen.
¿De qué se ríen?, ¿ por qué bailan?, ¿por qué el camión lleva la música en lugar de llevarlos a ellos?

Son maestras y maestros que han decidido trasladar al tranquito su protesta, convencidos que esa ruta es la correcta, seguros de estar en este viaje con las cosas necesarias.
Caminan detrás del camión que podría cargarlos, pero en lugar de subir ellos han puesto otras cosas importantes como la música o el agua, y un micrófono que irán agarrando Chato o Cali desde el que avisarán que el futuro tiene un dulce nombre y que estamos a tiempo.

Van sobre una delgada capa de desierto que recubre apenas un gigantesco inframundo de petróleo.
Recién me doy cuenta: la mayoría de los camiones que cruzan a este otro tan descamionado, son de los que transportan justamente los fluidos del subsuelo.

Van los caminantes armando una rastrillada que se hace pequeña zanja al principio. Pasando las horas los pies se vienen negros, de a poco se van hundiendo en este suelo todo un pozo, hasta quedarse sucios.

Los caminantes son trabajadores de la educación de Neuquén del sindicato Aten, que van sobre un campo de petróleo a pedir que las escuelas puedan funcionar, a exigir escuela pública en condiciones para todos, a pedir salarios dignos.
La gente que conoce a estos gobernantes tiene dudas de que su reclamo sea escuchado, pero comienzan a entender de a poco todo, incluso la risa y la alegría. Estos trabajadores van riendo y cantando porque tienen razón.

Tienen razón.
Merecen que el salario les alcance y caminan sobre la capita de suelo que apenas tapa el petróleo pero no tapa la injusticia.
Como educadores saben que la mejor manera de enseñar es sembrando una pregunta, y ellos todos son una pregunta caminando por el desierto picado de pueblo. Por Cutral Có, del mapuzungún Kitral Có es decir fuego y agua, o petróleo como venga mejor.

En la época del email y los mensajitos por teléfono, para hacer escuchar un reclamo nada ha cambiado. Las injusticias se avisan caminando como en el choconazo, o saliendo a la ruta como en las puebladas.

Está buena la ruta.
En apenas cinco días recorren los doscientos kilómetros y aunque son 15.000 los compañeros entrando a Neuquén, el gobierno no atiende a la visita, le da vuelta la cara con desprecio y mala educación.

Unos días mas tarde comienzan los piquetes. Entre los viajeros que ven interrumpido su camino hay algunos decididamente solidarios, otros que ponen en marcha sus preguntas sobre este país tan vasto y cruzado de problemas, y otros que no encuentran entre las categorías de pensamiento que manejan, nombre para lo que ven. Estos últimos acomodan la situación hasta convertirla en algo que es para ellos un asunto posible: "ustedes no son profesores", afirma una joven que baja de un auto que parece un ovni, y eligiendo a uno le busca los ojos y dice "vos sos un cabeza que está aquí por un chorizo". El "cabeza", un profesor de literatura de Zapala, la mira y recuerda de ese libro de Salinger que le gusta leer con sus alumnos, la parte que el profesor se esfuerza por hacer entender algunas cosas al muchacho que lo visita en su casa y que mientras le habla y le habla, el otro que ve desde la ventana el lago congelado piensa: "donde irán los patos en invierno".
El ovni, aunque no se lleve con su raza, espera las dos horas detrás de la barricada de gomas y palos, y levanta vuelo bastante más torpe que el chevrolet 400 cuyos ocupantes chacareros, supieron compartir este mismo rato los mates y el afecto.

Pasó la caminata, pasan los piquetes pero no hay ningún modo de entenderse.
Cuando las maestras y maestros hablan de sus sueños, del lado del gobierno hablan de negocios. Entonces aunque el tema sea el mismo, el tratamiento que le da cada uno los vuelve asuntos diferentes.
Para el gobierno la escuela y la política toda, es una PIME; un boliche que todavía y mientras duren colgados, les dará ganancias.

Vuelven los piquetes, porque el que tiene razón lo asiste la serena convicción y alegría de estar haciendo lo correcto, pero ahora algo en el negocio de los eternos candidatos comienza a romperse y entonces, contra los que caminan y esperan, arrancan los gases y los tiros.
Un proyectil del tamaño de una cartuchera explota contra la cabeza de Carlos Fuentealva, un querido profesor de química que en un segundo desparrama sus conocimientos junto a la alegría de lo bien que van los pibes de tercero, sobre el asfalto de Senillosa.
La radio ahora exagera diciendo que el compañero se debate entre la vida y la muerte, aunque todos sabemos que en un debate se escuchan las dos partes y aquí el proyectil que estalló en el cráneo, tiene la palabra.

Cuando hay un crimen hay un criminal, aunque las responsabilidades intenten disolverse entre voces de mando y obediencias debidas. Otra vez.

Che, Sobisch, asesino, cobarde, ¿a cuántos más de nosotros pensás chuntarle un tiro?
¿Cuántos muertos te parece que hacen falta para que tengas razón de alguna cosa?

La gente que los mira pasar ya sabe quienes son. Los nombres de algunos van a pintar la casa de gobierno pidiendo audiencia a la justicia. Así como un día apareció escrito el nombre de Teresa, "Teresa Rodríguez, culpable de estar ahí".
Esto va a ser así todas las veces, todo el tiempo, siempre.
Hasta que haya justicia.
Porque como nos dice Freire reflexionando sobre la fatalidad: las cosas no son así, están así (y las vamos a cambiar).

Rafael Urretabizkaya
Maestro de Neuquén


sábado, marzo 31, 2007

UNA EXCURSIÓN AL ÁLAMO CAROLINA DE CONTI



Este homenaje al gran Haroldo Conti pertenece a la narradora María Cristina Alonso (Bragado, 1955). Fue enviado especialmente para este blog. 

