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domingo, diciembre 14, 2014

MUDANZA

Mudanza


Me cubro con la promesa:
eso es el futuro, una promesa que protege.
Si no tuviera esta pequeña certidumbre
ya estaría cayendo por el cerro,
lastimándome con las espinas,
desembozado en la sangre del cardón.

¿Cómo se sostiene el alma
en este desequilibrio?

Doy un pasito por la cuerda,
a ver si arribo al otro lado,
ahí donde el consuelo es gratis.
Pero el agua ejerce su chantaje:
por culpa del agua me acurruco en el futuro
y veo impaciente cómo no pasa el tiempo:
esa falta de sincronía entre el esperar y el transcurrir
a la que algunos llaman “eternidad”.

Cuando llegue el camión para buscar despojos
(“mudanza” le dicen)
el agua subirá e inundará los cerros.
Pero la cuerda permanecerá, y por ahí
escaparemos con destino al futuro.

Llegará el día en que la promesa rescatará mi sangre.

La eternidad no sumará en la cuenta.

Sólo tu voz dará su veredicto.

Tu voz:
canoa por el aire,

abrigo de mis penas,


origen y final de esta aventura.

(de "Piedra al pecho", Valparaíso, España, 2013) 

Mientras muere martirizada (Canción para la tierra)


domingo, octubre 05, 2014

LAS VISITAS DE SIEMPRE


El martes 28 de octubre, a las 19:30, voy a estar presentando este libro en la Sala Solidaridad del Centro Cultural de la Cooperación. Muy contento con las palabras de estos queridos Maestros, que acompañan desde la contratapa:

Las visitas de siempre obliga al lector a hacer un camino: el que traza la escritura de Carlos Aldazábal, como siempre hace la poesía verdadera, entre la oscuridad  y la luz, lo íntimo y lo público, lo mítico y lo histórico. Bajo este título, jalonados por la música y las imágenes reverberantes que no ocultan que el poeta alguna vez quiso “ser como Quevedo”,  van apareciendo la infancia, la muerte, el origen, el amor con sus diversos nombres, el miedo,  la literatura como un destino. Todo con palabras que luchan contra la domesticación de la lengua, que buscan una conexión íntima entre el que las pronuncia y el tiempo que le tocó vivir.


donde la poesía rearma los restos, donde reconstruye el mundo, allí, entre una y otra orilla, entre el silencio y la palabra, allí, en ese comienzo donde la piedra es verbo... ¿Nos atreveremos a nacer? El poeta nos tiende su libro como una mano abierta…


Madurez de la poesía, incandescencia del poema. 


Palabras con las que Juárez Aldazábal se ha puesto a develar qué hay detrás de las palabras.




Debo estudiar francés

Olga Orozco preparó un arrollado
   bañado en chocolate
y vino Miroslav, que es cocinero,
        a la hora del té.

También estaba yo, poeta inédito
  incapaz del francés y el galicismo.

El rito comenzó con la vajilla.
“Leeré en el futuro las llaves del abismo
para saber qué puertas nos tocarán en suerte.
Qué casas cruzaremos, qué portal venturoso,
que llanto inagotable hablará en las gargantas”.

No recuerdo el pronóstico.
Pero sí su paciencia,
la mágica infusión de su voz poderosa.
Y el “estudie francés” imperativo
               que siempre descarté.

El domingo pasado tuvimos otro encuentro.
Pero estaba en La Pampa:
un museo de infancia que ahora es Olga.

Ahí viven sus libros (incluyéndome a mí),
y sus plantas, sus piedras.
Y además Berenice maúlla en tono bajo
              profiriendo ladridos.

Ella se preocupó por explicarme
                      (esta vez sin rodeos)
cómo la muerte juega en los jardines
y los portones crujen
cuando suenan pavanas y milongas.

Y el llanto comenzó como gotera,
y no quiso parar hasta vaciarme
el poco mineral que hay en mis huesos.

Olga me consoló con galletitas y un pocillo de mate.

El llanto no cesó.