Luli muestra el álamo carolina sobre el camino que va a Warnes y dice, “es un hermoso árbol, cuando cae el sol las ramas se ponen doradas”. Luli es un hombre de anchas espaldas que ha sido alambrador y que conoce los secretos de su pueblo, el mismo que Haroldo Conti describe en el cuento Mi madre andaba en la luz, “un puñado de casitas y tapiales aparece y desparece entre los árboles. Luli se siente orgulloso de mostrarme el álamo carolina que le da el título a uno de los últimos libros del escritor de Chacabuco, desaparecido en 1976, una de las tantas víctimas de la dictadura militar. Porque Luli, el padre de Carolina, una ex alumna que me ha prometido este viaje durante varios años y al fin se concreta, si no hubiera sido alambrador y ahora transportista, hubiera sido poeta, porque él entiende, sin necesidad de teoría literaria alguna, como está contado La balada del álamo carolina, cuál es la perspectiva que elige la narrador para explicar el lento crecimiento de ese árbol que se erige solitario en el camino. “Es el árbol el que va diciendo como se llena de pájaros y como le van creciendo las ramas”, explica cuando ya estamos arriba del auto después de habernos tomados varias fotografías bajo su frondosa copa que en octubre luce exuberante. “Un árbol, en verano –escribe Conti- es casi un pájaro”.
Luli y Mabel Baez viven desde hace muchos años en Warnes, y se sienten orgullosos de pertenecer a un pueblo enclavado en la fértil llanura bonaerense que ha sido refundado en los textos de Conti y, acaso, intuyen que la realidad es apenas un apunte, un borrador del cual el escritor se apropia, da vida, corrige, reinventa. Es que los territorios literarios modifican el ámbito referencial de donde proceden. En una geografía literaria, Dublín no puede pensarse sin Joyce, Balvanera sin Borges, Santa Fe sin Saer, París sin Cortázar y Warnes y Chacabuco sin Haroldo Conti.
En el patio de los Baez, mientras se hace el asado, yo abro la primera edición de La balada del álamo carolina, la de Corregidor de 1975, de tapas verdes donde el árbol célebre del campo de Maruca Cirigliano es reproducido en una versión un poco más joven de la que yo he visto y fotografiado, un libro que perdí y recuperé muchos años después para que pudiera abrirlo en Warnes y preguntarle a Luli si se acuerda de Pampín y su boliche. Le leo:”El rostro blanco y pelusiento emergió lentamente por detrás del mostrador. Era el viejo Pampín en persona que subía del sótano al cual había caído en un descuido algunos años atrás porque la tapa estaba justo detrás del mostrador y a veces la dejaba abierta…” Luli se ríe y recuerda la vieja anécdota que todos en el pueblo comentaban, la imagen del viejo que yendo y viniendo de la balanza a los botellones de caramelos desapareció como por arte de magia y tuvo que ser extraído con unos aparejos. Luli hace un pequeño esfuerzo e intenta recuperar al viejo en sus recuerdos. Don Ramón Pampín, me dice, usaba unos botines pesados, una camisa de grafa, de esas de tela resistente, y un sombrero alto como una especie de galera, de copa redondeada con el ala finita. Tenía cara de ratón. Mis ojos bajan a las páginas de Conti que también lo describe en su cuento: “la carne se le había corrido hacia abajo como si el viejo, el verdadero, se hubiese encogido por dentro, de manera que la piel, salpicada de manchas, le colgaba de los huesos”. Me pide que siga leyendo y me va explicando, en el boliche había un olor particular, un olor diferente, ¿será ese olor a carne ahumada que señala Haroldo?
Ya no puedo saber dónde empieza y termina la literatura en la evocación de Luli, porque él ha leído los cuentos y se le entrecruzan con sus propios recuerdos.
Don Ramón Pampín, el personaje literario y el que cuenta Luli, había venido de Santa Eugenia de Fao, ayuntamiento de Touro, partido de la Coruña, pero había convertido en su propio lugar a ese Warnes polvoriento, dividido en dos por las vías del Ferrocarril Oeste, el mismo que dejó de pasar cuando las privatizaciones y ahora sólo quedan las vías muertas y la estación convertida en delegación municipal, comisaría y biblioteca.
En el recorrido que hacemos con Carolina por Warnes, siempre acompañadas por las palabras de Conti llegamos al boliche que está en una esquina, sobre la calle principal.
Es fácil adivinar, detrás de las oxidadas cortinas de metal, el mostrador oscuro, la balanza de dos platos, la vitrina con velas, agujas y ovillos de hilo, la heladera rota que servía de armario. Tomo una fotografía de la puerta que está en la ochava y casi veo a Pedro Seretti con el bolso en la mano, tomando una caña Legui mientras mira la pila de esqueletos de vino y botellas vacías.
La dueña actual de la propiedad levanta la cortina de la puerta lateral y nos permite husmear en la penumbra. Ya no hay pisos, las vigas del techo han sido desclavadas y bultos y objetos desfragmentan esos mundos que la literatura mantiene intactos. Me muestran donde estaba el sótano, pero ahora está tapado por bolsas y materiales de construcción.
Insospechadamente, un lugar se funda a partir de la escritura, la realidad no deja de ser apenas un apunte, un borrador del cual el escritor se apropia, da vida, corrige, reinventa. Bioy Casares decía que escribir era agregar un cuarto a la casa de la vida, que es otra manera de decir que la literatura duplica el mundo, imprime a la realidad un nuevo aspecto, la modifica, ejerce sobre ella una sugestiva, única percepción del entorno.
Los cuentos de Haroldo Conti construyen un espacio escriturario sobre la tranquila y sencilla vida del pueblo en donde pasó su infancia y a donde volvió una y otra vez para arrancarle personajes e historias. Como habría leído en Cesare Pavese, autor que influyó en su modelo de escritura, “Un pueblo se necesita, aunque sólo sea por el gusto de abandonarlo. Un pueblo, quiere decir no estar solo, saber que en las gentes, en las plantas, en la tierra hay algo nuestro y, a pesar de que uno se marcha, siempre nos aguarda.”
Hacia ese pueblo Conti volvía una y otra vez con su mente, es decir con su escritura que era una forma de reinventarlo. Una manera de escribir para que otros existan, de eso se trata, acaso la literatura: “..y entonces vuelvo a golpear otra tecla una y otra porque me digo que, después de todo, nadie sabrá de ellos si no es por este viejo artificio”, escribe en Los caminos pensando en sus amigos lejanos. Artificio que el escritor iniciaba en esos “prolijos viajes de la memoria”.
Porque su literatura inicia, desde la memoria, una reconstrucción de un espacio sembrado de objetos, luces y sombras, personajes que viven en la inmediatez del presente pero que pueblan la narrativa de Haroldo que los captaba en sus idas y vueltas al territorio de la infancia. En ese tono siempre evocativo el paisaje se reinventa y, cuando uno desanda esos caminos, el eternamente por asfaltar que une Chacabuco con Bragado, cuyo dinero se lo gastaron tres veces distintas administraciones, o se sienta a la sombra del álamo carolina que está en la antigua chacra de Maruca Cirigliano, o visita la casa, se encuentra con Haroldo porque como le escribiera a Haydé Lombardi “allí donde terminan los caminos, allí estoy yo”. Y seguramente viajar hacia esos territorios tiene mucho de encuentro.
La excursión al Warnes de Conti termina en la chacra de Maruca Cirigliano, la gran amiga del escritor que lo recibía siempre que llegaba desde Buenos Aires. Nos muestran el señalador de caminos que un día llevó a lo de Maruca y que miramos con esa extraña sensación que se tiene frente a los objetos que sobreviven a los hombres. Hablamos con uno de los hijos de Maruca, el hermano de Bachi: “Haroldo venía y venía siempre a esta casa, pero un día no volvió dice, era guerrillero, porque aquello fue una guerra, tal vez se lo merecía.”
Siento que Haroldo, lo que no se merece es que alguien hable así de él, que repita el discurso del poder y no confíe en ese escritor que era amigo de la casa, que absorbió ese paisaje y lo convirtió en hermosos cuentos. Ni a los Baez ni a mí nos gusta lo que estamos escuchando. Otra vez la teoría de los dos demonios, la desmemoria. Miramos por última vez el señalador de caminos en el que se lee las palabras Chacabuco y Bragado y nos vamos.
El álamo, el solitario álamo que crece en el camino, un poco antes de la estancia La Silvina, nos sigue protegiendo, en la distancia, con su frondosa copa de hojas verdes y brillantes. Junto con los pájaros, le andan aleteando las palabras de Haroldo, ese mago viejo como lo llamó Galeano. El álamo sigue erguido y hermoso gracias a personas como Luli que sabe, que en el corazón de su pueblo, la voz de Conti no se apagará jamás, aunque lo hayan secuestrado, torturado, aniquilado. Las palabras siempre son más libres, mucho más.

martes, marzo 27, 2007

ESCRITURAS PERIFÉRICAS

El poeta Eduardo Dalter me envió este artículo: se trata de la editorial de La Gaceta Literaria de Santa Fe (marzo de 2007). Una forma de continuar la discusión sugerida por Santiago Sylvester en este mismo blog.


Mencionar que existen mayores posibilidades de editar y difundir literatura en las grandes ciudades, no constituye novedad alguna. De allí que se concreten en ellas la mayoría de los proyectos de publicación antológicos o individuales.
Ocurre, entonces, que las insatisfacciones, resultado de organizaciones políticas de fingido carácter federalista, representan la justificada significación de un pulido anonimato para quienes ofician el compromiso de la literatura desde una realidad demasiado desfavorable en lo que a la circulación de sus obras se refiere. Sobre todo considerando que muchos de quienes escriben desde ámbitos territoriales ubicados en los suburbios del sistema enfrentan a diario condiciones históricas verdaderamente adversas, y, no obstante ello, persisten en realizarlo, silenciosa y solitariamente, desde las coordenadas espacio-temporales en las que les ha tocado en suerte situarse y desde las cuales intentan trazar un accionar que los preserve del olvido.
Sin embargo, resulta perentorio recordar que la aproximación sistemática de la producción literaria a un corpus social aparentemente insensible -al que habría que rescatar de los patrones mediáticos que lo han tomado como rehén y que le impiden conocer, aceptar y promover su propia identidad, su particular herencia cultural- refleja un entorno comunitario, un espacio compartido, un escenario poco feliz común a escritores capitalinos o provincianos.
Además, si bien es evidente que la característica universal de las diásporas, de los éxodos artísticos que congregan a los escritores periféricos en los centros poblacionales, reside en la búsqueda de oportunidades que las mismas pueden llegar a proporcionarles, no es menos cierto que muchos grandes nombres de la literatura obtuvieron notoriedad resistiendo desde los más apartados rincones de la tierra. De igual modo, no todos los escritores nacidos o radicados en las principales metrópolis consiguen la popularidad, ni la migración personal hacia ellas, basta para conquistarla.
Pero, claro está, desde este restrictivo prestigio patrimonial, no resulta sencillo testimoniar las particularidades creativas de los autores regionales ni reivindicar la dimensión intelectual de cada enclave, ni impulsarlo convincentemente.
Entonces, se manifiesta como terriblemente improductivo el continuar con esa especie de obsesión persecutoria provinciana que, cada vez con mayor frecuencia, nos toma por asalto. Porque, si bien no podemos caer en la ingenuidad de negar la existencia de silencios premeditados, no todos ellos obedecen a ocultas u oscuras intenciones de los agentes encargados del área. En algunos casos depende de la adhesión de los mismos a determinadas tendencias literarias, una naturalmente subjetiva estimación de valores estéticos, determinada propensión a destacar experiencias innovadoras, extravagancias lúdicas, manifiestas violaciones sintácticas por sobre otro tipo de apreciaciones de valor; y también, claro está, los notorios naufragios en las profundidades de lo que García Lorca denominara “mezquindades contemporáneas”. Pero, la mayoría de las veces, tanto olvido, tanta indiferencia, tanta postergación para con las voces de aquellos que persisten en exponer ante los otros las obstinadas creaciones del espíritu, no es más que el fruto del absoluto desconocimiento del que todos, de una u otra manera, somos cómplices.
Bien podríamos, entonces, considerar a nuestra revista como amuleto o talismán, como emblema de supervivencia; o tal vez como estrategia necesaria para oponerse a tanta indiferencia, una botella al mar desde la orilla misma del naufragio.

GRITEN!!!



El autor de esta historieta es el rionegrino Chelo Candia (1967, Allen, Rio Negro) . Según su propia presentación, "hace historietas desde que aprendió a leer, y su realidad cotidiana lo llevó a ganarse la vida como dibujante, periodista, escritor, productor y conductor de radio, muralista, comunicador social, tallerista y diseñador gráfico". Su e-mail es chelocandia@ciudad.com.ar

lunes, marzo 26, 2007

EL HUÁSCAR AL PERÚ

COMITÉ CHILENO POR LA DEVOLUCIÓN DEL HUÁSCAR AL PERÚ
Fuente: http://devolverelhuascar.blogia.com/

Un grupo de ciudadanos chilenos está llevando adelante la iniciativa de crear un Comité por la Devolución del Huáscar al Perú.

Estamos convencidos de la necesidad de fortalecer las buenas relaciones entre los pueblos y a ello contribuiría de forma importante un gesto unilateral de buena voluntad por parte de Chile.