Aunque leo francés no puedo hablarlo
  y no puedo nombrar

                      con esta boca

                       en este mundo

    desde esta pena.

lunes, septiembre 01, 2014

lunes, marzo 24, 2014

24 DE MARZO DE 1976: DOS POEMAS



1976

"...quedó convertida en morada de
demonios y guarida de todo
espíritu inmundo..."

Apocalipsis; 18, 2.

Ciudad polimorfa
de cristales molidos
Buenos Aires descendió
al momento en que las metrallas
escribían poemas con madera
y las devoradoras de hombres
abrían las persianas de sus piernas
a la visita violenta de los torturadores
para darles té, un poco de amor
y la escupida divina
sobre la moral babilónica
contorsionada de espanto.

(escrito en 1992; inédito)


LA NIETA DEL GENERAL

Que está bien la muerte
la guerra
está bien.
La Santa Iglesia apoya
y está bien
porque
primero ellos
porque
las bombas ellos
porque
abuelito dijo...

La nieta del general reza,
intenta lavar la sangre de la historia.

El secuestro
ellos
la tortura
ellos
y nosotros la patria
la santidad
el cirio.
Que está bien la muerte.

La nieta del general se persigna
y la luna,
la luna de los onas, de los selk´nam,
la luna de los cuerpos mutilados,
le escupe un aguacero
marcándole la puerta
para que el ángel bueno
realice la venganza.

(de Nadie enduela su voz como plegaria)

miércoles, enero 15, 2014

JUAN GELMAN VISITA RÍO



Y se lo vio como una aparición en los tranvías.
Su voz bajaba a esa hora exacta,
hora de sábado entreverada con la ilusión de lo eterno.

Al lado suyo una mujer custodia (ángel o dios)
le llevaba el calor de la garganta
“Afinadito así”, le iba diciendo,
señalando un pájaro, cuyo canto sobresalía 
sobre micos y loros.

Entonces empezó el concierto
por los barrancos que daban al mar:
“Esa mujer se parecía a la palabra nunca”, leía,
y las garotas aplaudían desde las playas
mientras las olas arremetían con furor festivo
y no quedaba estatua de poeta en pie
ni sambódromo arreglado para los estruendos.

Era un zorzal, una calandria, un cardenal copetudo.
Era un bandoneón en el mediodía de los barcos,
en el puente de Niteroi, sobre los roquedales con pescadores.

El sol quemaba las páginas del libro.
Yo no podía parpadear, enceguecido por la música.

El Cristo del Corcovado aplaudió sobre mi cabeza justo cuando él decía:

“Y el sapo de Stanley Hook se quedó solo”.

(Hasta siempre, Poeta de verdad)

martes, septiembre 03, 2013

Premio Alhambra de Poesía Americana. Una aproximación a "Piedra al Pecho"

 Nota publicada originalmente en www.espaciojuanlortiz.com.ar

La crítica y narradora argentina Ana María Ramb, Premio Casa de las Américas 1975, nos propone su lectura de Piedra al pecho, de Carlos J. Aldazábal, libro ganador del II Premio Alhambra de Poesía Americana, que acaba de ser publicado por la editorial española Valparaíso.