Hay muchos bienes del Perú que los militares chilenos se llevaron como trofeo o botín hace más de cien años. Entre ellos, varios millares de libros de la Biblioteca Nacional del Perú; los leones que adornan la Av. Los Leones esquina de Providencia; esculturas y obras de arte, y muy principalmente para el sentir peruano, el Monitor Huáscar [buque de guerra] ...

(...) Aceptamos sugerencias y adhesiones, en especial de ciudadanos chilenos, aunque también son bienvenidos los peruanos y personas de otras nacionalidades.

POR LA PAZ EN EL CONO SUR

DEVOLVAMOS EL HUÁSCAR AL PERÚ

Si usted desea adherirse, por favor, envíe un email con su nombre, apellidos, nacionalidad y profesión (o actividad) a nuestro correo:

devuelvanelhuascar@gmail.com

AGONISTAS DEL FIN DEL MUNDO



Se trata del último libro del poeta neuquino Aldo Novelli (nacido, según él mismo, “en un marzo caliente, en la desértica y oxidada arcilla del Neuquén, en la mítica Patagonia de Argentina, en una madrugada de juerga y carnaval”). Van tres poemas.

Espejismos reflexivos

A lo lejos
un espejismo hecho mar y reflexión.
El mar -cavilo en silencio-
está en las entrañas del hombre,
su visión es un oleaje frío
en la olvidada memoria del cuerpo.
Este tenaz araucano que nunca vio el mar
presiente su infinitud,
su música feroz rompiendo
desde un tiempo anterior,
y su sabor inmemorial
oculto
en el triángulo secreto de cada mujer.

Análisis científico de la influencia
del viento sobre la luna


El viento sopló con violencia en la mañana
sopló y sopló toda la tarde
y al llegar la noche
él miró por la ventana
y me dijo con ingenua picardía
-la luna está toda despeinada-
y desde ese momento
toda la poesía del mundo
fue una leve brisa
diluyéndose
en el vendaval de la memoria.


Atardece en el desierto

En el óleo del horizonte
el filo morado de las bardas
fractura un cielo de óxido y arcilla.
Las gárgolas del tejado
despliegan sus pétreas alas
y sus ojos encienden de luna el ocaso.
Sentado a la mesa
entre vapores de guiso y agua hirviente
pincho insectos sobre un cartón,
y al clavar un alacrán que se retuerce
me siento un cazador sin escrúpulos,
como los que vendrán en poco tiempo.

martes, marzo 20, 2007

CARTA ABIERTA A LAS AMIGAS Y AMIGOS (CHILENAS/OS) DE LO AJENO



Fobia a la media tinta y al matiz. Todo crudo — ángulos y no curvas, pero pesado, bárbaro...
César Vallejo
Marzo, 2007.

Muy estimables,


quiere el azar de los encuentros que este envío se encamine de entrada bajo el sello de la amistad, amistad en este caso (desmesurada, empero) de y con lo ajeno: toda una escena. De escena hablaremos. Un poco. Y de patrimonio. Meridianamente: de la escena de una sustracción patrimonial, de un robo de padre y señor nuestro; cultural, patrio-patriarcal, histórico. Y de impunidad, era que no, de un olvido por años contenido por las instituciones políticas, culturales como patrimoniales chilenas. No nos referimos esta vez a “la carta robada” (no exactamente) sino al libro y a la lectura, a los miles de libros y manuscritos sustraídos tiempo ha por el Gobierno de Chile desde la Biblioteca Nacional del Perú y que aún yacen, tal secuestro permanente, en manos del Estado chileno. [...]*

Carlos Estela (en Lima), Vilma Tapia Anaya (en Cochabamba), Soledad Fariña (en Santiago), Carlos López Degregori (en Lima), Andrés Ajens (en Concepción/Santiago), Wilson Bueno (en Curitiba), Roberto Echavarren (en Montevideo), Jorge Campero (en Tarija/La Paz), José Kozer (en La Habana/Hallandale), Soledad Quiroga (en La Paz), Mariela Dreyfus (en Lima/New York), Pedro Granados (en Lima), Carlos Henrickson (en Valparaíso), Cé Mendizabal (en La Paz), Olga Grau (en Santiago), Reynaldo Jiménez (en Lima/Buenos Aires), Renato Sandoval (en Lima), Edgar Saavedra (en Lima/Cajamarca), Jussara Salazar (en Curitiba), Lupe Cajías (en La Paz), Cecilia Vicuña (en Santiago/Nueva York), Miguel Coletti (en el Callao), Alfredo Fressia (en Montevideo/São Paulo), Román Antopolsky (en Buenos Aires), David Bustos (en Santiago), Roger Santiváñez (en Piura/New Jersey), Silvio Mattoni (en Córdoba), Iván Trujillo (en Santiago), Zacarías Alavi (en La Paz), Luis Bravo (en Montevideo), Humberto Giannini (en Santiago), Pedro Favaron (en Lima/Huanchaco), Eduardo Duarte (en Andacollo/Barcelona), Chus Pato (en Lalín), Vicky Aillón (en La Paz), Loreto Pizarro (en Santiago), Benjamín Chávez (en La Paz), Susy Delgado (en Asunción), Claudio Daniel (en São Paulo), Juan Carlos Ramiro Quiroga (en El Alto/La Paz), Horacio Herrera (en Buenos Aires), Raúl Castillo (en Ovalle), Pedro Araya (en Valdivia/París), Sergio de Matteo (en Santa Rosa de la Pampa), Miguel Vicuña (en Santiago), Marcelo Mendoza (en Santiago), Marcelo Villena (en La Paz/París), Gary Daher Canedo (en Santa Cruz de la Sierra), Eduardo Espina (en Montevideo/Texas), Alberto Allard (en Santiago), María Teresa Andruetto (en Córdoba), Fernando T. Barrientos (en Tarija/La Paz), Guillermo Daghero (en Córdoba), Alejandro Banda (en Valparaíso), Luis Martínez Solorza (en Santiago), Laura Obrer (en Salto), Javier Campos (en Concepción/Connecticut), Cynthia Rimsky (en Santiago), Lía Rebaza (en Lima), Paul Guillén (en Ica/Lima), Carlos Liberona (en Santiago), Alejandro Mendez (en Buenos Aires), Mauricio Rosenmann Taub (en Santiago/Essen), Carmen Abaroa (en La Paz/Santiago), Silvia Hernández (en Santiago), Luis Oporto Ordóñez (en La Paz), Roxana Cerda (en Santiago), Damián Ríos (en Buenos Aires), Eduardo Milán (en Montevideo/México), Edmundo Paz Soldán (en Cochabamba/New York), Carlos Barbarito (en Muñíz, Buenos Aires), Alfredo Pita (en Celendín/París), Enrique Sánchez Hernani (en Lima), Rodolfo Pereira (en Cajamarca/Washington), Miguel Ángel Zapata (en Piura/Nueva York), Juan Fernando García (en Buenos Aires), Daniel Muxica (en Buenos Aires), Rolando Revagliatti (en Buenos Aires), Carlos Juárez Aldazábal (en Salta/Buenos Aires), Porfirio Mamani Macedo (en Arequipa/París), Julia del Prado (en Huacho), Bernardo Subercaseaux (en Santiago).

* [Pueden leer el texto completo de la carta en este sitio]


PORNOSONETOS

Dos ejemplos de lo que pueden leer en este sitio. Proezas formales del poeta Paz/Mairal. Pasen y lean.


las engrupidas grupas de las grupis

las engrupidas grupas de las grupis
qué vienen a buscar? pija letrada?
un unicornio azul? una encamada?
un polvo que contarle a los esnupis?
qué pretenden de mí digo a lo coca
que les trasmita el virus del poema?
que les muestre la luz de este problema?
que les saque las hostias de la boca?
se acercan pestañando enamoradas
se alejan de un portazo y mensajitos
que encuentres tus poemas tus hijitos
que gires en las noches estrelladas
las grupas de las grupis engrupidas
yo quisiera tener muchas más vidas


ya no estoy para el garching en el piso

ya no estoy para el garching en el piso
la próxima en colchón y con frazadas
me quedaron las rótulas paspadas
y los codos ardiendo amor te aviso
que no me estoy quejando sólo digo
que el polvo apasionado fue una maza
pero que habiendo muebles en tu casa
mejor es darles uso y ser testigo
de occidente y su piélago de camas
donde la gente nace y coje y muere
y olvida su osamenta porque quiere
que el sueño se le vaya por las ramas
igual qué calentura tu flequillo
cuando me la chupaste en el pasillo


miércoles, marzo 14, 2007

EL PAÍS AMPUTADO



Este artículo de Santiago Sylvester (Salta, 1942) se publicó en el nº 16 de la revista Hablar de poesía (diciembre de 2006). Una lectura lúcida y polémica de la realidad poética argentina. Ojalá circule.

La figura retórica que consiste en tomar la parte por el todo (sinécdoque) sirve para averiguar hasta qué punto esta conducta ha marcado la historia de la poesía de nuestro país, desde el comienzo. Esta investigación, con conclusiones parecidas, podría extenderse a toda la producción artística, pero no invado terreno ajeno y me centro ahora en la poesía. Me refiero, por supuesto, a la costumbre ya asentada de decir “poesía argentina” para referirse, sin conciencia de la limitación, a la poesía de Buenos Aires y su zona de influencia. En los últimos años esta demarcación geográfica se ha ampliado a la ciudad de Rosario, de mayor presencia cultural en el país debido a un festival de poesía, a algunas editoriales, alguna revista literaria, a una autopista y al buen olfato de inclusión de algunos poetas rosarinos; pero la sinécdoque sigue existiendo aunque la parte haya crecido un poco.
Una primera y fundacional manera, casi casual, de elaborar de este modo el mapa de nuestra poesía, es La lira argentina, de 1824, recopilada por Ramón Díaz. Este trabajo, que no fue concebido como selección sino como inventario, tiene credencial en un decreto de Martín Rodríguez, refrendado por su ministro Rivadavia, en el que, con criterio de estadista, se esbozan razones por las que se considera necesario un cuerpo literario completo para ensamblar un país. La idea de esa recopilación era abarcar todo el territorio nacional y había sido enunciada así: recoger e imprimir con fondos reservados del Gobierno “todas las producciones poéticas dignas de la luz pública que han sido compuestas en esta Capital y en todas las Provincias de la Unión desde el 25 de Mayo de 1810 hasta el presente”. La amplitud del encargo, muy propio de aquella generación y de algunas siguientes, marcadas por la obsesión de armar una república, tienen una insistencia política, jurídica y cultural que, casi desde entonces, se echa de menos. Sin embargo, seguramente por razones presupuestarias, puesto que la búsqueda de los poemas suponía desplazamientos y gastos, sucedió lo inesperado (inesperado para entonces, ya que inauguró una costumbre que dura hasta hoy): se dio por buena la recopilación realizada sólo en Buenos Aires, y así se publicó una “lira” local que, sin embargo, no se privó de adjetivarse como “argentina”. Con éxito dispar, esta conducta ya es común: la sinécdoque nacional se puede rastrear a lo largo de toda nuestra historia.
El efecto de la cultura amojonada se nota en el desarrollo de todas las generaciones que se han sucedido desde entonces. En la de 1837, en la romántica, en la martinfierrista y su contra cara, la de Boedo, en la del 40, en la del 60, en el debate entre objetivistas y neo-barrocos, y así sucesivamente, apenas si aparecen mencionadas las provincias aunque todas las generaciones y grupos están presentados (y así se presentan ellos mismos) como representativos del país. Tal vez, efectivamente, la historia no sea una sola para todos, pero tampoco se prodigan las matizaciones, aclaraciones, precauciones o justificaciones de lo que es, en realidad, una apropiación indebida de la totalidad por una de sus partes, con un asentamiento psicológico, ya consolidado, que ha generado más de un desacuerdo.
...Pero antes de continuar con este análisis, y como parte importante del mismo, debo decir de inmediato que sería agregar un error a otro plantear este tema en términos de rivalidad nacional y llegar a la conclusión tranquilizadora de que la culpa está en la vereda opuesta. No hay vereda opuesta ni es necesario encontrar culpables, pero sí, en todo caso, repartir responsabilidades para corregir la distorsión. En este sentido se puede decir que, además de una indudable arrogancia portuaria, o centralista, también son responsables de esta situación las provincias. Esto tiene que ser expresado categóricamente para que la madeja no se enrede donde no debe, y para que este análisis no parezca lo que no es: resentimiento o algún tipo de sentimiento devaluado. De esto no hay aquí: finalmente, expresado en términos personales, ya que soy yo quien escribe estas líneas, soy un habitante más de Buenos Aires, contribuyo a su estruendo, y me beneficio de su oferta general, cosmopolita y abierta, pero una vez dicho esto, no se puede desconocer (nadie lo hace en el país) que ejerce una prepotencia involuntaria, debido a su capacidad desmesurada entre nosotros, que es fiel reflejo de un país deformado y desarticulado.
Conviene aclarar en qué sentido adjudico a las provincias una cuota importante de responsabilidad, siendo, como son, la parte más débil de esta ecuación (centro-periferia) que finalmente es económica y, entre nosotros, gravosamente demográfica. En primer lugar, porque salvo momentos específicos, han carecido de estrategia expositiva de sus expresiones culturales. Esta carencia se puede advertir tanto en la omisión como en la falsa abundancia. Es recién a partir de mitad del siglo pasado que se empieza a detectar en las provincias un interés más o menos programático por la producción propia, alguna crítica valorativa y cierta objetividad en las conclusiones, y aún así se puede advertir que no siempre ha habido una ordenación adecuada para salir de los difíciles límites provinciales. Por otra parte, demasiadas veces el análisis es suplantado por el panegírico, y es cuando prospera la falsa abundancia, más frecuente de lo que corresponde. Esto se puede comprobar con dar una ojeada a las antologías provinciales, o a los planes de difusión, que suelen recoger una producción superior a logros y posibilidades, basados muchas veces en proximidades afectivas o políticas. Durante algunos años fue célebre un clásico chiste de Pepe Arias, del viejo teatro de revista, que decía: –¡Qué va a ser artista, si vive a la vuelta de mi casa!–. Esto es exactamente lo contrario de lo que sucede en las provincias, donde el chiste (sólo que nunca se muestra como tal) se modifica totalmente: –Es amigo mío, ¡es un gran poeta!–. Desde luego, esta versión es más cariñosa que la anterior, pero no sirve y conspira contra al precisión. Y es esta falta de precisión, en el momento de presentarse, lo que afloja la muestra y no consigue sacarla del círculo reducido y local.
La cuestión de siempre es cómo se logra el punto medio: que exista un plan, y que sea ponderado. En síntesis, que se consiga una estrategia expositiva seria; y este es el aspecto que carga a las provincias con una cuota de responsabilidad en esa operación de tomar la parte por el todo, y que ese menoscabo sea considerado como propio de la naturaleza de las cosas.
La necesidad expositiva ha sido advertida muchas veces, pero pocas satisfecha; y al decir esto aclaro que, con el propósito de mayor objetividad, sólo tomo en cuenta historias de la literatura o antologías firmadas. En la Historia de la literatura argentina de Ricardo Rojas (publicada originariamente en cuatro volúmenes, entre 1917 y 1922), se advierte, por su amplitud y diversidad, el propósito de cubrir todo el país. Se trata de una obra extraordinaria, sobre la que tirar sombra podría resultar mezquino: pionera y con aciertos indudables, es referencia obligatoria en los estudios literarios de nuestro país. Pero es interesante cotejar que esa voluntad integradora es más fervorosa para la época colonial y el período patriótico que para la contemporaneidad del autor (el momento más comprometido, sin dudas), cuando de un modo imperceptible, pero comprobable, se cuela la figura retórica de marras, y sin quererlo se empieza a tratar con menos afinamiento a la poesía de las provincias. A modo de rápido ejemplo, y sin que signifique minusvalorar una obra útil, que lleva sosteniéndose con firmeza desde hace más de ochenta años, propongo revisar el tratamiento que da a Joaquín Castellanos en relación con el resto del romanticismo criollo: el único comentario que le dedica es “que aún vive”. Es cierto que hay un capítulo dedicado especialmente a “La vida intelectual en provincias”, en el que, como Rojas mismo lo expresa, “estudia la vida intelectual posterior a la federación de Buenos Aires, o sea a la definitiva consolidación de nuestra democracia federal”(con todo lo provisorio de una afirmación tan rotunda como ésta, referida a nuestra organización política), pero es fácil advertir que salva la cuestión con un tono perifrástico y más bien sociológico que, contra lo que podría suponerse, sustituye la consideración literaria, que también se espera por ser lo central del trabajo.
Años después, en 1958, Rafael Alberto Arrieta dirigió otra extensa Historia de la literatura argentina, desplegada en seis tomos, esta vez escrita con muchos colaboradores, tan idóneos como Roberto Giusti, Ezequiel Martínez Estrada, Julio Caillet-Bois, Ángel Battistessa, César Fernández Moreno, Raúl Augusto Cortazar, Luis Franco, entre otros. La pluralidad de autores, y tal vez de criterio, tiene correspondencia en la amplitud de lo tratado, y es tal vez el intento más logrado por abarcar todo el país. Sin embargo, también en esta obra se puede detectar variaciones en el tratamiento general de las provincias. El período colonial merece amplitud, y también la sección que le toca desarrollar a Julio Noé sobre la poesía en el Tomo IV, que alcanza hasta el momento en que comienza la modernidad del siglo XX; pero la época siguiente, vale decir lo que el siglo XX llevaba trabajando hasta entonces, y que le toca desarrollar a César Fernández Moreno, es francamente un ejemplo cumbre de sinécdoque nacional. El capítulo se llama con título discutible “La vanguardia argentina”, y desarrolla los subtítulos siguientes: Los precursores, El sencillismo, El ultraísmo, La escuela de Boedo, Lustro de transición, El neo romanticismo, y 1944-1950. En este índice cabe de todo, menos una sola referencia a la poesía del interior del país: pareciera que la poesía de las provincias, como “los griegos” desde el siglo de Pericles, había dejado de reproducirse. Hay un tomo interesantísimo, el V, escrito por Raúl Augusto Cortazar y Luis Franco dedicado al folklore, en el que se menciona a muchos escritores y poetas del interior (Daniel Ovejero, Juan Carlos Dávalos, Federico Gauffin, Domingo Zerpa, Joaquín V, González, Alfredo Bufano, Antonio Esteban Agüero, Fausto Burgos, etc.), pero allí, debido a la naturaleza del asunto, no son citados por méritos literarios sino como testigos de costumbres y particularidades. Tan es así que en el capítulo titulado “Ámbito de la selva”, al subtitular “El hombre”, se aclara que “de los habitantes de esta área boscosa del Noroeste, quedan al margen de nuestra consideración, entre otros sectores de la sociedad, los empresarios e industriales, los colonos extranjeros y los indígenas. Según nuestro punto de vista, no integran, por distintas razones, el sector humano que llamamos pueblo a los fines de la investigación folklórica”. Tal vez corresponda esta mirada técnica, pero vista desde aquí se trata de una exclusión dentro de otra: como errarle al blanco por todos lados.
La idea del país amputado retorna obstinadamente, una y otra vez aún cuando se enuncia lo contrario. En 1961 César Fernández Moreno vuelve a la carga y publica un interesantísimo libro, La realidad y los papeles, cuyo subtítulo proclamativo es Panorama y muestra de la poesía argentina; son más de seiscientas páginas en las que, a pesar de su declaración de principios, no se descubre nada que permita suponer que el autor ha tenido de verdad una preocupación por el país interior. Salvo algún nombre propio, citado más que estudiado, su criterio sobre la poesía ajena a Buenos Aires no consigue superar la mera enumeración; y siempre resulta escasa. Tan escasa que en la “muestra” con que termina el libro no se recoge poesía escrita en las provincias. Hay un capítulo que, con alguna ironía, Fernández Moreno titula “Las argentinos incómodos”; pero la ironía se vuelve más abarcadora de lo previsto, excede su libro y da de pleno en la crítica general, porque hay un grupo de argentinos que son, al parecer, mucho más incómodos, y por no saber dónde colocarlos, en qué casillero de la comodidad analítica situarlos, simplemente se los suprime. Pienso si Bernardo Canal Feijóo (autor, precisamente, de uno de los primeros libros vanguardistas del país, de 1924), Luis Franco, Jorge Enrique Ramponi o Alfonso Sola González, no hubieran merecido alguna opinión.
Es tan evidente la exclusión de ese corpus poético que algunas veces han surgido intentos de compensaciones. El más extremo fue el de la SADE (allá lejos y hace tiempo, cuando la SADE tenía prestigio y estaba habitada por escritores de verdad), que en la década del sesenta encargó a Alfredo Veiravé compilar una antología de poetas que vivieran en el interior del país: se publicó en 1971 con un título decidor y sarmientino, ...y argentino en todas partes. En la contratapa se expresaba la decisión de encargar antologías regionales: un proyecto que no se llevó a cabo y que sigue pendiente. Hace unos pocos años, yo mismo compilé una antología que recoge la poesía del Noroeste, escrita en el siglo XX, que publicó el Fondo Nacional de las Artes en 2003. Al comenzar este trabajo, que me llevó a recorrer las seis provincias implicadas (Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Jujuy, Catamarca y La Rioja), busqué eventuales antologías regionales, como quien revisa y se vale de modelos ya elaborados, pero comprobé que no existía hasta entonces ni una sola, en ningún género literario. Había, sí, muchas antologías provinciales, de muy variada calidad, pero ninguna que abarcara toda una región, cualquiera fuera, incluido el Noroeste; y aunque es cierto que encontré muestras ejemplificadoras de algunas regiones, especialmente en el género cuento, ninguna tenía pretensión general y antológica. Esta ausencia muestra enfáticamente un país deshilachado, con poca trama cultural y poquísima información recíproca: un muestrario de responsabilidades compartidas.
Hasta hoy la situación no ha variado mucho. En todo caso sí ha crecido el centro, con la incorporación ya mencionada de Rosario, pero la sensación de sinécdoque nacional sigue predominando, y se la puede comprobar en trabajos recientes. Hay quienes hablan, referido específicamente a la poesía más o menos joven, del “eje Rosario-Buenos Aires-Bahía Blanca”, y supongo que habrá razones para esta afirmación; pero seguramente, si ese eje existe, se debe a una buena estrategia de exhibición, a publicaciones relativamente exitosas y, tal vez, a una estética compartida: en todo caso, a un plan concertado, aunque sea tácitamente, de política cultural. Lo que ya no sería bueno es que redundara en lo mismo: que, por mostrar una parte, la operación resultara excluidora (ninguneadora, pareciera más preciso, ya que el neologismo agrega una intención) del resto. Esto significaría la perduración del esquema restrictivo que vengo exponiendo: con mayor asiento geográfico, pero basado en la arrogancia demográfica y tan limitador como siempre.
En los últimos años esta limitación se repite con una pertinacia que, al menos referida a la poesía, parece invencible. En el trabajo grupal que dirige Noé Jitrik, Historia crítica de la literatura argentina (es cierto que hasta ahora incompleto), no se percibe, por lo que lleva publicado, y por lo que se conoce del plan general de la obra, que nadie sienta mayores obligaciones con la poesía del interior.
Tampoco parece interesarle a una actual sistematización de la literatura argentina, que hace una lectura distinta, interesante y con beneficios; pero en la que queda muy clara la intención de sostener esa nueva versión de la sinécdoque, dando por buena, como entera historia nacional, lo que no es sino un recorte evidente, acaso interesado. Me refiero a la Breve historia de la literatura argentina de Martín Prieto, que no por breve deja de tener más de quinientas páginas; allí, como novedad, se amplía el centro de atención, que siempre correspondió a Buenos Aires, se incorpora a la ciudad de Rosario más su zona de influencia; pero se sigue excluyendo al resto de país. Un rápido repaso trae la conclusión de que, para el autor, la poesía de la Patagonia directamente no existe; tampoco existe la de Cuyo; la del Noroeste ha dejado de existir hace casi medio siglo; y podría verse lo mismo en cualquier zona del país, salvo la considerada central. Es atendible que, como en todo libro de opinión, mande el gusto del autor y la idea general acerca de lo tratado, pero aún así queda la pregunta de si estamos ante una opinión fundada o ante el viejo y repetido “desdeña cuanto ignora” de Machado. Porque, ¿es cierto que poéticas tan disímiles como las de Néstor Groppa, Hugo Foguet, Alejandro Nicotra, Horacio Castillo, Jorge Leonidas Escudero o Juan Carlos Bustriazo Ortiz, para sólo nombrar a unos poquísimos, no tienen, ninguna de ellas, nada que decir? ¿Ningún comentario merece, por ejemplo, el grupo “La Carpa” que prosperó en la década del cuarenta en el Noroeste, y que resulta ser el único en el país, hasta hoy, que abarcó programáticamente toda una región? Por otra parte, cuando se habla aisladamente de alguno de sus miembros (Manuel Castilla), se informa que sus mejores poemas están reflejados en el cancionero popular, y entonces uno tiene la sospecha, con todo el respeto por una opinión contraria, de que el autor no ha caído en la tentación de leerlo.
Supongo que a lo largo de estas líneas queda claro que no está en discusión la idoneidad de quienes opinan, ni mucho menos la independencia con que deben hacerlo; pero sí un hábito malsano, indudablemente ideológico, que se parece al abuso de poder, tan caro a la mentalidad argentina. Desde luego, hay excepciones y ejemplos en contrario, pero la tendencia y el grueso del muestrario, a veces demasiado grueso, no ofrecen dudas acerca de dónde está la norma. Un firme ejemplo de esta norma son, continuando con nuestra ya asentada tradición de exclusiones, la “antología de la joven poesía argentina”, Monstruos, que Arturo Carrera publicó en 2001, y Twenty poets from Argentina, también sobre poesía joven, que Daniel Samoilovich publicó en Londres, con traducción de Andrew Graham-Yoll. Ninguna de estas selecciones se ha tomado demasiado trabajo (que tal vez efectivamente lo sea, pero me parece obligatorio en ambos casos, dadas sendas declaraciones de ser “argentinas”) por traspasar las espesas fronteras interiores. Es decir, también en el tratamiento de las llamadas generaciones (más o menos) jóvenes sigue sucediendo el fenómeno inaugurado casi con nuestra patria.
Los límites de la sinécdoque, pues, han sido corridos, pero el fenómeno sigue existiendo: es cuestión de dar una mirada a la vuelta, con la atención centrada en este problema (que efectivamente es un problema), para saber que la equivocación persiste, y que es siempre la misma. Y es entonces cuando, repasando libros, antologías y estudios críticos, uno cae en la cuenta de que en la historia de nuestras letras, y agudamente en la de nuestra poesía, predomina, más que el análisis, la sociabilidad, porque, a la par de omisiones clamorosas, no se puede dejar de ver que figura el padrón completo de “amigos, clientes y favorecedores”, como exageraba una publicidad de otro tiempo; y sobre esta evidencia no caben ingenuidades.