En una primera y prejuiciosa visión, la piedra puede parecer un objeto de ruda hostilidad a toda empresa poética. Y, sin embargo,  la piedra, ésa  que “ya no siente” como dijera Rubén Darío, puede ser también objeto poético. Carlos J. Aldazábal se atreve a este abordaje en su último libro, Piedra al pecho,Premio Alhambra de Poesía Americana 2013. Lo hace a partir de dos acápites, citas escogidas de poetas insignes: la del peruano César Vallejo: Hasta el día en que vuelva, de esta piedra / nacerá mi talón definitivo, y la del chileno Gonzalo Rojas: En cuanto a la imaginación de las piedras casi todo lo de carácter / copioso es poco fidedigno: / de lejos su preñez animal es otra, / coetáneas de las altísimas no vienen las estrellas, / su naturaleza no es alquimia sino música, / pocas son palomas, casi todas son bailarinas, de ahí su encanto. 
El objeto elegido, ya investido de sus poderes, está presente en el título del poemario de Aldazábal;  la piedra inicial que da en el pecho es el amor, el amor que golpea sin reverencia ni piedad:
(…) Pisándonos de cerca sin saber quiénes fuimos,
y  tiritar, y rechinar de dientes,
el insobornable portero de las ruinas,
el sudor sin pan,
la sombra sin luz,
el espejo sin rostro.
(…)
En el poema “Piedra”, el autor define: 
No hay raíz mineral para el desamparo. Cuando escucho el canto de una copla la memoria tiembla y reconoce. Viene del aire, sin raíz.  Y es una liviandad imperdonable.
Y en “Lluvia”:
(…) Lluvia y río. Agua y tiempo. El tiempo que todo lo termina. El tiempo que pasa como agua, pero que no acaricia no consuela. El tiempo que me moja. / Golpeando contra mi cabeza el tiempo amontona sus piedras. (… )
La poesía es piedra que corre, trashumante, que no se detiene para que el musgo crezca en su superficie. En “Mientras su guitarra suena gentilmente” se adivina que lo cardinal está en el canto rodado, el canto que echa a rodar el grillo; al principio, con una retahíla infantil, y después, sin solución de continuidad, en anáfora existencial:
La ciudad despierta al asombro de una guitarra que
suena como un grillo,
de un grillo que suena como un canto.
de un canto que suena como aullido
incapaz de sacudir los cimientos del miedo:
miedo por lo que el mundo ha sido.
miedo por lo que el mundo  es,
miedo por el que será sin esperanzas.
 
Y el grillo está cantando en tu ventana,
solitario y gentil, perdido en la molienda.  
 
 AMRamb02No hay duda de que todo auténtico poeta es hijo de su tiempo. EnPiedra al pecho palpita la solidaridad del autor con el sufrimiento del ser humano, en una borradura de límites entre la reflexión intimista, ensimismada, y la apelación al diálogo con el virtual lector, o con un hablante desdoblado que comparte con el poeta el mismo momento histórico.  Es la piedra que quiere, como decía Miguel Hernández, saltar del corazón al mundo.  En particular, hay en este libro dos poemas donde se funden las vivencias personales del hombre con la realidad social en que el artista se mueve; dos poemas que a los argentinos nos interpelan desde heridas aún en carne viva. Uno es “La jubilada”,  donde…
 Toda huesito jugando a la payana, 
acurrucada en la luz, narrando sus historias (…)  
Ella es la muerte. La muerte de Maximiliano Kosteki, Darío Santillán y Mariano Ferreyra, militantes de causas populares masacrados por la represión policial, a quienes estos versos se dedican in memóriam.  El otro poema es “Extravío”; éste, un tributo a las Madres de Plaza de Mayo. Encontraremos en sus versos finales:
La memoria, traslúcida, ahora transformada en un pañuelo que nos calma los ojos, para que no duela lo perdido.
Pablo Neruda fue un hombre que hizo celebración de la vida. La práctica política y el amor no fueron sus únicas pasiones. Supo cantar también a los placeres de la mesa, y su “Oda al tomate” es bien conocida y celebrada.  Carlos Aldazábal canta a la “Sopa”:
(…) No  se trata de sopa, solamente.
Se trata de saber en qué momento se lavarán los platos
o cuándo cantarán las ollas sus salmos domésticos, esa forma de la profecía
 que de tan cotidiana se nos vuelve invisible.

El fútbol –una pasión argentina de larga historia– tiene distinguidos cultores en literatura. Albert Camus, ex arquero en Argelia, confesó alguna vez que…”la pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga. Esto me ayudó mucho en la vida… Lo que más sé acerca de moral y de las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol”. El mismo Neruda fue un pionero cuando en 1923 en Crepusculario, escribió el poema “Los jugadores”. Dijo Pier Paolo Pasolini, poeta y cineasta italiano: “El goleador es siempre el mejor poeta del año”. Entre nosotros, el poeta Roberto Santoro produjo poemas futboleros de alta calidad.  Carlos Aldazábal recoge el guante y escribe en “Promesa de gol”:
De nuevo cabeceo un  córner:
mi rabia apostada en una esquina,mi corazón, extenuado de ese cuerpo,arquero de la nada.Qué ganas de putear, de decir “basta, basta”.
No me aturdan con fuegos de artificio,
no me asfixien con horcas que no aprietan.
¡Basta!
(…)
Recuerda el colombiano William Ospina:
Fue Paul Verlaine, maestro sensorial y musical de los poetas hispanoamericanos, quien escribió en su arte poética que lo importante no es el color sino el matiz, y creo que si algo nos hemos aplicado los  pueblos de este Continente es a desplegar y ahondar en los matices locales y particulares de una cultura cuyos trazos generales son cercanos.
Es difícil resistir, como lectores empedernidos,  la tentación de revelar lo no dicho, lo que está más allá de la voz.  Un aleteo, un rizoma, una afinidad próxima o remota nos inquieta e inspira. Como provincianos, lo que parece mínimo: el canto de los sapos, la palabra qoyllur (estella, en quichua), tan musical. O el paisaje muy latinoamericano, y el rescate del poeta y compositor salteño Ariel Petrocelli, creador de páginas inolvidables. Masticar llanto es lo seguro, / pero con dignidad es otra cosa, dice de él Aldazábal,  poeta de matices locales y también nuestroamericanos.
Quisiéramos descifrar todas las tradiciones, todas las fusiones que se intuyen en la producción poética de  Carlos J. Aldazábal. Pero eso equivale, tal como lo veía John Keats, a “destejer el arcoíris”. Por esa razón hemos tratado apenas, a través del goce, de espigar algunos hallazgos, para así sellar el pacto entre poeta e interlocutor. En uno de los petroglifos que cincela Aldazábal, turista de sí mismo –como él se define– encontramos grabado el nombre de otro gran poeta: Joaquín Gianuzzi, periodista también y porteño de alma y vida, que  parece haber escrito estas palabras para Piedra al pecho:
La poesía no nace.
Está allí, al alcance
de toda boca
para ser doblada, repetida, citada
total y textualmente.



Tres poemas de Piedra al Pecho

Ediciones Valparaíso, Granada (2013)

Preguntas

A Joaquín Gianuzzi
Miren los vagones de subte atestados de preguntas. La más repetida es la del tiempo: hasta cuándo, cómo, dónde acaba el recorrido.
Las ruedas chillan: una vuelta sobre el riel más otra vuelta, y la mujer que lee el diario casi apaga su conciencia en ese pedazo de papel.
¡Miren los vagones de subte atestados de preguntas! Alguien dice “hola”, alguien se despide, y el aturdimiento desespera hasta las luces, a veces constantes, a veces confundidas.
En un andén vacío un viejo está sentado. Ojos severos, tragedia de la espera, perpetua fijación en esa asfixia. Mientras el infinito se apodera del ambiente, mira los vagones de subte atestados de preguntas. Pero está cansado de las preguntas, y está cansado del tiempo. Alguien le dice “hola” y él quisiera decir “adiós”. Alguien le ofrece una esperanza y él la ignora, porque conoce muy bien el tango Desencuentro. Y permanece inmóvil a pesar del impulso. Mira las puertas del subte abrirse, y cuando las ruedas empiezan a chillar, como diciéndole “adiós”, él dice “hola”, y se va para arriba, en un ascenso glorioso.

Guacamayo

Tu máscara está pintada como un guacamayo:
eso te hace hablar más de la cuenta, y ese murmullo,
atrapado en la máscara, suele ser encantador.

A veces tu máscara alucina en la noche
como una balada irresistible entonada por hadas.
Otras veces, la presión del rojo la lleva a irradiar
un aire de vergüenza: es cuando yo acepto taparme la cara
con una bolsita de cartón, de ojos pintados y boca sonriente,
ideal para andar por una avenida transitada
sin ser percibido.