AVES MIGRATORIAS




La poeta Lidia Rocha (Trenque Lauquen, 1959) publicó el año pasado este interesante poemario (va una muestra). Lidia desarrolla una intensa actividad cultural en la ciudad de Buenos Aires, incluyendo la coordinación de talleres de escritura y ciclos de poesía como Literatura Viva y Las vacas sagradas.

AVES MIGRATORIAS

una canción
sopla mis alas
cada marzo

Carpe diem

Desde la cornisa de aquel edificio,
en picada, hacia un espacio móvil
entre dos autos,
dos gorriones bajan a buscar un tesoro,
enfrascados
en una conversación aguda
y misteriosa
(¿sabrán ellos de símbolos?)

El calor vuelve el asfalto más gris,
más sucio, y tensa las caras.
Aturden las bocinas,
la insistente alarma a la salida de la cochera,
ruido de frenos, sirenas de ambulancia.
Ellos caminan como si la rueda
que pasa a centímetros de sus patitas
quedase tan lejos como el sol de noviembre.
Veloces,
saltan al cielo urgidos por atender
asuntos importantes.
De su belleza gris y cálida,
de su volumen breve,
queda sólo este eco
que no se apaga en mi memoria.

A unas cuadras de allí,
asaltaron una estación de servicio.
La electricidad causó estragos
a otros vecinos de acá cerca.
Un poco más allá
un secuestrado exprés grita
por su segunda falange.
Y no tan lejos caen bombas
y edificios.
Los continentes siguen derivando,
el ozono se extingue una pulgada más
y navega en lo oscuro el meteorito
del último día.