Sé que querés, pero yo no me atrevo a prestarte un espejo.
La ilusión es tan buena que aterra lo real,
como bien lo señala el verde de tu máscara.

Lo único que podría alterar tu escondite
es que tu máscara deje de ser máscara
para ser guacamayo. Y ahí te quiero ver:

vos sin máscara con una bolsita de cartón tapándote la cara,
paseando por la avenida con un guacamayo al hombro:
un aterrador efecto de realidad.

Pero por ahora tu guacamayo sigue siendo máscara
y te protege, incluso cuando caminás con ojos enamorados
y todas las bolsitas de cartón de la avenida
se dan vuelta para señalarte.

Esto es cosa sabida:

no basta un arco iris para tapar las nubes
ni una bolsita de cartón para morir
con la sonrisa en la boca.

Por ahora tu guacamayo es tu máscara,
y basta esa certeza.

Nubes

Algunas parecen sacadas de cuadros de Dalí. Otras, de un documental de National Geographic: antílopes, leones, tigres de bengala, elefantes de la India. Algunas parecen postales que he vivido: un viaje en taxi con José Luis Mangieri, poeta generoso que murió de tristeza. O un viaje hacia el Perú, con destino algo incierto: ruinas de lo que fui ambientadas por sonidos de charango.
Otras tienen afición por la imagen del cine: ahí pasa Espartaco, gladiador y rebelde, prometiendo redención para los oprimidos. Y otras más pequeñas, con voz televisiva, me muestran a un jugador de fútbol gambeteando el fastidio de que quieran cobrarnos hasta el aire.
Así las veo, llevadas por la brisa de una tarde gentil: formas caprichosas en las que reposa mi cerebro, órgano inflamado, alentado a la imaginación y al recuerdo por la complicidad de este cielo de agosto.

domingo, julio 14, 2013

Premio Alhambra de Poesía Americana. Entrevista en Diario El Tribuno

 La entrevista, realizada por Fernanda Abad, se publicó el 18 de marzo de 2013

ESPECTÁCULOS CARLOS JUÁREZ ALDAZÁBAL, SALTEÑO GANADOR DEL PREMIO ALHAMBRA DE POESÍA AMERICANA

“Aún en medio del estruendo, la poesía entona su canción”

 