Ella y yo
nos acomodamos cerca de la puerta,
con el libro abierto, le pregunto
que habrá querido decir
“carpe diem” y no sabe.
Pero deja el libro sobre sus rodillas,
mira sin ver la calle y los gorriones
deja que el tiempo
se deshaga junto a sus zapatillas.

Menos agudas y tan indescifrables
nuestras voces se pierden
en el constante moverse de las cosas.
Ella desaparece tras la puerta metálica
del ascensor y yo me pierdo
entre las calles superpobladas,
y el smog
pensando en estas cosas
mientras las ruedas pasan
a centímetros
de mis plumas.

MUJERES DE FUEGO/MUJERES DE NIEVE





El autor de estas fotografías y de este artículo es Alejandro Ahuerma. Un importante testimonio de la lucha y de la situación docente en Salta.


Primero se debe fotografiar lo importante y lo urgente,
siempre habrá tiempo para fotografiar lo bello.


(Mi abuelo, Martín Salazar Hierro)

El 8 de Marzo, día Internacional de la Mujer, en la recova del cabildo Histórico de Salta, los docentes salteños cumplían su cuarto día de huelga de hambre.
Entre los 11 docentes, se encuentran 5 estoicas : Julia Rodríguez ; Gladys Vildoza; Martha Hermosilla; Luisa Lami y María Rosa Fernández, (quien sufrió una descompensación y debió abandonar el ayuno).
Ellas, igual que miles de docentes reclaman por sus derechos laborales, como lo hicieran aquellas mujeres asesinadas en Chicago, en el episodio que diera origen a la fecha, del “día internacional de la mujer”.
Ellas marchan y luchan en su día, y no festejaron porque en esta provincia no hay motivos.
A metros de allí el Museo de Arte Contemporáneo, congregó a 50 artistas mujeres, para una intervención urbana que iría desde Zuviría 90, hasta la legislatura, convocatoria que irónicamente se llama “Mujeres con Memoria”.
A decir de la directora del MAC, Otilia Carrique, "Es un camino de la memoria". Y el hilo conductor a seguir será un objeto: la silla.

“ En el borde del camino hay una silla,
la rapiña merodea aquel lugar…

A esa hora en que las “mujeres con memoria” comenzaban su camino de las sillas, la marcha docente pasaba frente a MAC, pero ninguna de estas mujeres con memoria, las que estaban vestidas para el Oscar’s, miró, la ruidosa marcha que pasaba casi por sus narices.
Semejante “ninguneo” al que nos tienen acostumbrados las elites de artistas iluminados, debe llevarnos a una profunda reflexión sobre la verdadera función del arte, sobre todo cuando es convocado para semejante proyecto: “'Mujeres con memoria' es un proyecto que pretende unir la labor artística de las diversas ramas del arte, con el compromiso social y político de las mujeres” (sic) Explicó O.C. a El Tribuno
Algunas de esas artistas que participaron de esta muestra: “Patricia Godoy, Telma Palacios, Mariela Garrido, María Laura Buccianti, Mónica Campos, Verónica García, Silvia Katz y Claudia Lamas entre otras”..(O.C.)
Y vamos a tratar de pensar un poco, sobre lo que hoy nos ocupa: esta especie de arte de género que se viene dando, desde que la liberación femenina, hiciera pié en estas tierras, y donde pareciera ser, que se piensa que el arte tiene un sexo determinado, que se impone sobre la condición artística de sus creadores, al convocar para una fecha tan importante para la memoria solamente a mujeres, como si no hubieran hombres que dedicaran en su obra a resaltar luchas e historias de muchísimas mujeres que se destacaron en nuestra provincia y el mundo no solo en lo artístico, sino en el ámbito social.
No es raro el hecho de que la convocatoria a esta muestra, provenga de un organismo oficial como el MAC, ya que los destinos de esta Salta , hoy regidos por funcionarios que en su mayoría provienen de la rama femenina del justicialismo. Ante esto, bien podrían haber continuado su recorrido de las sillas, no solo hasta la legislatura, sino hasta Zuviría al fondo, donde la sede del PJ, realizaba un homenaje a las mujeres militantes.
Donde se encontraba entre otras, la diputada Nora Jiménez, a quien, horas antes, la ví mirando mas o menos de cerca la huelga docente.

El que siga buen camino
tendra' sillas peligrosas
que lo inviten a parar.

Aunque parezca fuera de lugar, aunque digan que no tiene nada que ver una cosa con otra, aplaudiremos igual, el paso de estas mujeres “desubicadas y ruidosas” que dando vueltas a la plaza, casi empañan el comienzo de la marcha de las sillas, como empañaran ya una vez el 1º de Abril del ’95 la inauguración del Abril Cultural Salteño. Al hacerse golpear brutalmente por la policía provincial en lo que ya todos conocemos como “La noche de las Tizas”.
Aplaudiremos su lucha, porque aunque nunca fueron invitadas al festín oficial, ellas sí son mujeres con memoria, y por sobre todas las cosas mujeres con los ovarios bien puestos.

siempre vale
la agonia de la prisa
aunque se llene de sillas
la verdad."

(Silvio Rodríguez)

sábado, marzo 03, 2007

NOTICIA DE LOS COMULGANTES II

(Presentación, a cargo de la poeta Mercedes Saravia, del libro de Teresa Leonardi Herrán, que se hizo a comienzos de febrero en la localidad salteña de Campo Quijano).

Este quinto libro de Teresa Leonardi pone en evidencia la madurez de una voz poética singular. Con la metáfora de los comulgantes, los poemas desarrollan un canto de amor y de dolor por la pérdida del amado. Los comulgantes se anotician (y nos dan noticias), ¿de qué?. De lo peor: la muerte,“el tajo de sombra que desanuda nuestros cuerpos”. El nudo se rompe y las palabras intentan volver a anudar a los amantes:“la muerte que no florecerá en tus ojos si como a Eurídice me buscas más allá de la vida”. Cada poema construye redes donde se recuperan las presencias , “extendidas redes que zurcen tanto Uno separado”. El amor inventa una completud siempre fallida, pues cada pequeña cosa viene a desmentirla, “al corazón andrógino volviéndolo este doble sollozo de cuerpos discontinuos.” No hay pues una relación feliz entre los sexos, divididos en dos mitades. Ella es la “mujer en fragmentos”, la “comulgante rota”, la“Gretel desobediente que se distrajo sembrando miguitas dulces de su cuerpo”, aquella que por la gracia del amor quiere transformarse en “la no separada”,“eva en su adán/ costilla en su esternón/, niña en su semen/ gozosa por nonata”.
El amor nos engaña porque (en)cubre la separación, pero hay en él algo verdadero: en los cuerpos que gozan, en las palabras, en el deseo…, en“una mujer y un hombre desordenadamente claros en el gozo”. El poema es el lugar donde los amantes comulgan, si no en los cuerpos, en las palabras: “panes mutuos las bocas/ común vino las sangres”; “Adámicos/ recién paridos por la vida/ día y noche entrelazados/ nos bebemos los embriagantes soles que nos pueblan”.
Escribir es un modo de hacer otra cosa con el dolor. La escritura permite dar una forma a lo que no tiene forma y, transformando lo interior en exterior, hacer un mundo a la medida de uno, y del deseo: “Sé que cuando el mundo ya no sea/ todavía será mi corazón que te ama”.
En esta época donde reinan la técnica y la imagen, la poesía se presenta como una palabra no dominada por la técnica. Una opción que permite alojar la angustia de vivir y soportar el destino mortal del sujeto como una experiencia singular.

Mercedes Saravia (mer_saravia@hotmail.com)
Salta, febrero de 2007

viernes, marzo 02, 2007

MEMORIAS DEL PILCOMAYO



Laureano Segovia nació en Misión San Andrés (Formosa, 1948); pertenece a la etnia wichí. Vive en Misión la Paz, a orillas del río Pilcomayo, 
en el noreste de la provincia de Salta, allí coordina el Taller de la 
Memoria desde 1992. Memorias del Pilcomayo reúne narraciones orales de 
comunidades indígenas del chaco salteño recopiladas y traducidas por el autor.  


                       3
    Historia ta yame hap nowalhek

                                                            Samania Segovia
                                                            Misión San Andrés


Ifwalas ta pajche olhamel oyame hap nowalhek wichi ihanej t’at maktha ihamel iwoye chi iwat-lachi han ihoye ayej hap inhat wek itetsan hap nowalhek wos wet iyahinche ta wiyha wet hate itetsan nowalhek wos nitafwelej nowalhek ta wuj hap lewos lewosnha hap ta ihan lewos ta titsan wuj ta yame wet ta ihan iwotesa iyahin lhip ta tatache wet malhyejchi 100 metros wet taka sit wet yachajo ta iyahinla wet yachajo ta yik taichi kamaj hiwen at-la nowalhek wos malhyertso yik t’at pajtha ifwit. Wet ifwalasnha nokeynha noj t’at wichi nemit ihanej nokeynha matche ta is chi lewat lachi letuj nowalhek lhek lehan nowalhek wos yowuajkuek lewen aipaithitha iwathitha chi lelun imalhewek ifwala. Hap tajnha maktha olhamel oyame tajnha maktha wichi lekey nhaje wet ifwalasnha noj nokeynha.


                                 3
                   Los mariscadores

                                                    Relato de Samania Segovia
                                                         de Misión San Andrés


Los mariscadores son la gente que sale al monte a buscar los productos naturales que el monte ofrece, como la miel de lechiguana, de bala y otras cosas.
Los mariscadores saben cómo seguir una avispa cuando vuela; antes de buscar, primero tienen que ir adonde hay agua. Allí bajan muchas avispas a beber, ellos entonces la observan y dicen que hay dos clases, la grande no tiene panal de un tamaño grande, pero la chiquita tiene un panal muy grande y entonces se encontrará mucha miel. Las avispas toman agua y después vuelan y cuando se levanta, miran adónde va.
El hombre sigue a la avispa como cien metros y se detiene para poder volver a mirar. Tiene que ser un día despejado, porque si está nublado no se ve adónde va la avispa. El hombre va parando de trecho en trecho, siguiendo a la avispa, siempre mirando hasta que se va acercando al panal. Cuando él ve que la avispa está bajando, sabe que está llegando al panal. Camina un trecho más y ahí está la lechiguana.





BESTIAS DOMÉSTICAS



El amigo Alejandro Morandini (Córdoba, 1964) premio provincial de poesía mediante (vive en Salta desde hace mucho tiempo), acaba de publicar su primer libro. Los dejo con algunos de esos textos.

Laguna de Tarapaya

Espero
un taxi que asome entre el humo
peregrinas tetas se higienizan con agua caliente
de la Madre Tierra
las primeras estrellas se impacientan
las vicuñas lamen su botella
bravura y voluntad
papel que se seca al aire
                          abra inclinada al Universo
                          huaino que me sale de acá
                          barro en el cassette
                          pétalos amarillos entrando a Potosí.


Pacto

En la Esquina de los Procuradores
hago un pacto con el demonio vestido de civil
zapatitos blancos y bigote corto
vas a estar despierto toda la noche
me aseguran
veo las sábanas moverse en la terraza del hotel
el humo azul me pide documentos        pasaporte
silencio
manos contra la pared.


Cartas

              I
Una mujer deja caer
una carta
en un buzón
de Padigton Station.
Una mujer de brazos lentos
sube al tren
lleva un ramo de flores al cementerio.
A veces una mitad del mundo coincide
con las cosas que hemos perdido
la otra mitad se parece a nosotros.

           II
Cada noche recibe dos cartas
con noticias de Inglaterra
fotos
dibuja en mapas recorridos imposibles
para después
para luego
para de nuevo
él llega y disfruta de quedarse quieto
brillante
a ella le gustaría morir en Venezuela
a él no.

NOTICIAS DE LOS COMULGANTES




Teresa Leonardi Herrán es una de nuestras grandes poetas del Norte Argentino. Perteneciente a la generación poética del 60, sus libros publicados son Incesante memoria (1985), El corazón tatuado (1990), Blues del contraolvido (1991), Crónicas de la edad de hierro (1996), Rizomas (1996) y, recientemente, Noticias de los comulgantes (2006). A ese libro pertenecen estos poemas.


En la oscuridad de los orígenes

Siameses en la cueva de Madre
en su matriz sin tiempo
Panes mutuos las bocas común vino las sangres
de nosotros manaba el denso paraíso
Alternativamente macho y hembra
de quién esta holoturia creciente entre las piernas
de quién la madreperla su corola deseante.
Afuera la ley del Padre
su mentirosa claridad fundando diferencias
su sombrío bisonte agrietando lo Uno
al corazón andrógino volviéndolo
este doble sollozo de cuerpos discontinuos.


Instrucciones para vivir un invierno

He perdido las huellas de mi muchacho
donde él pisaba crecían soles
Afuera la nieve desoba sus tigres
Qué harás deseo sino hibernar
enroscar tu animal salvaje
que se nutría de verde luz ahora ausente
Deja que fulguren los huesos de este invierno
enciérrate en la gruta
aliméntate de tu propia sangre
ahorca tu llanto
que nadie oiga su crepitar de fuego
Sé paciente
En los mapas zodiacales está escrito:
comulgarás de nuevo la hostia de su cuerpo.


Canciones para Joaquín

                 I
Vino la abeja con su aguijón de nieve
que en disímiles tiempos ya cose nuestros ojos
Hasta que por mí ella regrese
tejo el manto de besos que volverá a abrigarte.

               II
El corazón desollado
desciendo del Árbol
De la rama más alta,
vos, jaguar inocente, me decías adiós
con tu pañuelito de fuego.

LUZ MALA




Jorge Brega (Buenos Aires, 1949) publicó No ha lugar (1975), Poemas de ausencia (1984) y como compilador la antología Poesía social y revolucionaria del siglo XX (2002). Estos poemas interesantísimos son de Luz mala (2004), libro que el poeta tuvo la gentileza de regalarme en algún bar apacible, durante un verano de Salta.


Aquí Cosquín

Un Sea Harrier
          rasa
la Próspero Molina.

No es 1982.
Es 1961.

Los pibes disparamos
desde el campanario.

La multitud celebra
impactos en el fuselaje.

Trepa el inglés
y se pierde
en dirección
a la Juntura de los Ríos.

En silencio
aguardamos.

Un pañuelo
de zamba ondea
quieto en el aire.

Un momento nomás
                y
la columna
de fuego ilumina
unos campos
como
si Prado del Ganso
           fueran.


Ocaso na praia da Joaquina

La hormiga en la arena
es un macho perdido luego del vuelo nupcial.

Cumplió su destino y nada le incumbe.
Ni la grandeza del mar que brama frente a él.

Está ciego ante los últimos bañistas
y los desperdicios que abandonan.

Cuando sus alas agonizan mecidas por el viento
los bañistas suben a sus automóviles
          temerosos de la tempestad.


De cómo mi padre me llora

No me lamento, sólo sangro
cuando mi padre me ordena la falda
y me alza de los escombros de mi hogar
entre el Tigris y el Éufrates
en la aldea donde todos nacimos.

Y ahora que lo escucho llorarme
sé que aún me carga consigo
cuando se lanza sobre el invasor
blandiendo el puñal de la historia.


Telenoticias

El Hudson entra en erupción.
La Patagonia se cubre de ceniza.
Gran mortandad de animales.
Benetton pierde sus ovinos.
El gran diario argentino se conduele.
Escasearán bufandas para niños
negros- blancos - amarillos.
Pobrecitos  united colours.

La TV no se lo pierde.
Paneo de cámara: cabizbajo
vaga por allí un peón de estancia.
Luce un suéter punto inglés
en tono gris panza e´burro
engamado con el paisaje
y bombachas batarazas.
Del cinto de hilo sisal
pende una bella tijera de esquila
         typical
                 regional product.


SALVADOS DEL INFIERNO



(fragmento del libro de Maud Davecio de Cox y Eduardo G. Wilde, publicado en 2001)

LO QUE SIGUE ES LA DECLARACIÓN DE ROBERT JOHN COX,
COMO DIRECTOR DEL “BUENOS AIRES HERALD” (DE 1969
A 1979), DURANTE EL JUICIO A LA JUNTA MILITAR, EN 1984.


Mientras se desempeñó al frente del diario ¿tuvo usted denuncias de parte de personas que hubieran sido víctimas de desapariciones o violaciones de derechos humanos?

«Centenares, quizás miles, no sé exactamente cuántas. En un tiempo recibíamos en el diario quince personas por día, algunas veces más. Con Andrew Graham-Yool descubrimos que estaban ocurriendo cantidad de cosas que no se publicaban en los diarios, porque la gente estaba demasiado atemorizada como para informar. Un matrimonio inglés vino a yerme. Me contaban que habían sido secuestrados y me dieron los detalles. Me dediqué entonces a investigar como periodista la mayor cantidad de casos que pude, y descubrí que en todos aquellos secuestros existía un mismo patrón, pero la situación no permitía publicar algo así en la Argentina. Traté entonces de dar una alarma sobre ello, escribiendo en el diario norteamericano The Washington Post.

¿Existía alguna directiva del gobierno a la prensa sobre la forma de tratar este tema?

Poco tiempo del golpe de estado escribí una editorial que decía que, después del desastre de Isabel Perón, era quizás irónico que a través de una dictadura finalmente se pudiera llegar a una democracia. Recibimos entonces una llamada telefónica, donde se nos indicó que no debíamos publicar información relacionada con las desapariciones, descubrimiento de cadáveres, enfrentamientos armados con grupos subversivos o cualquier otro delito relacionado con la subversión, si no recibíamos información oficial. Como no podíamos aceptar esa exigencia a través de una llamada telefónica, sino al menos por escrito, Graham-Yool, jefe de redacción del diario, fue a la Secretaría de Información Pública y volvió con un papel de muy baja calidad, sin membrete y sin ninguna identificación, ni siquiera firma, donde se repetía literalmente el mensaje telefónico. Al día siguiente lo informamos a los lectores. Creo que La Prensa tomó la misma actitud.
Este acto de censura era una respuesta directa al hecho de que habían comenzado a aparecer grandes cantidades de cuerpos en los ríos, o a los costados de los caminos, y nosotros, al igual que otros diarios, estábamos informando de todo éso. Pensábamos que teníamos que hacer lo que estuviera dentro de nuestras posibilidades para decir a nuestros lectores por lo menos parte de lo que estaba pasando. Debido a nuestra confianza en el sistema legal argentino y como protección a esta barbarie, pedíamos a las personas que acudían a nosotros buscando a sus familiares desaparecidos, que trajeran como confirmación oficial un recurso de habeas corpus presentado ante los tribunales, antes de publicar la noticia de su desaparición.
Durante el Mundial de Fútbol (1978), me llamaron de Casa de Gobierno. El secretario de Información Pública (un almirante, no recuerdo su nombre), estaba furioso porque habíamos publicado en primera plana un artículo sobre la desaparición de Raúl Delgado y de otros periodistas. El gobierno acababa de suprimir una ley que denominábamos la “Ley López Rega”, que prohibía reproducir toda información sobre la Argentina que proviniera del exterior. Y el almirante me reclamaba cómo podíamos publicar un informe sobre la desaparición de Delgado y los otros periodistas cuando, desde su punto de vista, el gobierno acabada de restaurar la libertad de prensa, al revocar esa ley. Todas estas cosas se manejaban de manera muy sutil.
Las amenazas contra mi hijo Peter, de diez años de edad, se produjeron después de muchísimas amenazas en mi contra y algunas contra mi esposa, pero esto fue la gota que rebalsó el vaso. Era una carta manuscrita en un papel que llevaba el membrete de los Montoneros. Ese tipo de amenazas, enviadas a muchos periodistas, siempre con el membrete de Montoneros, eran algo completamente familiar para mí. Cuando mi hijo recibió esta última amenaza, Máximo Gainza* vino a verme muy preocupado, porque su hijo y mi hijo estaban en el mismo colegio, y me mostró una amenaza prácticamente igual a las que yo estaba recibiendo hace un año y medio. Gainza me contó entonces que uno de sus periodistas había visto cuando se escribían estas amenazas en la central de la SIDE.
El general Martínez que en ese momento estaba al frente de la SIDE me escribió una carta, días después, donde se quejaba por una referencia que yo hacía en un artículo que escribí para la revista Newsweek, dando detalles de la amenaza contra mi hijo. Me decía en esa carta que había hablado con Gainza y que éste negaba haberme dicho que uno de sus periodistas hubiera visto que esas falsas amenazas eran escritas en la SIDE. Pero Gainza me aseguró dos veces que nunca había hablado con el general Martínez de este tema y me confjrmó además que uno de sus periodistas le dijo haber visto cómo se escribían esas falsas amenazas de Montoneros, que tampoco eran amenazas, sino cosas así: “Estimado señor Cox, una vez que hayamos logrado nuestra victoria, recordaremos su valiente lucha en favor de los derechos humanos”.