El salteño Carlos Aldazábal fue reconocido la semana pasada con el Premio Alhambra de Poesía Americana, junto al mexicano Alvaro Solís. Este galardón nació con el objetivo de conectar las nuevas voces hispanoamericanas con los lectores españoles. El autor nacido en Salta fue reconocido por su libro inédito “Piedra al pecho”, que será publicado en la península ibérica y presentado en mayo. En él, Aldazábal incluye algunas elegías dedicadas a artistas que han marcado una “ética del arte”. Es el caso de Ariel Petrocelli (“Ahora que tu sueño se vuelve real/ las nubes te acunan”), Miguel Angel Pérez y Patricio Jiménez (“Así hemos quedado con tu viaje: tristes de la lluvia porque moja tus huesos”) y Jesús Ramón Vera (“No importa lo que digan./ Pronto florecerás./ Hay un pueblo que canta./ Ya estás resucitando,/ igual que el carnaval cuando es febrero”).
El Premio Alhambra no es el primer reconocimiento que recibe Aldazábal. En la cosecha del salteño figuran un Primer Premio Regional de Poesía (NOA) de la Secretaría de Cultura de la Nación y el Primer Premio del Segundo Concurso “Identidad, de las huellas a la palabra”, organizado por Abuelas de Plaza de Mayo.
El jurado ha descripto a “Piedra al pecho” como “una renovación de la poesía argentina aprovechando la altura urbana del tango en diálogo con otras tradiciones poéticas latinoamericanas como la representada por César Vallejo”.
¿Te sentís alcanzado por esta apreciación?
Es una descripción generosa que se agradece. Cuando publiqué mi segundo libro, “Por qué queremos ser Quevedo”, el crítico argentino Nicolás Rosa también habló de César Vallejo como una de mis influencias. Sin dudas que Vallejo entra en mi tradición, como en la de muchísimos poetas argentinos y latinoamericanos. Pero también es importante para mi poesía la gran tradición de la canción popular, incluidos el tango y el folclore.
¿Escribiste estos poemas pensando en este concurso, o pensaste en el concurso una vez que el poemario ya había sido gestado?
Nunca escribo pensando en un concurso. Este libro se fue armando durante varios años, y pasó por la lectura de maestros y amigos como Alberto Szpunberg, Santiago Sylvester o Leonardo Martínez. No nació como un poemario unitario, sino que lo fui escribiendo lentamente, y después, mientras seleccionaba y ordenaba los poemas, me di cuenta por dónde pasaba la unidad: la idea de la música, la idea del tiempo, la perdurabilidad y el devenir. Ciertas obsesiones recurrentes en mis libros.
¿Qué te deja particularmente este poemario?
Siempre publicar un libro abre la posibilidad de iniciar un nuevo proceso de escritura, que quizá sea el mismo, pero esa sensación de punto final crea la ilusión de que uno se ha liberado de un peso, de una piedra urgente que cantaba. Pero irremediablemente ocurre que después, como en el fútbol, el pase vuelve y hay que parar el balón poniendo el pecho.
Tengo entendido que “Piedra al pecho” incluye varias elegías. ¿A quiénes y por qué?
Hay varios homenajes. A Ariel Petrocelli, Miguel Angel Pérez, Patricio Jiménez, Ramón Vera, Joaquín Gianuzzi, admirados artistas que son de Salta o tuvieron que ver fuertemente con la provincia y que, en mi opinión, marcan un deber ser, una ética del arte.
En Salta se ha dado un particular desgaste del término “poeta”. ¿Creés que existe una “ética del poeta” que es preciso recuperar?
La tradición de Salta (y cuando hablo de “tradición” no hablo de algo opuesto a “modernidad”, sino de ese pasado que se actualiza constantemente en el presente, incluyendo las lecturas de los mayores, que reviven en los nuevos poetas) es rigurosa y generosa al momento de proponer una ética. Hay pocas provincias en el país que tengan autores de la calidad que tenemos y tuvimos. Basta mencionar, entre los vivos, a Jacobo Regen, Santiago Sylvester o Leopoldo Castilla para advertir la responsabilidad que significa hacer poesía desde nuestra tradición. Por otra parte, la sociedad poética no es lo mismo que la poesía, y que alguien se piense poeta sin serlo es algo que a la poesía la tiene sin cuidado.
¿Quiénes son hoy tus poetas de cabecera?
Toda la vanguardia hispanoamericana, incluyendo a Lorca en el corte, son lecturas a las que vuelvo constantemente. También me gusta releer viejos poetas de Salta, poetas olvidados como Julio César Luzzatto, o referentes más cercanos, como Walter Adet. También vuelvo a Gianuzzi, Gelman, González Tuñón. Y estoy atento a toda la poesía que, de un modo u otro, se manifiesta en el mundo.
¿Crees que la poesía sea la antimateria del mercado editorial?
En Argentina, el deterioro del mercado editorial tiene que ver con procesos históricos muy concretos: la dictadura, el neoliberalismo. De a poco se va reconstruyendo, se va reparando, pero es muy difícil que nuestro país recupere el lugar que tuvo en la industria editorial hispanoamericana de las décadas del 60 y 70. Hacen falta políticas muy activas para eso. Ejemplos como la editorial estatal venezolana “El perro y la rana” podrían indicar un rumbo que beneficiaría la difusión de poesía incluso entre las clases populares.
Santiago Kovladoff escribió: “Una cultura que se ha marginado de la poesía se ha marginado de su propia esencia”. ¿Coincidís?
Es paradójico, porque mientras Kovadloff habla de “desinterés”, uno puede constatar una proliferación discursiva en las redes sociales muy enfocada en el género. Quizá el problema sea la proliferación del ruido. Pero hoy, aún en medio del estruendo, la poesía entona su canción, y lo demás no importa.