* Máximo Gainza era director y propietario del diario La Prensa de Buenos Aires.



HOSPITAL DE VETERANOS



Paulina Vinderman (1944) es, en mi opinión, una de las grandes poetas de Buenos Aires. Hospital de veteranos (2006) se presenta como el último libro de una producción singular y notable, que se inició en 1978 con Los espejos y los puentes.
Van algunos poemas. Que los disfruten.


Pisadas sobre el vidrio

                                8
La región espera la lluvia como yo el poema,
los árboles deformes como orejas deformes,
las bocas ávidas como perfectos copones de bronce.
El calor como un techo demasiado bajo,
la postergación como emblema.
Me siento a mis anchas, yo también, a esperar.
Nadie sabe que danzo como una loba vieja
sobre una terraza que arde.
Que recuerdo los bosques y colmillos filosos de mi vida
en la rogativa.
Cuando, al fin, las gotas empiezan a caer
sobre los baldes y las ilusiones, corro a atrapar
las palabras que el cielo envía:
pobres pájaros que enjaulo sin misericordia.

                                 10
La única poesía que ilumina es la que arde
y ningún mar será más extenso que mi imaginación.
Pero los sauces llorones se inclinan demasiado
(para mi orgullo) ante un sol despótico
y no puedo dejar incendiarse a mi soledad
sin poner en peligro al bosquecito cercano.
Finjo la serenidad que nunca tendré, el reposo
que jamás encontraré.
Y lo hago bien, más que bien: una parodia
esmerada a las puertas del cielo.
Soy un árbol clásico, de los que dibujaba
en mi cuaderno, esos de tronco oscuro, que
no se doblegan fácilmente y no conocen el dolor
de la palabra árbol.

                                   25
Me he vuelto tan delgada como mi sombra
e igual de salvaje
(nunca fui un país guarnecido).
El aire viaja por mundos demasiado antiguos
para mis ojos.
Capa por capa, aprendo a deslizar mis dedos
sobre los objetos cercanos
con la ternura de una arqueóloga.
La oportunidad de ver el sello de la luna
en una vasija muda,
de llenar los vacíos de interpretación
de acuerdo a las premoniciones del alba:
esa luz indecisa donde todo es posible.
Hasta recomenzar.

Hospital de veteranos

                            3
El gato asoma por detrás de la tapia
entre los vidrios rotos.
Se eleva sobre la marejada de la memoria,
girando en el oscuro verano, cortando
los tallos que me sujetan a la tierra.
Sé que mi tibieza no le es suficiente, hay
demasiado miedo en nuestros pelajes revueltos.
Y en nuestro esfuerzo por vivir, no
queda tiempo para lunaciones.
Sólo una mirada celebratoria, un enlace
sin traducción bajo una luz perfecta.
Los vidrios parecen hierbas a la distancia
y el raído saco de hilo que me cubre,
azúcar sucia.
Nos iremos de inmediato a nuestros asuntos
por detrás de la vida,
como si ella fuera la tapia, o un telón suntuoso
(tierra de nadie entre bastidores).
 

                                  9
Una pobreza luminosa nos une otra vez,
como en la infancia.
pero ésta será la última canción.
¿Recordaré la letra cuando nos hayamos ido?
El olvido es una traición dulcísima
que no lastima tanto como una muerte.

Por ahora distribuyo los tesoros
en un espacio neutral: una servilleta a cuadros
y un marco para la foto de mamá, bella con su fe
y su collar prestados.
Ah, "si yo fuera el invierno mismo",
encendería fogatas diminutas en el corredor,
estrellas muertas que se asocien a este universo
de falla, de necesidad.


martes, febrero 27, 2007

CANCIONES NO URGENTES



En este mismo sitio confesé que vengo haciendo canciones desde hace un tiempo.
Ahora que descubrí, gracias al amigo Alejandro Méndez, la tecnología adecuada para subir archivos sonoros a las páginas de internet, me he atrevido a colgar viejas canciones que nunca fueron grabadas profesionalmente.

Pueden leer las letras y escuchar los demos en un nuevo blog que se llama Canciones no urgentes.

La dirección exacta es http://cancionesnourgentes.blogspot.com/

Pero también pueden ir haciendo clik en este botón: [blog]

Están cordialmente invitados.

CJA

ANTOLOGÍA PERSONAL (recitada)




La misma antología que ustedes han podido leer aquí, ahora pueden escucharla en la voz de su autor

 

[antología recitada]

DOÑA UBENZA II



Ahora pueden escuchar la versión de Doña Ubenza a la que me refería en este artículo, publicado originalmente en el diario El Tribuno.

[archivo sonoro]

SOBRE EL CANTO Y LA COPLA II


con Eulogia Tapia y Gregorio Velázquez en La Poma (mayo de 2005)

Los poemas que aparecen en esta entrada están dedicados a Eulogia Tapia.

Aquí pueden escucharla a ella copleando.


[archivo sonoro]

LAS VOCES DE KIEPJA


Con Osvaldo Bayer y Susana Cella durante la presentación de Nadie enduela su voz... en la Biblioteca Nacional (octubre de 2003)

Mencioné anteriormente que mi último libro de poemas, Nadie enduela su voz como plegaria, podría considerarse un ejemplo de poesía antropológica.
Lo que van a leer ahora forma parte de ese trabajo. Son versiones personales de los cantos de Lola Kiepja, chamán selk`nam a la que la antropóloga Anne Chapman grabó en 1966: sus grabaciones hicieron posible que Lola fuera considerada, por algunos antólogos, como un antecedente de la actual poesía patagónica.

Además de leer los poemas, ustedes pueden escuchar un fragmento de los cantos chamánicos.

[archivo sonoro]



1
Aquí
soledad
sentada.
Hacia la casa del hain:
la muerte.

2
Sonido de lluvia
golpeteando una tumba en Río Grande.

3
Lola aprendiz
en el hain de su memoria.
Mujer en cordillera. El infinito.

4
Chamán destruye el mundo.
Vocales agudas festejan los escombros.

5
Luna. Eclipse. Venganza.
¿De quién será la muerte
que se inicia?


6
Poder chamánico de Nonen.
En el disco se fríen los recuerdos.


7
Otro Nonen que canta.
Taladra las encías
la vocal que se entona.


8
Perdida.
Huella que habla.
Lola en el viento.

9
El poder del chamán.
Palabra filosa. Torbellino.

10
Mujer chamán:
la cura del relámpago que incendia.

11
Lola calienta su voz.
Mantas tibias
en las rodillas de su canto.


12
Matar.
Sacarle para sangre todo eso.


13
El canto de Lola se tensa.
Su flecha atraviesa al homicida.


14
¿La esperanza?:

un canario devorando al silencio.


15
Un rayo. La muerte.
El poder de los difuntos.


17
Tael, Yinyamen, Minkiol,
Kausel, Mai-ich, Tilshik.
Las voces de los muertos
en la boca de Lola.


29
Canción de la ballena:
alimenta su lámpara el aceite
y enciende una luz con la garganta.



30
En caso de nevada corta el cielo,
despelleja las nubes con su canto.


36
Letanía por los muertos:
padre
             hijos
madre
            hijos
Lola.


45
En la cuna del canto el niño duerme.
El ataúd se mece en la vigilia.


      [los números de los poemas corresponden a los números de los cantos de Kiepja]

BUSTRIAZO RECITANDO


El maestro Juan Carlos Bustriazo Ortiz recitando un fragmento de este poema de su Libro del Ghenpín:
                                                                 [recitado]

esquirla suelta de la sombra de la sonadura de la papa de

las manos de la bruja




la bruja pela papas bulla y bulla

será verdad? Brujalabrujapela

monda su piel su cáscara sonámbula

su triste cascarilla marronienta

la bruja pela papas quién dijera

quién lamirara